Venezuela entrena civiles ante la sombra de un eventual ataque de Estados Unidos

21 septembre 2025 - 06:49

El gobierno de Nicolás Maduro llevó a cabo ejercicios militares con participación de civiles en Caracas y otras ciudades, en un contexto marcado por amenazas de Donald Trump y un clima de tensión geopolítica en el Caribe.

En la avenida principal de Petare, un barrio popular de Caracas que hace un año fue escenario de protestas contra la reelección de Nicolás Maduro, blindados y soldados se mezclaron con grupos de voluntarios dispuestos a aprender tácticas básicas de combate. Las escenas forman parte de una estrategia que el gobierno llama “resistencia revolucionaria”, que busca involucrar a la población civil en una eventual defensa armada del país frente a una agresión externa.

El despliegue responde al aumento de la presión de Washington. Estados Unidos mantiene ocho buques de guerra en el Caribe bajo el argumento de operaciones antidroga y ha reconocido ataques contra embarcaciones en aguas próximas a Venezuela. Paralelamente, Donald Trump advirtió con “consecuencias incalculables” si Caracas se niega a aceptar la repatriación de migrantes deportados. La advertencia mezcla la cuestión humanitaria con la lógica de amenaza militar, reforzando la narrativa oficial venezolana sobre una “guerra híbrida” contra el país.

La convocatoria del ejército buscó movilizar a miles de voluntarios, aunque la respuesta fue modesta. Los talleres ofrecidos incluyeron instrucción en armas ligeras, primeros auxilios, camuflaje y formación ideológica bajo el llamado Método Táctico de Resistencia Revolucionaria. La participación, según constató la AFP, no alcanzó la magnitud esperada, pero el gesto político de llevar la instrucción a las calles cumplió un objetivo claro: mostrar una imagen de unidad entre pueblo y fuerzas armadas frente al enemigo externo.

Maduro aprovechó la ocasión para reforzar la retórica histórica. Citó al Che Guevara y evocó batallas de independencia como Boyacá, Ayacucho, Junín y Carabobo, intentando inscribir la resistencia venezolana en una tradición continental de lucha contra potencias extranjeras. Su mensaje a campesinos en Aragua fue directo: “miles o millones deben estar preparados para tomar las armas si la República es agredida”. La apelación al mito libertador se convierte así en instrumento de movilización política interna.

Más allá de la épica, los hechos revelan fragilidades. La baja convocatoria refleja un país cansado tras años de crisis económica, migración masiva y deterioro institucional. La idea de una ciudadanía armada puede servir como recurso propagandístico, pero plantea dudas sobre su eficacia militar y sobre los riesgos de una mayor violencia social. En barrios populares donde la violencia armada es cotidiana, el entrenamiento civil puede terminar difuminando las fronteras entre defensa nacional y dinámicas de control interno.

Estados Unidos, por su parte, aprovecha la coyuntura para mantener a Maduro bajo presión. Las acusaciones de vínculos con el narcotráfico, la recompensa millonaria por su captura y las operaciones navales en el Caribe forman parte de una estrategia de desgaste. La amenaza de Trump sobre los migrantes deportados introduce un factor nuevo que mezcla seguridad nacional con política migratoria, en un año donde el tema migratorio es crucial en la campaña estadounidense.

El tablero regional añade complejidad. Países vecinos como Colombia y Brasil observan con cautela, conscientes de que un conflicto abierto tendría repercusiones inmediatas. América Latina enfrenta ya múltiples tensiones, desde las migraciones masivas hasta el impacto económico de la crisis global. En este marco, el pulso entre Caracas y Washington alimenta la polarización y dificulta la búsqueda de salidas negociadas.

La jornada de entrenamiento civil en Venezuela puede parecer simbólica, pero refleja una lógica que se repite en distintos escenarios: gobiernos cuestionados recurren a la movilización militar como mecanismo de legitimación interna y como mensaje hacia el exterior. La apuesta de Maduro es mostrar que cualquier intervención tendría un costo elevado, aunque el país carezca de la fuerza para enfrentar directamente a Estados Unidos.

 Entre la retórica heroica y la realidad de la escasez, Venezuela ensaya una resistencia que busca más impacto político que capacidad bélica. El riesgo es que, en esa construcción, el país siga atrapado en un ciclo de confrontación permanente que posterga soluciones reales a la crisis que afecta a millones de venezolanos.

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