Un estudio global con datos de tres décadas advierte que las principales rutas migratorias de tiburones coinciden con zonas de pesca industrial, tráfico marítimo y contaminación. Investigadores piden acciones más allá de las áreas protegidas.
Los tiburones atraviesan océanos enteros para alimentarse, reproducirse y mantener el equilibrio de los ecosistemas marinos. Sin embargo, esas rutas esenciales para su supervivencia están plagadas de amenazas. Así lo revela un estudio sin precedentes, difundido en el marco del Día Mundial de los Tiburones, que se conmemora hoy en todo el planeta.
Se trata del proyecto MegaMove, liderado por un consorcio internacional de casi 400 científicos de más de 50 países, que durante 30 años rastreó los movimientos de 111 especies de megafauna marina, incluidos tiburones martillo, tigre y sedoso. La investigación, publicada en junio en la revista Science, ofrece la base de datos más amplia jamás recopilada sobre desplazamientos de animales marinos.
La principal conclusión: las rutas migratorias de estas especies se superponen peligrosamente con actividades humanas intensivas, como la pesca industrial, el transporte marítimo, el aumento de la temperatura del mar y la contaminación por plásticos. Según los autores, las actuales áreas marinas protegidas no son suficientes, ya que muchos tiburones deben salir de esos espacios regulados para completar su ciclo vital.
“Debemos mirar más allá de nuestros sitios de estudio si queremos proteger especies que son altamente migratorias”, advirtió el biólogo Alex Hearn, profesor de la Universidad San Francisco de Quito (USFQ) y uno de los científicos que participó en el proyecto. Su trabajo se centró en el Pacífico Este Tropical, una región clave que incluye las islas Galápagos, zona de alta biodiversidad pero también de creciente presión humana.
En diálogo con Mongabay Latam, Hearn explicó que el estudio identificó puntos críticos en los que las rutas de tiburones, tortugas, rayas y ballenas se cruzan con zonas de alto impacto humano. “Las protecciones actuales son insuficientes”, afirmó. “Se necesitan nuevas estrategias: modificar las artes de pesca, crear corredores migratorios, controlar las rutas de navegación y aplicar regulaciones en altamar”.
Los investigadores coinciden en que la meta de proteger el 30 % de los océanos para 2030, establecida en el Marco Global de Biodiversidad de Kunming-Montreal, es un paso importante pero insuficiente si no se modifican las conductas humanas fuera de las áreas protegidas.
En Latinoamérica, la situación es especialmente preocupante. Muchas especies de tiburones, como el martillo o el sedoso, se encuentran en estado vulnerable o en peligro debido a la sobrepesca, la pesca incidental, el comercio ilegal de aletas y la falta de fiscalización. A esto se suman la escasa conciencia pública y los estereotipos negativos que aún pesan sobre estos animales.
Pese a su mala fama, los tiburones cumplen funciones ecológicas fundamentales: como depredadores tope, mantienen sanas las poblaciones marinas, regulan el comportamiento de otras especies y protegen la biodiversidad en arrecifes y plataformas continentales.
Por eso, en este Día Mundial de los Tiburones, la comunidad científica busca celebrar su existencia y, al mismo tiempo, exigir acciones concretas para su protección efectiva. Su desaparición pondría en riesgo la salud de los océanos y, con ella, el futuro del planeta.