Venezuela: entre la crisis económica y la presión de Trump

28 octobre 2025 - 06:06

Nicolás Maduro ha utilizado todas las formas de lucha en su esfuerzo por retener el poder. ha eliminado cualquier vestigio de democracia e impulsó reformas económicas. Se ha servido de las criptomonedas para enfrentar las sanciones estadounidenses y con ello allanar el camino al cambio de activos financieros, tal y como lo documenta The New York Times. Economistas calculan que la tasa de inflación anual de Venezuela aumentará del 50 al 600 % este año y que el país enfrentará hiperinflación en 2026. Venezuela entrará en recesión el próximo año y se prevé que la economía se contraerá en un 3 %, según estimaciones del Fondo Monetario Internacional.

Un reportaje publicado este fin de semana por The New York Times observa la presión estadounidense sobre la nación caribeña desde el arribo de Donald Trump al poder y nota que se está extinguiendo la “efímera recuperación económica del país”.

Internamente, muchos se preparan para una nueva crisis en Venezuela, cuando la inflación ya ha alcanzado los tres dígitos, ocasionada por el endurecimiento de las sanciones estadounidenses. Lo anterior ha generado el desplome de la moneda nacional.

A una situación que es caótica desde hace años, se suman los cortes de electricidad, entre otros problemas. Tanto el gobierno, como las empresas y los ciudadanos buscan guardar dólares y reducir gastos. Todo ello está teniendo lugar cuando muchos pensaban que el pasado más oscuro de recesión económica iba quedando atrás. “En la última década, Venezuela atravesó la recesión más profunda de cualquier nación moderna fuera de una zona de guerra. Una combinación de políticas económicas desastrosas, corrupción y sanciones estadounidenses creó una hiperinflación prolongada, colapsó los servicios básicos, aumentó la desnutrición y llevó a millones de personas a emigrar para escapar de la pobreza extrema”, explica el diario estadounidense.

Maduro respondió a las crisis que ha generado combinando las formas de lucha a su alcance: represión política y eliminación de los vestigios de democracia que aún quedaban, además de implementar una reforma económica de libre mercado. Las medidas económicas permitieron estabilizar los precios, impulsar el crecimiento y hacer de la vida de los venezolanos que se quedaron en el país, al menos económicamente, una circunstancia más llevadera.

Pero en julio llegó la decisión del presidente Trump de designar al gobierno Maduro como cártel del narcotráfico. La Casa Blanca implementó una serie de medidas a nivel económico y militar que están revirtiendo la estabilidad económica que experimentaba el país sudamericano.

La apuesta desde la oposición, en sintonía con el gobierno estadounidense, según contextualiza el medio, es que la crisis económica y la agresiva campaña militar implementada por el presidente Trump en el Caribe, fracturen los cimientos del régimen tras más de un cuarto de siglo en el poder y que la suma y combinación de factores lleven al restablecimiento democrático con un costo alto para la población, por el deterioro en sus condiciones de vida, pero en una perspectiva de corto plazo.

No obstante, economistas y empresarios ven esta posibilidad de forma más cauta, estiman que Nicolás Maduro realmente está mejor preparado de lo que se piensa para soportar la presión externa. Y aquí entra en escena quien está teniendo un rol protagónico en la economía venezolana: la criptomoneda.

Una vez que Trump fue reelegido, Caracas autorizó los primeros intercambios de criptomonedas y la medida “allanó el camino para un cambio más amplio hacia activos financieros que están fuera del alcance de la aplicación de sanciones tradicionales”. De hecho, la mayor exportación venezolana es el petróleo que vende a China y el país recibe los pagos en criptomonedas.

El régimen “canaliza parte de esos ingresos de vuelta a la economía nacional a través de las plataformas de intercambio de criptomonedas designadas”. No ha pasado un año de la vuelta al poder de Trump y Venezuela ya se ha convertido, posiblemente, en el primer país que administra una gran parte de sus finanzas públicas con criptomonedas.

Delcy Rodríguez, vicepresidenta de Maduro, ha avanzado en la privatización de los recursos naturales de Venezuela para aumentar los ingresos del país, por exportaciones, incluida la entrega de decenas de pequeños yacimientos petrolíferos en desuso a inversores privados. Lo anterior ha facilitado el crecimiento de la producción de petróleo en 12 % este año, incrementando los ingresos en divisas extranjeras.

De ahí que la habilidad del régimen para capear las crisis y retener el poder, hace que economistas y empresarios valoren con cautela la realidad antes de anunciar el fin del viejo orden porque “Maduro podría evitar que la inminente recesión se convierta en colapso”.

“Si existe un país que demuestra que si colapsas su economía, no cambia de gobierno, ese es Venezuela”, ha dicho Francisco Rodríguez, economista venezolano que estudia las sanciones en la Universidad de Denver. “Cuando el país se empobrece, el gobierno no se debilita”.

La revisión del permiso de Chevron, el mayor productor privado de petróleo venezolano, por parte del gobierno de Trump, puso fin a las inyecciones de divisas en Venezuela. Paradójicamente, las nuevas normas del gobierno Trump le dieron a Maduro un mayor control sobre la economía, un mayor control a PDVSA, reforzando su control sobre la reducida cantidad de divisas que entran al país.

La amenaza militar estadounidense ha llevado al régimen de Caracas a sacrificar el crecimiento, crear amortiguadores financieros y aumentar la represión. Ya ha encarcelado al menos a ocho economistas por publicar datos negativos y ha detenido a decenas de personas por hacer público el tipo de cambio del mercado negro. Incluso hay redadas en locales para asegurarse de que venden productos al tipo de cambio oficial, pero nada ha podido tener la caída de la moneda nacional (el bolívar). La represión sobre el mercado negro de divisas no ha podido evitar que este se erija en un actor dominante.

Por otra parte, el gobierno ha ido canalizando parte de sus ingresos petroleros hacia la economía a través de las dos plataformas de intercambio de criptomonedas autorizadas, que pueden comerciar con bolívares a una tasa de cambio más baja, agrega The New York Times.

El vacío legal a este respecto ha permitido que el gobierno mantenga la actividad económica a costa del aumento de la inflación. Así las cosas, la mitad de las divisas legales que entran en la economía venezolana son criptomonedas y cada una equivale a un dólar americano. Las criptomonedas hoy funcionan para grandes operaciones y también en la vida cotidiana: “PDVSA paga ahora a algunos contratistas en criptomonedas estables, las empresas privadas pagan bonificaciones en criptomonedas estables y los ciudadanos, desde los conductores de mototaxis hasta los ejecutivos, cambian bolívares por stablecoins en Binance, la mayor bolsa de criptomonedas del mundo”.

Y, a todo ello, se añade un hecho no menor: “Binance, la plataforma de comercio de criptomonedas más popular de Venezuela, ya había estado en el punto de mira de los fiscales estadounidenses. El fundador de la empresa, Changpeng Zhao, se había declarado culpable de infracciones de lavado de dinero en 2023 y cumplió cuatro meses de prisión. Trump lo indultó el jueves”.

Todos los eventos mencionados han favorecido, aún más, la corrupción y la opacidad de la economía venezolana. Las condiciones económicas del país se deteriorarán significativamente el próximo año. Maduro se enfrenta a la devaluación que le traerá ingentes riesgos políticos o, de lo contrario, tendrá que retornar al control de precios y de divisas que han tenido consecuencias adversas para el país.

 

 

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