El presidente argentino eligió Paraguay para mostrar, desde el escenario de la CPAC, que su proyecto político se reconoce parte de la red radical que encabezan Trump y Bolsonaro. El escenario elegido, un hotel de Asunción repleto de dirigentes y militantes, le permitió rendir homenaje a Charlie Kirk, el activista estadounidense asesinado días atrás en Utah, y al mismo tiempo pronunciar un discurso de combate contra las “terceras vías” que, según él, encubren al socialismo. El gesto confirma la estrategia internacional de un presidente argentino que busca en foros afines un respaldo que escasea en casa.
El homenaje a Kirk resultó el punto de partida para un relato cargado de épica. Milei habló de un clima político enrarecido donde la defensa de las ideas liberales se asocia a riesgos personales. Recordó atentados sufridos por Trump, Bolsonaro y dirigentes colombianos, e incluyó un episodio reciente en el que fue atacado en Buenos Aires con adoquines. Con esta secuencia se colocó dentro de una genealogía de líderes perseguidos, reforzando un tono victimista que moviliza a sus seguidores y le permite justificar su ofensiva contra el progresismo.
En Asunción, la CPAC ofreció a Milei un escenario ideal. El foro busca tejer una red continental de dirigentes convencidos de que el Estado debe achicarse al mínimo, de que el mercado encarna la verdadera libertad y de que todo acuerdo político equivale a rendición. Milei se presentó como abanderado de esta línea sin medias tintas. Su afirmación de que “cualquier opción moderada es funcional al sistema decadente” sintetiza un ideario que rechaza la negociación y convierte la política en campo de confrontación permanente.
En Argentina, el ajuste fiscal ha golpeado a jubilados, estudiantes y trabajadores de la salud, generando un descontento visible en las calles. Pese a ello, en Asunción el presidente se permitió anticipar que en 2026 habrá más gasto en esas áreas, como si las privaciones actuales fueran un peaje necesario para llegar a una prosperidad futura. Este desdoblamiento entre promesas diferidas y realidades inmediatas revela la fragilidad de su gestión, un proyecto que se sostiene más en la retórica que en resultados tangibles.
La proyección internacional funciona como válvula de escape. La CPAC le ofrece un público entusiasta y homogéneo, un espacio sin oposición visible donde puede presentarse como referente global. En ese terreno, Milei convierte su debilidad doméstica en fortaleza exterior. En Buenos Aires carga con críticas por la inflación y la corrupción, mientras que en Asunción se presenta como símbolo de resistencia frente a un enemigo difuso condensado en la palabra «socialismo».
La apuesta, sin embargo, entraña riesgos serios. Al alinearse de manera tan explícita con Trump y Bolsonaro, Milei queda atado a una red de aliados que generan recelos en buena parte de la comunidad internacional. En Europa, el trumpismo despierta cautelas y el bolsonarismo sigue asociado a episodios de violencia política. Al rechazar cualquier vínculo con sectores moderados, el presidente argentino se encierra en un círculo ideológico que le ofrece visibilidad, pero reduce sus márgenes de maniobra.
El uso de la memoria histórica refuerza ese encierro. Setenta años después del golpe que derrocó a Juan Domingo Perón, Milei recupera la consigna “Viva la libertad” como grito de guerra. Aquella consigna, que en su momento celebró la proscripción del peronismo y dio inicio a décadas de inestabilidad política, resuena hoy con una fuerza difícil de ignorar. El paralelismo sugiere que la derecha radical actual busca reescribir la historia argentina bajo un prisma que presenta al mercado absoluto como garantía de libertad y al Estado como origen de todos los males.
En este marco, la política exterior argentina se convierte en escenario de performance ideológica. El presidente utiliza los viajes y conferencias para reforzar su relato, mientras en su país la inflación erosiona salarios y la pobreza se expande. Milei se muestra ante el mundo como paladín de la libertad, aunque en su gestión diaria se multipliquen las dificultades para sostener un gobierno eficaz.
El paso por Asunción ilustra el modo en que Milei concibe su liderazgo. La política deja de ser administración de lo posible para convertirse en evangelio. La conferencia conservadora fue su púlpito y la audiencia internacional su feligresía. La pregunta que queda abierta es qué sucederá cuando regrese a la Casa Rosada y deba responder a un pueblo que, más allá de las consignas, exige soluciones concretas a problemas urgentes.