Un Grito con voz de mujer: Sheinbaum dedica la ceremonia a migrantes y heroínas

16 septembre 2025 - 06:44

Por primera vez en más de dos siglos, el balcón presidencial del Zócalo no estuvo ocupado por un hombre. Claudia Sheinbaum imprimió un sello histórico al Grito de Independencia, dedicando sus vivas a las mujeres, a los migrantes y a un México que se proclama libre y soberano.

La noche del 15 de septiembre de 2025 quedará inscrita como un parteaguas en la memoria política mexicana. El ritual cívico que cada año recuerda la insurrección de Miguel Hidalgo se transformó en una ceremonia de resignificación: ya no fue el eco de una tradición encabezada por presidentes varones, sino la voz firme de la primera presidenta de México.

Claudia Sheinbaum no solo agitó la bandera nacional y repicó la campana de Dolores. Con sus palabras, vinculó el presente con una agenda de reconocimiento a sectores históricamente invisibilizados. «Vivan nuestras hermanas y hermanos migrantes», exclamó, en un gesto hacia los millones de mexicanos que sostienen economías y familias al otro lado de la frontera. También se dirigió a las mujeres indígenas, alzando un grito que por décadas se pronunció sin ellas y que ahora adquirió un timbre incluyente.

En Palacio Nacional, una escolta formada solo por cadetes mujeres le confió la bandera, un acto que condensó el sentido de la ceremonia antes de que Sheinbaum se asomara al balcón presidencial. Con un vestido morado bordado en blanco, acompañada de su esposo y rodeada de miles de personas, rompió la inercia de una liturgia política dominada por la voz masculina.

El Zócalo vibró con más de 150.000 asistentes que corearon cada arenga. El 215 aniversario de la independencia se convirtió en algo más que una conmemoración histórica: fue la constatación de que el poder político en México ha dejado de estar monopolizado por un solo género. La presidenta recordó además a heroínas como Josefa Ortiz de Téllez, Leona Vicario, Gertrudis Bocanegra y Manuela Medina, dando a la memoria femenina un lugar central en la narrativa independentista.

Sin embargo, el festejo convivió con la crudeza de la realidad nacional. En Sinaloa y en municipios de Michoacán se cancelaron celebraciones por temor a la violencia. La imagen de un país que se celebra a sí mismo mientras restringe actos por la inseguridad refleja un contraste que ninguna retórica puede ocultar.

Sheinbaum, que mantiene un respaldo popular cercano al 70 %, quiso presentarse como «presidenta con ‘a’» y como «comandanta» de las Fuerzas Armadas, insistiendo en un lenguaje que resignifica la autoridad política y militar en clave de género. El historiador Lorenzo Meyer subrayó que su aparición en el balcón «abre un espacio tácitamente vedado para las mujeres», y que este gesto confirma que la sociedad mexicana aceptó finalmente que el género no es barrera en la cúspide del poder.

La historia del propio Grito, con sus orígenes difusos y su consolidación bajo Maximiliano y Porfirio Díaz, demuestra que la tradición siempre fue una construcción política. En 2025, el acto volvió a ser reconfigurado: dejó de ser un ritual repetitivo para convertirse en un escenario de reivindicación social.

En medio de la presión migratoria en la frontera y de una violencia interna que no cede, Sheinbaum decidió que el clamor central no fuese para la gloria abstracta de la patria, sino para quienes cargan con la fragilidad y la resistencia: migrantes, mujeres indígenas, heroínas anónimas. Esa elección perfila su proyecto político como un puente entre la gesta emancipadora y las luchas de este tiempo.

La Independencia se conmemora siempre en clave de memoria, pero cada generación la interpreta a su manera. En 2025, el Grito adquirió otro espesor: más que memoria del inicio insurgente, fue afirmación de que la libertad se sostiene allí donde la inclusión deja de ser consigna y se vuelve práctica. El eco de Sheinbaum resonó en la plaza, confirmando que la historia mexicana continúa escribiéndose, y que ahora lo hace con voz de mujer.

Compartir el artículo