La Habana califica la decisión de Santo Domingo de “claudicación ante Washington” y advierte que un encuentro basado en la exclusión está condenada al fracaso. La X Cumbre se celebrará en diciembre en Punta Cana bajo el lema Construyendo un hemisferio seguro y de prosperidad compartida, repitiendo los vetos que Estados Unidos aplicó en Los Ángeles en 2022. El gobierno dominicano argumenta que busca garantizar la mayor participación posible en un contexto de polarización política regional.
El Ministerio de Relaciones Exteriores de República Dominicana confirmó que Cuba, Nicaragua y Venezuela no estarán invitados a la X Cumbre de las Américas, programada para el 4 y 5 de diciembre en Punta Cana. La decisión, anunciada oficialmente el pasado martes, repite la exclusión que estos tres países enfrentaron en la edición anterior celebrada en Los Ángeles en 2022. La cancillería dominicana justificó la medida señalando que responde a un criterio estrictamente multilateral en un contexto de marcada polarización política en el hemisferio. El comunicado oficial establece que la exclusión favorece la mayor convocatoria posible y asegura el desarrollo del foro, priorizando el éxito del encuentro regional.
La respuesta cubana fue inmediata y contundente. El canciller Bruno Rodríguez expresó en redes sociales su profunda preocupación y rechazo, acusando a Estados Unidos de imponer la decisión al país anfitrión. El ministro cubano sentenció que una Cumbre de las Américas construida sobre la exclusión y la coerción está condenada al fracaso. El Ministerio de Relaciones Exteriores de La Habana emitió un comunicado calificando la medida como una evidente claudicación ante las brutales presiones unilaterales del secretario de Estado estadounidense. El gobierno cubano considera que se consolida la involución histórica de este sistema de cumbres, haciendo imposible un intercambio respetuoso y productivo con Washington.
La decisión marca un contraste notable con la postura que República Dominicana adoptó en otros foros regionales. En la XXVIII Cumbre Iberoamericana celebrada en Santo Domingo en 2023, los tres países participaron plenamente. Lo mismo ocurrió en la Cumbre de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños celebrada en Bávaro en 2017, cuando República Dominicana ejerció como anfitrión. Sin embargo, la Cumbre de las Américas opera bajo parámetros diferentes, establecidos desde su creación en 1994 bajo impulso de Estados Unidos y coordinada actualmente junto con la Organización de los Estados Americanos. El gobierno dominicano argumenta que el reglamento impone limitaciones específicas sobre la participación de países que no forman parte de ese organismo.
Relaciones bilaterales diferenciadas
El Ministerio de Relaciones Exteriores dominicano se esforzó en diferenciar entre los criterios multilaterales que guían la organización de la cumbre y la naturaleza bilateral de sus relaciones con los países excluidos. Respecto a Cuba, la cancillería dominicana describe los vínculos como históricos, sólidos y excelentes, destacando intercambios económicos y culturales mutuamente beneficiosos. Las diferencias políticas se han manejado con respeto, según el comunicado oficial. Con Nicaragua, el gobierno califica la relación como cordial y subraya la frecuente cooperación en organismos multilaterales como el Sistema de la Integración Centroamericana, la CELAC, la Organización de las Naciones Unidas y la Secretaría General Iberoamericana, además de un flujo comercial equilibrado.
El caso de Venezuela presenta mayores complejidades. Aunque República Dominicana reconoce lazos históricos profundos, el gobierno dominicano no reconoció los resultados de las dos últimas elecciones presidenciales venezolanas, denunciando irregularidades en los procesos. Esta postura llevó a que el gobierno de Caracas suspendiera las relaciones diplomáticas con Santo Domingo. El canciller Roberto Álvarez explicó que la exclusión busca evitar divisiones que pudieran comprometer el desarrollo del encuentro. El gobierno reconoció que la decisión contradice su propósito inicial de organizar una cumbre inclusiva cuando asumió la presidencia pro tempore en 2023, pero argumenta que las circunstancias hemisféricas actuales exigen un ajuste de esa meta.
La Cumbre de las Américas enfrenta un historial complejo respecto a inclusión y participación. En la edición de Los Ángeles de 2022, la exclusión de Cuba, Venezuela y Nicaragua provocó que varios presidentes de la región se ausentaran en señal de protesta. Los mandatarios de México, Bolivia y Honduras no asistieron al foro, cuestionando la legitimidad de una cumbre que dejaba fuera a países del hemisferio. La administración de Joe Biden defendió entonces la decisión recordando que en 2001 los países de la OEA acordaron que solo los firmantes de la Carta Democrática podían participar en ese espacio. Juan González, principal asesor de la Casa Blanca para América Latina, preguntó cómo invitar a un país cuando están encarcelando a personas solo por cantar y pedir comida.
El gobierno cubano citó al presidente Miguel Díaz-Canel, quien en febrero había advertido que el gobierno de Estados Unidos pretende definir las opciones para los países de la región. El comunicado cubano señala que la exclusión muestra la continuidad de la Doctrina Monroe y la política de cañoneras, acusando a Washington de revivir estrategias intervencionistas en América Latina. Cuba recuerda que participó en la VII Cumbre de Panamá en 2015, cuando el entonces presidente Raúl Castro intervino por primera vez en el foro, marcando un hito histórico en las relaciones hemisféricas. El gobierno de La Habana considera que la actual exclusión representa un retroceso frente a aquellos avances en el diálogo regional.
Polarización y futuro del mecanismo hemisférico
El canciller Roberto Álvarez defendió que la Cumbre de diciembre busca convertirse en un espacio clave para impulsar la cooperación regional en beneficio mutuo. Subrayó que la polarización política ha frenado consensos en el hemisferio y confió en que la cita de Punta Cana contribuya a superarla. El lema del foro será Construyendo un hemisferio seguro y de prosperidad compartida, enfocándose en temas de seguridad, desarrollo económico y cooperación. Sin embargo, la exclusión de tres países del continente plantea interrogantes sobre la representatividad del mecanismo y su capacidad para construir consensos cuando parte de la región queda sistemáticamente fuera de las conversaciones.
La decisión dominicana podría tener repercusiones diplomáticas más amplias en la región. Organismos como la CELAC y el Sistema de la Integración Centroamericana han servido como espacios alternativos donde estos países participan activamente, ofreciendo plataformas de diálogo sin las restricciones vinculadas a la OEA. La exclusión de Cuba, Venezuela y Nicaragua subraya la fragmentación del multilateralismo latinoamericano y caribeño, donde coexisten múltiples mecanismos con criterios de participación divergentes. Mientras República Dominicana argumenta que la exclusión busca asegurar el éxito del encuentro, Cuba advierte que una cumbre basada en vetos está destinada al fracaso, evidenciando las profundas divisiones que persisten en el hemisferio sobre cómo construir espacios de diálogo inclusivos y efectivos.