El Festival Internacional de Cine de Santiago celebra su 21ª edición con una programación que une miradas desde Irán, España y Chile, reafirmando el papel del cine latinoamericano como espacio de encuentro cultural global.
Del 17 al 24 de agosto, la capital chilena será el epicentro de un diálogo cinematográfico que trasciende fronteras. El SANFIC21 abrirá con “It Was Just an Accident” de Jafar Panahi, un cineasta iraní cuya obra ha sorteado censuras y exilios, y rendirá un homenaje de carrera al director español Álex de la Iglesia, conocido por un cine que combina lo grotesco, lo cómico y lo profundamente humano. La retrospectiva de su filmografía permitirá recorrer desde “El día de la bestia” hasta sus trabajos más recientes, revelando a un autor que ha sabido provocar y seducir al público a partes iguales.
Más allá de su apertura y sus homenajes, el festival ofrece una programación que refleja la diversidad de sensibilidades que convergen en el cine contemporáneo latinoamericano. Producciones chilenas, argentinas, mexicanas y colombianas dialogarán con obras europeas y asiáticas, en un ejercicio de intercambio cultural que confirma el carácter híbrido del audiovisual actual. En este escenario, las salas de Santiago se convierten en foros donde la geografía es un punto de partida, no una barrera.
El SANFIC ha cultivado, a lo largo de dos décadas, un perfil propio: es un festival que apuesta por la calidad artística y la pertinencia temática, sin perder de vista el diálogo con el público. Aquí conviven ficciones íntimas y documentales urgentes, relatos históricos y narrativas experimentales, en una programación que busca interpelar tanto a cinéfilos exigentes como a espectadores curiosos.
La presencia de Panahi y De la Iglesia no es casualidad. Ambos representan, desde contextos distintos, una resistencia creativa frente a los límites: el iraní, con un cine rodado muchas veces en condiciones clandestinas; el español, con una obra que desafía convenciones narrativas y estéticas. Su coincidencia en Santiago es también una invitación a reflexionar sobre el papel del cine como herramienta de libertad y como espejo de sociedades en tensión.
El público latinoamericano, acostumbrado a consumir cine global, encuentra en festivales como el SANFIC un espacio donde las historias se cruzan y se reinterpretan. No se trata solo de exhibir películas, sino de tejer redes: entre creadores, entre países, entre formas de mirar y narrar. En un tiempo en que las pantallas digitales fragmentan la experiencia, el festival propone volver a la sala oscura como lugar de encuentro colectivo.
Cuando el telón se levante el 17 de agosto, no solo comenzará una semana de proyecciones: se abrirá un espacio donde Santiago se convierte en puente entre continentes, donde las imágenes viajan y los acentos se mezclan. Y en ese intercambio, el cine reafirma su capacidad de tender puentes que ni las fronteras ni las distancias logran derribar.