Una Suprema Corte con raíces indígenas: México inaugura una nueva era judicial

03 septembre 2025 - 07:20

Con danzas, cantos en lenguas originarias e incienso en el Zócalo capitalino, Hugo Aguilar, magistrado mixteco, asumió simbólicamente el mando de la primera Suprema Corte de Justicia elegida por voto popular en México. El gesto representa mucho más que un acto protocolario: introduce una dimensión cultural y democrática inédita en el poder judicial del país.

México atraviesa un momento que combina lo histórico y lo simbólico. Por primera vez en su historia, la máxima instancia judicial del país ha sido conformada mediante sufragio directo. Hugo Aguilar Ortiz, originario de Oaxaca y miembro de la comunidad mixteca, recibió el bastón de mando de manos de autoridades de diversos pueblos indígenas. Con este gesto, se inauguró un ciclo que coloca al pluralismo cultural y a la legitimidad ciudadana en el centro del debate jurídico.

La ceremonia, realizada en el Zócalo de Ciudad de México, reunió a representantes de comunidades otomí, zapotecas, mazahuas y wirárikas, quienes reforzaron el carácter colectivo del acto. Aguilar recordó que los pueblos originarios constituyen “la raíz más profunda de México, el antecedente más lejano de estas tierras”, y subrayó la necesidad de que el derecho reconozca esa memoria. El aplauso de la multitud, acompañado del sonido de machetes golpeando el suelo, reforzó la dimensión histórica de la jornada.

El nuevo tribunal está integrado por cinco mujeres y cuatro hombres, un equilibrio de género que marca también un cambio cultural. La elección, celebrada el 1 de junio, movilizó a más de 13 % del electorado, un nivel de participación limitado, pero suficiente para abrir paso a un ejercicio sin precedentes a escala global. Junto con la Suprema Corte, se eligieron más de 2.000 cargos judiciales federales y locales, en un experimento institucional que coloca a México en el centro de la innovación democrática.

La investidura de Aguilar evoca inevitablemente la figura de Benito Juárez, también oaxaqueño e indígena, quien ocupó brevemente la presidencia de la Suprema Corte antes de convertirse en jefe de Estado. La historia se repite, con la diferencia de que ahora el proceso ha pasado por las urnas, lo que otorga un sello de legitimidad popular al poder judicial.

La escena de danzas y cantos en lenguas originarias refleja algo más que un protocolo: transmite la voluntad de integrar identidades y visiones históricamente relegadas. Para los líderes indígenas presentes, el bastón de mando entregado al magistrado simboliza la continuidad de una lucha que busca equilibrar justicia y dignidad.

El reto, sin embargo, se sitúa más allá de la ceremonia. La nueva Corte deberá demostrar capacidad técnica, independencia frente al poder político y sensibilidad frente a las demandas sociales. Los críticos ya advierten riesgos de politización o de tensiones entre la legitimidad electoral y la tradición jurídica, aunque el inicio de este proceso ha sido recibido con esperanza por sectores que ven en él una oportunidad de renovación.

En la sesión oficial realizada en el Senado por la noche, el nuevo tribunal inició formalmente sus funciones. Allí se reiteró el compromiso con un proyecto que, según Aguilar, debe “honrar la diversidad cultural de México y fortalecer el Estado de derecho”. El mensaje conecta lo ancestral con lo institucional, lo comunitario con lo republicano.

El nacimiento de esta Suprema Corte elegida por voto popular no solo marca un precedente para México. Envía un mensaje a la región: las democracias pueden explorar caminos innovadores que reconcilien tradición y modernidad, legitimidad popular y profesionalismo judicial. La imagen de un magistrado mixteco recibiendo el bastón de mando en la plaza mayor capitalina quedará como símbolo de un país que, en medio de contradicciones y tensiones, se atreve a inaugurar una nueva etapa.

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