La IV Cumbre CELAC–UE se celebrará el 9 y 10 de noviembre en la ciudad colombiana de Santa Marta. Se realizarán, además, dos eventos dirigidos a profundizar la cooperación birregional. El primero es el Foro Empresarial ALC–UE 2025, en el que participarán la Unión Europea, el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Este reunirá a cerca de 300 líderes para tratar temas de integración energética, transición verde, seguridad alimentaria, salud, materias primas e infraestructura digital. El segundo es el Foro de Sociedad Civil ALC–UE 2025, en el que se darán cita líderes sociales, jóvenes, mujeres, indígenas, afrodescendientes y población LGBTQ+, para abordar temas de democracia, paz, desarrollo sostenible e inclusión social. Para este último, las organizaciones sociales de América Latina, el Caribe y Europa podrán postularse hasta el 14 de septiembre. El Foro de la Sociedad Civil ALC–UE 2025 se realizará este mes como antesala a la Cumbre.
Colombia ostenta la presidencia pro tempore de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), razón por la que tiene a cargo la organización de la IV Cumbre CELAC–UE. El gobierno del país cafetero, a través de su Cancillería, ha indicado que pretende impulsar iniciativas concretas para el fortalecimiento de los vínculos entre América Latina, el Caribe y Europa y, adicionalmente, espera que dichas iniciativas tengan incidencia en escenarios globales como la Asamblea General de las Naciones Unidas.
El gobierno colombiano estima que esta Cumbre representa una oportunidad única para reforzar lazos políticos, económicos y sociales entre ambas regiones y que le permitirá a Colombia consolidarse como actor clave y puente de entendimiento birregional. Esta es, sin duda, una ocasión significativa para Colombia en distintos niveles, así como una Cumbre relevante en el marco de la coyuntura internacional.
El investigador principal para América Latina del think tank Real Instituto Elcano, Carlos Malamud, comenta en su más reciente análisis algunas cuestiones a tener en consideración. De entrada, hay una realidad incontestable: el enorme desafío logístico e infraestructural que plantea la celebración de la Cumbre en la ciudad elegida por el presidente colombiano Gustavo Petro. Usualmente, las ciudades mejor preparadas para este tipo de eventos en Colombia son Bogotá, Medellín y Cartagena. Nadie discute la belleza de Santa Marta, pero genera dudas y reservas la elección de esta sede. “La sola idea de sentar juntos a los 27 Estados miembro de la UE, más los 33 de la CELAC confiere a esta Cumbre un carácter especial, también muy difícil de gestionar, pero con un gran potencial y unas grandes oportunidades de futuro”, observa Malamud.
Tras este paréntesis logístico, el historiador argentino subraya que se trata de un momento idóneo para darle a la relación birregional latinoamericana “un giro hacia su consolidación definitiva”. Recuerda que la primera Cumbre tuvo lugar en 1999 en Río de Janeiro y, en este periodo que excede ya un cuarto de siglo, la relación entre ambas regiones ha experimentado diferentes fases: “Hoy estamos ante una coyuntura muy especial, marcada por la crisis del multilateralismo y por la errática gestión de Donald Trump que, con su política arancelaria, migratoria y de lucha contra el narcotráfico, más otras propuestas más atrevidas como las relacionadas con Groenlandia o Panamá, ha puesto en cuestión el orden mundial basado en reglas e incluso la noción de soberanía territorial”, precisa el investigador.
Reforzar la conexión birregional resulta fundamental en un escenario internacional que plantea múltiples preocupaciones por las amenazas a la democracia, los avances del iliberalismo y los retos al multilateralismo. En el pasado la redacción de una Declaración Final firmada por todos los convocados fue una tarea compleja; esta vez lo será aún más, porque a los problemas de vieja data y las diferentes interpretaciones entre líderes latinoamericanos sobre los regímenes de Cuba, Venezuela y Nicaragua y las situaciones de derechos humanos en esos países, se suman cuestiones como la invasión rusa a Ucrania, El Salvador, el conflicto de Gaza o el despliegue naval de Estados Unidos en el Caribe, según Malamud. A todo ello, en criterio del experto, convendría añadir “un punto sobre la inviolabilidad de las fronteras, que no solo reforzaría la postura europea de respaldo a Ucrania tras la invasión rusa, sino las alusiones trumpistas al Canal de Panamá”.
América Latina y Europa comparten valores y desafíos. En ese diálogo entre iguales, los jefes de Estado deberían abordar con realismo, pragmatismo y cordura cuestiones de gran importancia relativas a las crisis migratorias, el crimen organizado y el narcotráfico.