A pocos días de cumplir tres años en el poder, Gustavo Petro enfrenta una creciente fractura entre su relato político y la realidad institucional de Colombia. Lo que comenzó como una promesa de transformación progresista, hoy transcurre entre tensiones con el Congreso, reformas bloqueadas y discursos maximalistas que alejan al presidente de los hechos y lo encierran en una narrativa cada vez más aislada.
“Petro tiene un problema con el sistema político y consigo mismo. Con el sistema político porque no termina de entenderlo y, consigo mismo, porque desarrolla conductas que boicotean su gestión”, indicó el investigador principal para América Latina del Real Instituto Elcano, Carlos Malamud, en entrevista con Hoy 24, hace unos días en Madrid.
Malamud observa que el panorama de Colombia es actualmente “complicado”, justamente, cuando el presidente Gustavo Petro está por cumplir tres años al frente del Poder Ejecutivo. Situación que no deja de ser paradójica porque Petro ganó la elección presidencial, según recordó el investigador, en medio de “una punción muy fuerte de la ciudadanía por el cambio”, esto en parte explica su triunfo.
Petro se presenta -y lo presentan especialmente en la prensa internacional- como el primer presidente de izquierda en Colombia, afirmación que el historiador y experto en América Latina matiza y explica que, en estricto sentido, eso no es cierto, pero, sí lo fue que esas grandes expectativas de cambio de la sociedad colombiana le permitieron ganar la presidencia y articular en su día una gran alianza parlamentaria, una alianza de un espectro muy amplio, que integró desde el Partido Conservador, el Partido de la U, el Partido Liberal, entre otros, y que le hubiera permitido, en condiciones normales, transformarse en el gran presidente reformador de Colombia.
Con ese amplio respaldo en el Legislativo, tenía oportunidad de que sus propuestas de reforma, que eran muy ambiciosas, prosperaran. “Pero tenía que llegar a acuerdos, articular compromisos y rebajar su apuesta maximalista. Así y todo, estas habrían supuesto un gran cambio para Colombia. Sin embargo, una ambición desmedida y una falta de apoyatura en la realidad de su país lo llevaron a romper esa alianza parlamentaria y, con ello, a quebrar la posibilidad de convertirse en el gran reformador de la política colombiana”, enfatizó Malamud, añadiendo que lo que ahora vemos, a la orden del día, es una situación de “tire y afloje” por mantener vivas algunas de las reformas, así como la amenaza latente de convocar a una consulta popular apoyada en movilizaciones.
Esa tensión entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo que refería Malamud ha quedado expuesta, una vez más, ayer durante el discurso del presidente en la inauguración de sesiones del Congreso de la República (esta será la última legislatura durante su gobierno), en el marco de las celebraciones del 20 de julio por el Día de la Independencia.
Queda claro, tras las intervenciones, que el Poder Legislativo cumplirá su función de ejercer control político al Ejecutivo, como le han expresado críticamente diferentes legisladores de oposición al primer mandatario de los colombianos, quien abandonó el recinto ante las fuertes críticas y señalamientos de senadores y congresistas de la oposición.
En las horas siguientes y también este lunes, la prensa colombiana ha contrastado las afirmaciones del presidente -sobre sus presuntos logros y legado de gestión en tres años-, con la realidad, las cifras y los hechos, dejando en evidencia que muchas de sus verdades son maximalistas, exageradas, engañosas, confusas, amañadas e incluso falsas.
Este discurso grandilocuente, de más de dos horas, hablando de sus presuntos logros, fue combustible para sus filas y correligionarios, sin duda. Más que su legado, es su relato, su realidad virtual y la ficción de un jefe de Estado en su laberinto.
“Petro tiene un problema con el sistema político y consigo mismo. Con el sistema político porque no termina de entenderlo y, consigo mismo, porque desarrolla conductas que boicotean su gestión”, indicó el investigador principal para América Latina del Real Instituto Elcano, Carlos Malamud, en entrevista con Hoy 24, hace unos días en Madrid.
Malamud observa que el panorama de Colombia es actualmente “complicado”, justamente, cuando el presidente Gustavo Petro está por cumplir tres años al frente del Poder Ejecutivo. Situación que no deja de ser paradójica porque Petro ganó la elección presidencial, según recordó el investigador, en medio de “una punción muy fuerte de la ciudadanía por el cambio”, esto en parte explica su triunfo.
Petro se presenta -y lo presentan especialmente en la prensa internacional- como el primer presidente de izquierda en Colombia, afirmación que el historiador y experto en América Latina matiza y explica que, en estricto sentido, eso no es cierto, pero, sí lo fue que esas grandes expectativas de cambio de la sociedad colombiana le permitieron ganar la presidencia y articular en su día una gran alianza parlamentaria, una alianza de un espectro muy amplio, que integró desde el Partido Conservador, el Partido de la U, el Partido Liberal, entre otros, y que le hubiera permitido, en condiciones normales, transformarse en el gran presidente reformador de Colombia.
Con ese amplio respaldo en el Legislativo, tenía oportunidad de que sus propuestas de reforma, que eran muy ambiciosas, prosperaran. “Pero tenía que llegar a acuerdos, articular compromisos y rebajar su apuesta maximalista. Así y todo, estas habrían supuesto un gran cambio para Colombia. Sin embargo, una ambición desmedida y una falta de apoyatura en la realidad de su país lo llevaron a romper esa alianza parlamentaria y, con ello, a quebrar la posibilidad de convertirse en el gran reformador de la política colombiana”, enfatizó Malamud, añadiendo que lo que ahora vemos, a la orden del día, es una situación de “tire y afloje” por mantener vivas algunas de las reformas, así como la amenaza latente de convocar a una consulta popular apoyada en movilizaciones.
Esa tensión entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo que refería Malamud ha quedado expuesta, una vez más, ayer durante el discurso del presidente en la inauguración de sesiones del Congreso de la República (esta será la última legislatura durante su gobierno), en el marco de las celebraciones del 20 de julio por el Día de la Independencia.
Queda claro, tras las intervenciones, que el Poder Legislativo cumplirá su función de ejercer control político al Ejecutivo, como le han expresado críticamente diferentes legisladores de oposición al primer mandatario de los colombianos, quien abandonó el recinto ante las fuertes críticas y señalamientos de senadores y congresistas de la oposición.
En las horas siguientes y también este lunes, la prensa colombiana ha contrastado las afirmaciones del presidente -sobre sus presuntos logros y legado de gestión en tres años-, con la realidad, las cifras y los hechos, dejando en evidencia que muchas de sus verdades son maximalistas, exageradas, engañosas, confusas, amañadas e incluso falsas.
Este discurso grandilocuente, de más de dos horas, hablando de sus presuntos logros, fue combustible para sus filas y correligionarios, sin duda. Más que su legado, es su relato, su realidad virtual y la ficción de un jefe de Estado en su laberinto.