Venezuela aprueba un tratado de asociación estratégica con Rusia en medio de la crisis con Estados Unidos

22 septembre 2025 - 09:32

La Asamblea Nacional bolivariana da luz verde por unanimidad al proyecto de ley que formaliza la alianza integral con Moscú, fortaleciendo vínculos militares, económicos y diplomáticos entre ambos países. El acuerdo cuaja en un momento en que Venezuela moviliza 2.500 efectivos de élite y exhibe aviones de combate Sukhoi Su-30 equipados con misiles antibuque, como respuesta a los ataques estadounidenses que han dejado ya 14 muertos. Washington mantiene desplegados ocho buques de guerra, un submarino nuclear y ha enviado diez cazas F-35 a Puerto Rico.

La Asamblea Nacional de Venezuela aprobó este jueves por unanimidad en primera discusión el Proyecto de Ley Aprobatoria del Tratado de Asociación Estratégica y Cooperación entre Venezuela y Rusia. El parlamentario explicó que el tratado surge en el marco de la larga trayectoria de las relaciones de cooperación de las dos naciones, en múltiples áreas, estableciendo bases para una alianza integral que trasciende los vínculos diplomáticos tradicionales en medio de la creciente tensión militar con Estados Unidos.

El acuerdo, presentado por el diputado Roy Daza del Partido Socialista Unido de Venezuela, será firmado posteriormente por los presidentes Nicolás Maduro y Vladimir Putin. Añadió que, para el momento histórico, el tratado tiene una particular relevancia a partir del carácter irreversible de establecer un nuevo orden mundial, justo, sostenible y multipolar, basado en el derecho a la soberanía y en la igualdad de los Estados. La iniciativa busca garantizar la cooperación y solidaridad entre ambos países a largo plazo, sustentada en principios de soberanía, respeto mutuo y multilateralismo.

Esta alianza estratégica surge en un momento crítico para las relaciones hemisféricas, mientras Venezuela enfrenta una escalada militar sin precedentes con Estados Unidos. La administración Trump ha atacado tres embarcaciones venezolanas en aguas del Caribe, causando al menos 14 muertos, y mantiene un despliegue naval masivo que incluye ocho buques de guerra, un submarino nuclear USS Newport News y 4.000 efectivos militares en la región. Como respuesta, Venezuela ha movilizado 2.500 efectivos de élite hacia la isla de la Orchila para ejecutar ejercicios militares denominados «Caribe Soberano 200».

El presente acuerdo consolida las relaciones bilaterales iniciadas en 2006 durante el gobierno de Hugo Chávez. El presidente Donald Trump negó este jueves haber mantenido conversaciones con miembros de su gobierno para planear un «cambio de régimen» en Venezuela, aunque mantiene la presión militar y económica sobre Caracas. Estados Unidos acusa a Maduro de liderar un cartel de narcotráfico y ofrece 50 millones de dólares por su captura, acusaciones que Venezuela rechaza categóricamente. 

Una cooperación militar que trasciende lo diplomático

La cooperación militar entre Venezuela y Rusia se materializa desde hace años en proyectos concretos que ahora cobran relevancia estratégica. En mayo del 2005, el Ministerio de Defensa de Venezuela firmó un contrato con la compañía rusa Rosoboronexport para comprar 100.000 fusiles AK-103, así como la maquinaria y la tecnología necesarias para producir localmente la munición. La producción bajo licencia de fusiles de asalto AK-103 Kaláshnikov en Venezuela representa uno de los proyectos más emblemáticos de esta asociación, con una fábrica en Maracay que incluye líneas de producción de munición calibre 7,62×39 mm.

La planta venezolana de munición para fusiles Kaláshnikov comenzó operaciones en julio de 2025, con capacidad para producir hasta 70 millones de cartuchos al año a través de cuatro líneas de producción avanzadas. Este hito tecnológico permite a Venezuela garantizar un ciclo completo de producción de cartuchos y fusiles de asalto destinados a las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas y fuerzas del orden, reduciendo su dependencia de importaciones militares extranjeras.

La Aviación Militar Bolivariana ha exhibido cazas Sukhoi Su-30 equipados con misiles antibuque durante los ejercicios militares recientes, demostrando capacidades defensivas que refuerzan la posición venezolana ante la presión estadounidense. Esta alianza surge en plena escalada militar con Estados Unidos, que mantiene desplegados en el Caribe ocho barcos militares con misiles y un submarino de propulsión nuclear y ordenó el envío de 10 aviones de combate F-35 a una base aérea en Puerto Rico. Las Fuerzas Armadas venezolanas operan desde 2006 diferentes sistemas de armas rusos, incluidos helicópteros de ataque, vehículos blindados y armamento de infantería que fortalecen sus capacidades defensivas.

La respuesta militar venezolana incluye ejercicios de preparación en la isla de la Orchila, donde 2.500 efectivos de élite participan en maniobras que contemplan escenarios hostiles en alta mar. El ministro de Interior, Diosdado Cabello, advirtió que en un escenario de agresión extranjera, «los enemigos de la patria que están dentro, los caballos de troya, tienen que saber que serán tratados como tales». Esta retórica refleja la disposición del régimen chavista a escalar el conflicto hacia un enfrentamiento militar directo si las circunstancias lo requieren. 

Un nuevo orden multipolar

El tratado establece mecanismos de cooperación en múltiples sectores, incluyendo energía, tecnología, educación y cultura. La colaboración estratégica puede traducirse en tecnología rusa aplicada a la infraestructura venezolana, así como en nuevas vías de financiamiento y comercialización para los productos energéticos venezolanos. El acuerdo contempla el impulso de una infraestructura financiera independiente para sortear las sanciones occidentales, utilizando monedas nacionales respaldadas por activos tangibles como metales y recursos estratégicos, reduciendo la dependencia del dólar estadounidense.

De hecho, Rusia ha expresado su apoyo a la incorporación de Venezuela como miembro pleno de los Brics, un bloque emergente que representa una alternativa al liderazgo económico y político tradicional de Estados Unidos. El tratado refuerza la cooperación dentro de organizaciones como OPEP+ y el Foro de Países Exportadores de Gas, fortaleciendo la influencia de ambos países en los mercados globales de energía. Ambas naciones se comprometen además a impulsar iniciativas conjuntas que contrarresten las sanciones unilaterales, consideradas violatorias de la Carta de la ONU y del derecho internacional.

La respuesta venezolana incluye la ruptura total de comunicaciones diplomáticas con Washington y una movilización militar que Maduro denomina «lucha no armada», advirtiendo que pasaría «inmediatamente» a la «lucha armada» si fuera agredida por Estados Unidos. Las acciones estadounidenses en el Caribe han despertado el repudio de países como China e Irán, que advierten a Washington sobre el cese de amenazas contra países regionales. El gobierno venezolano acusa a Estados Unidos de utilizar inteligencia artificial para fabricar evidencia de los ataques, cuestionando la veracidad de los videos publicados por Trump en Truth Social.

El acuerdo con Rusia consolida una alianza integral que busca asegurar la soberanía de dos actores fundamentales en la geopolítica mundial y construir una visión común basada en la multipolaridad y el respeto mutuo. La ruptura diplomática formal elimina canales de comunicación que podrían evitar una escalada militar accidental, aumentando riesgos de malentendidos que podrían derivar en un conflicto armado regional con consecuencias impredecibles para la estabilidad hemisférica. En este contexto, el tratado de asociación estratégica representa tanto una respuesta defensiva ante la presión occidental como una apuesta por la construcción de un orden mundial alternativo que desafíe la hegemonía estadounidense.

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