Nicaragua ante la ONU: el fin del silencio internacional

31 octobre 2025 - 05:36

El informe de expertos de la ONU marca un punto de inflexión en la denuncia de los crímenes cometidos por el poder absoluto en Managua.

Durante años, la comunidad internacional observó con distancia cómo el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo consolidaba un modelo autoritario basado en el miedo, la censura y la eliminación de toda disidencia. Esta semana, el Grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua, creado por el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, presentó un informe que acusa al gobierno de cometer crímenes de lesa humanidad y exige a los Estados miembros acciones concretas.

El documento, presentado ante la Asamblea General, describe una represión institucionalizada con ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas, torturas, persecución a opositores y despojo de nacionalidades. El régimen extendió su aparato de control más allá de las fronteras, generando un clima de miedo entre los exiliados.

Desde las protestas de 2018, que dejaron más de 300 muertos, Nicaragua atraviesa un periodo oscuro. Ortega, exguerrillero sandinista convertido en autócrata, gobierna junto a Murillo en una estructura familiar que concentra poder político, económico y mediático. La pareja desmanteló las instituciones y redujo la vida cívica a la obediencia. Su poder se sostiene gracias a alianzas con regímenes afines como Venezuela, Cuba, Irán, Rusia y China.

El informe tiene un impacto internacional evidente. Por primera vez, la ONU eleva el caso nicaragüense al nivel de responsabilidad penal global. Estados Unidos estudia sanciones arancelarias del 100%, mientras la Unión Europea y varios países latinoamericanos respaldan la exigencia de que el caso llegue a la Corte Internacional de Justicia. Este giro confirma un aislamiento diplomático creciente.

El desafío trasciende las sanciones. La represión en Nicaragua interpela a toda América Latina, donde resurgen modelos de poder personalista y la fatiga democrática alimenta la indiferencia. El silencio de algunos gobiernos, por cálculo o afinidad ideológica, refleja una fractura moral que erosiona el discurso de defensa de los derechos humanos.

Ortega, de 79 años, enfrenta rumores sobre su salud, mientras Murillo prepara una sucesión que perpetúe la dinastía. El asesinato del mayor retirado Roberto Samcam en Costa Rica, en junio pasado, refuerza la idea de una maquinaria de persecución que alcanza incluso a los exiliados.

El informe de la ONU no modifica de inmediato la situación interna, aunque redefine el escenario. Al identificar responsables y mecanismos de represión, el documento abre la puerta a una respuesta coordinada. La dictadura sandinista se revela como un riesgo regional. El futuro de Nicaragua dependerá de la capacidad colectiva para transformar el diagnóstico en justicia.

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