Barbra Streisand recordó a Robert Redford con palabras sencillas y emotivas tras su fallecimiento a los 89 años. La memoria de The Way We Were (1973) volvió a brillar como testimonio de una época y de una complicidad artística que marcó a generaciones.
Robert Redford murió el 16 de septiembre de 2025, dejando tras de sí una obra monumental en el cine y la memoria de Hollywood. Actor, director y activista, su carrera atravesó seis décadas y dio vida a personajes que se convirtieron en emblemas de una época: el pistolero elegante de Butch Cassidy and the Sundance Kid, el periodista incisivo de Todos los hombres del presidente, el millonario melancólico de El gran Gatsby.
Barbra Streisand, compañera de reparto en The Way We Were —titulada en español Nuestros años felices—, fue una de las primeras en despedirlo. “Trabajar contigo fue emocionante, intenso y una pura alegría”, escribió en un tributo difundido por redes sociales. No había necesidad de grandes discursos. En su brevedad, las palabras contenían el peso de una amistad artística que el público asoció para siempre con una de las historias de amor más recordadas del cine de los setenta.
La película de 1973, dirigida por Sydney Pollack, unió a dos figuras de mundos distintos. Streisand era ya la diva de voz inconfundible, símbolo de una sensibilidad judía y neoyorquina que se proyectaba en la gran pantalla. Redford, el rubio impecable del medio oeste, encarnaba la serenidad y el encanto clásico. En pantalla, sus personajes parecían condenados a no entenderse del todo, atrapados entre pasiones políticas y diferencias personales. Sin embargo, esa tensión produjo una de las parejas cinematográficas más memorables de la historia reciente.
La canción de Marvin Hamlisch y Alan Bergman, interpretada por Streisand, cerró la película y se instaló en el imaginario colectivo como un himno a la nostalgia. Escucharla era, y sigue siendo, revivir un tiempo en que el cine hablaba de amores imposibles sin renunciar al trasfondo político de una sociedad convulsionada.
En su mensaje de despedida, Streisand subrayó también que en su último encuentro hablaron de arte y compartieron dibujos. El detalle es revelador. Redford fue mucho más que un actor de rostro perfecto: fue un creador que supo transformar el cine independiente a través del festival de Sundance, un espacio que abrió camino a nuevas voces y miradas. Su amistad con Streisand no se limitó a la memoria de un rodaje, sino que se extendió a la sensibilidad compartida de quienes entienden el arte como un modo de vida.
La noticia de su muerte reaviva preguntas sobre la memoria cultural. ¿Qué permanece cuando los íconos se van? En el caso de Redford, queda la certeza de que su legado no se mide solo en películas taquilleras, sino en la coherencia de un artista que supo usar su prestigio para abrir espacios a otros. Para América Latina, su influencia llegó también a través de Sundance, donde cineastas de la región encontraron un escaparate internacional que ayudó a consolidar sus carreras.
Streisand lo despidió con discreción, sin lágrimas televisadas ni homenajes rimbombantes. Esa sobriedad es coherente con el estilo del propio Redford, alejado siempre del escándalo y más interesado en dejar que su trabajo hablara por él. La memoria compartida de The Way We Were ofrece una clave: el cine no es solo industria ni espectáculo, sino también un espacio de vínculos humanos que, cuando son auténticos, resisten el paso del tiempo.
En tiempos de consumo rápido y olvido veloz, recordar a Redford a través de la voz de Streisand es recordar también que la amistad y el arte se entrelazan en la creación de lo que llamamos cultura. “Nuestros años felices” no son solo los de una película. Son los de una generación que supo mirar el cine como espejo y refugio. Y al despedir a Redford, también despedimos una parte de ese mundo que aún nos sigue conmoviendo.