Sheinbaum y Trump: un acuerdo de seguridad bajo la lupa de la soberanía

11 juillet 2025 - 07:16

Claudia Sheinbaum quiere marcar desde temprano un sello de autonomía estratégica en la relación con Estados Unidos. La presidenta mexicana anunció ayer que el acuerdo bilateral en materia de seguridad, migración y comercio está prácticamente concluido. La noticia llegó desde Palacio Nacional, donde enfatizó un punto que se repitió como mantra en su discurso: México no cederá soberanía.

El pacto con Washington, que se negocia con el gobierno de Donald Trump, contempla medidas de coordinación en seguridad fronteriza y combate al crimen organizado, así como una política migratoria conjunta que incluya la defensa de los derechos de los mexicanos en territorio estadounidense. Pero la mandataria dejó claro que no permitirá operaciones unilaterales ni imposiciones externas. “No vamos a permitir violaciones a nuestro territorio”, sentenció con tono firme, sabedora de que la historia mexicana está cargada de heridas abiertas en este frente.

El anuncio forma parte de un enfoque integral que busca evitar la fragmentación habitual de las negociaciones bilaterales. Para Sheinbaum, no se trata de discutir seguridad sin comercio, ni migración sin derechos humanos. Su propuesta de abordaje comprensivo —inspirada en recientes debates del G7— aspira a un modelo de gobernanza compartida, aunque la práctica y la geopolítica suelen complicar los ideales.

Marcelo Ebrard, ahora secretario de Economía, encabezará la delegación mexicana en Washington esta semana. Su figura es clave: combina experiencia diplomática, manejo técnico y conocimiento de los resortes políticos de ambos países. Sin embargo, el reto va más allá de su pericia. El escenario es otro. Con Trump de regreso en la Casa Blanca, el tono negociador de Estados Unidos oscila entre la presión y la transacción.

La presidenta mexicana también tocó un punto que suele incomodar a los halcones de seguridad en Washington. Rechazó la doctrina estadounidense que etiqueta al crimen organizado mexicano como terrorismo, mientras negocia paralelamente con grupos armados en otras regiones. “Esa doble moral debe terminar”, afirmó. No es una frase menor. Implica confrontar un discurso que, de institucionalizarse, abriría la puerta a intervenciones directas en territorio mexicano.

En materia migratoria, Sheinbaum apuesta a mecanismos que protejan a los connacionales y gestionen de forma ordenada los flujos migratorios. Aquí se juega parte del capital político de su administración, pues la migración masiva es, junto a la inseguridad, uno de los temas que más polarizan la relación bilateral. Por último, la inclusión de la agenda comercial como parte del mismo paquete de negociación revela una estrategia realista: todo acuerdo se facilita si ofrece incentivos económicos.

Detrás de los comunicados oficiales queda la pregunta esencial: ¿puede México negociar con Estados Unidos en igualdad de condiciones, incluso bajo un enfoque de respeto mutuo? La experiencia histórica enseña que la asimetría es estructural, pero también que la dignidad de la negociación no se mide solo por el resultado, sino por la claridad con la que se definen los límites.

Sheinbaum inicia su sexenio intentando reequilibrar esa relación. El desafío no es menor: lograr un pacto que fortalezca la seguridad, proteja a los migrantes y dinamice el comercio, sin que México quede como receptor pasivo de políticas diseñadas en Washington. Su margen de maniobra será el termómetro real de su promesa de soberanía.

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