Alumnado migrante y educación: claves de otro de los retos de PISA

19 septembre 2026 - 04:33

Uno de cada cinco estudiantes de 15 años en España tiene ya origen migrante, casi el doble que hace una década. Sus resultados se sitúan unos 40 puntos por debajo de los del alumnado autóctono, pero esa brecha apenas ha variado desde 2015. PISA muestra que la diversidad no determina por sí misma el rendimiento y dirige la atención hacia la vulnerabilidad socioeconómica, las dificultades lingüísticas y los recursos educativos.

La transformación de las aulas españolas durante la última década aparece como uno de los elementos relevantes del nuevo informe PISA. En 2015, alrededor del 11% de los estudiantes de 15 años tenía origen migrante. Ahora ese porcentaje representa el 20,3%, después de aumentar un 85%. El crecimiento ha sido mucho más rápido que en el conjunto de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), donde el porcentaje ha pasado del 12% al 16,7%. España ocupa actualmente el puesto 14 entre 42 países de la OCDE o de la Unión Europea por presencia de este alumnado.

El cambio coincide con una brecha educativa considerable. Los estudiantes de origen migrante obtienen de media unos 40 puntos menos que los autóctonos en las tres competencias centrales de PISA: lectura, matemáticas y ciencias. El informe equipara esa distancia aproximadamente a dos cursos escolares. Sin embargo, los propios datos impiden concluir que la inmigración explique por sí misma los problemas educativos españoles. La diferencia apenas ha cambiado durante la última década y otros países con porcentajes similares o superiores de alumnado migrante consiguen eliminarla e incluso invertirla.

  1. Uno de cada cinco estudiantes tiene origen migrante

El cambio cuantitativo es muy significativo. En apenas una década, el peso del alumnado de origen migrante ha pasado de aproximadamente uno de cada diez estudiantes a uno de cada cinco. El aumento español supera ampliamente el registrado en el conjunto de las economías desarrolladas. Mientras España ha pasado del 11% al 20,3%, el promedio de la OCDE ha crecido algo menos de cinco puntos, hasta situarse en el 16,7%. La transformación plantea nuevas necesidades a un sistema educativo que debe escolarizar a una población considerablemente más diversa que la de hace diez años.

La categoría utilizada por PISA requiere una precisión importante. El informe considera alumnado migrante tanto al de primera generación como al de segunda, entendiendo por este último a los estudiantes cuyos dos progenitores nacieron fuera del país donde realizan la prueba. Por tanto, no se trata exclusivamente de adolescentes que hayan llegado recientemente a España. Una parte ha nacido o se ha escolarizado durante años en el país. Esa definición permite analizar el impacto de los antecedentes migratorios, pero impide identificar automáticamente origen migrante con incorporación tardía al sistema educativo o desconocimiento de la lengua. 

  1. La brecha equivale a dos cursos, pero apenas ha cambiado

La diferencia de rendimiento existe y es elevada. El alumnado de origen migrante obtiene unos 40 puntos menos que el autóctono cuando se calcula conjuntamente su desempeño en lectura, matemáticas y ciencias. PISA estima que esa distancia equivale aproximadamente a dos cursos escolares. La comparación sirve para expresar la magnitud de la brecha, aunque no significa que todos estos estudiantes tengan literalmente conocimientos correspondientes a alumnos dos años menores. Se trata de una equivalencia estadística construida a partir de las diferencias de puntuación obtenidas en las pruebas.

El dato más significativo para interpretar su evolución es otro. En 2015, la distancia era incluso 2,7 puntos superior. Por tanto, mientras el porcentaje de alumnado de origen migrante casi se ha duplicado, su desventaja respecto al autóctono no ha aumentado. Esto obliga a separar dos fenómenos distintos. España tiene ahora muchos más estudiantes con antecedentes migratorios, pero ese colectivo no se ha ido alejando progresivamente del resto en sus resultados. El desafío consiste en una brecha persistente que afecta actualmente a una proporción mucho mayor del conjunto del alumnado. 

  1. Ser migrante no determina el rendimiento educativo

La comparación internacional impide establecer una relación automática entre inmigración y peores resultados. De los 13 países de la OCDE o la Unión Europea con una proporción de alumnado migrante superior a la española, en ocho estos estudiantes igualan o superan a los autóctonos en al menos una de las tres pruebas. Australia y Nueva Zelanda ofrecen un resultado todavía más llamativo. Allí, los estudiantes de origen migrante aventajan en aproximadamente un curso en matemáticas a sus compañeros autóctonos.

Irlanda constituye una referencia especialmente interesante para España. El 23,1% de sus estudiantes tiene origen migrante, una proporción ligeramente superior a la española, y el país se encuentra entre los que obtienen mejores resultados en PISA. Sin embargo, allí no existen diferencias estadísticamente significativas entre el rendimiento del alumnado migrante y el autóctono. La comparación muestra que una presencia elevada de estudiantes procedentes de la inmigración es compatible con buenos resultados generales y con una brecha muy reducida. La calidad del sistema educativo y los recursos destinados a la incorporación de estos alumnos forman parte de las variables que PISA señala para explicar las diferencias.

  1. El origen social y la lengua también condicionan los resultados

PISA advierte de que la condición migrante suele coincidir con otros factores de vulnerabilidad, especialmente los socioeconómicos. El rendimiento escolar no depende únicamente del lugar de nacimiento de los estudiantes o de sus familias. Las condiciones económicas del hogar, el nivel educativo de los progenitores y las características del sistema que recibe a los alumnos intervienen también en sus resultados. A ello se añade la situación lingüística cuando el idioma utilizado habitualmente en casa es diferente del empleado en la escuela, una dificultad que puede ser particularmente relevante durante los procesos de incorporación.

También existen diferencias importantes en la composición de los flujos migratorios. Entre los principales países de origen de la población extranjera residente en España aparecen Marruecos, Colombia y Rumanía. En Irlanda destacan Polonia, Reino Unido y Lituania. PISA señala que la composición de la inmigración está relacionada con factores como la estructura productiva y los trabajadores que demanda cada economía, la geografía, los vínculos culturales o la legislación. España cuenta además con la ventaja de recibir una parte importante de su inmigración de países iberoamericanos hispanohablantes, aunque las circunstancias lingüísticas varían entre comunidades autónomas.

  1. La transformación de las aulas exige más recursos

El rápido crecimiento del alumnado de origen migrante no ha ido acompañado, según profesores consultados y los indicadores recogidos por PISA, de un incremento equivalente de los recursos educativos. Las carencias afectan al conjunto del sistema, pero adquieren especial importancia cuando los centros deben atender simultáneamente dificultades socioeconómicas, necesidades lingüísticas y procesos de incorporación de nuevos estudiantes. La capacidad para ofrecer refuerzo, orientación y atención individualizada condiciona las posibilidades de evitar que esas circunstancias terminen convirtiéndose en desventajas educativas permanentes.

Los datos sobre personal reflejan la magnitud del problema. El 49% de los directores españoles considera que en su centro faltan docentes, diez puntos por encima del promedio de la OCDE. La distancia es todavía mayor cuando se pregunta por otros profesionales de apoyo. El 72% de los directores españoles denuncia carencias de este personal, frente al 39% en el conjunto de la organización. En una década en la que el alumnado de origen migrante ha pasado del 11% al 20,3%, estas limitaciones afectan a la capacidad de los centros para responder a una transformación cada vez más visible de las aulas.

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