Trump y Lula: diplomacia bajo aranceles

25 octobre 2025 - 10:45

El presidente estadounidense insinuó un posible acercamiento con su par brasileño durante la cumbre de la ASEAN en Malasia, en medio de la tensión comercial más seria entre ambos países desde el inicio de su segundo mandato.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sugirió que podría reunirse con Luiz Inácio Lula da Silva durante la cumbre del Sudeste Asiático que se celebra este fin de semana en la capital malasia. Lo hizo a bordo del Air Force One, en tono de quien tantea un terreno diplomático que podría aliviar una relación enrarecida por los recientes aranceles del 50 % a las exportaciones brasileñas.

Trump afirmó que estaría dispuesto a revisar esas medidas “si se dan las circunstancias adecuadas”. La frase, medida al milímetro, fue interpretada por analistas en Washington y São Paulo como una señal de distensión cautelosa, más económica que política. Desde Brasilia, sin embargo, el entorno presidencial evita hablar de un encuentro formal: “Habrá que esperar cómo evolucionan las conversaciones”, respondió el portavoz brasileño en Kuala Lumpur.

La cumbre asiática como escenario lateral

La reunión de líderes de la ASEAN se ha convertido en un inesperado teatro para el reencuentro de dos potencias americanas con intereses divergentes. Para Trump, la cita asiática sirve de vitrina para reafirmar el peso estadounidense en el Pacífico; para Lula, es la oportunidad de proyectar al Brasil global que busca equilibrio entre Washington, Pekín y Bruselas.

En los márgenes de la cumbre, el eventual diálogo entre ambos líderes se percibe como un gesto simbólico de reposicionamiento hemisférico. Desde que el gobierno estadounidense impusiera los aranceles como represalia por el proceso judicial contra Jair Bolsonaro —aliado ideológico de Trump—, la relación bilateral ha transitado entre la frialdad y el desconcierto.

Un pulso más diplomático que económico

Pese a la dureza de las medidas, Brasil sigue siendo el principal socio comercial de Estados Unidos en América del Sur. La cuestión arancelaria, más que un castigo, funciona como instrumento de presión política. En el lenguaje trumpista, los gravámenes son una herramienta de negociación, una manera de recordar quién marca el compás de las relaciones hemisféricas.

Para Lula, en cambio, la respuesta no pasa por la confrontación, sino por una diplomacia que combine pragmatismo y autonomía. Brasil intenta evitar la lógica de los bloques, y su política exterior —centrada en diversificar alianzas con Asia y África— busca restar dramatismo a la pugna con Washington.

El trasfondo regional

El posible encuentro llega en un momento en que América Latina se redefine frente a la competencia global. China consolida su influencia económica, Rusia reaparece en la retórica de la seguridad energética, y Estados Unidos trata de no perder su papel de árbitro regional. En ese contexto, la reunión entre Trump y Lula sería más un gesto estratégico que un acuerdo inmediato.

La diplomacia contemporánea se ha convertido en una escenografía cuidadosamente calculada. Los líderes ya no se enfrentan en los despachos, sino en la narrativa pública. Y en esa narrativa, un apretón de manos vale tanto como una reducción arancelaria.

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