Buenos Aires. — Javier Milei ha lanzado los llamados Isaac Accords, un programa diplomático dotado con un millón de dólares provenientes del Premio Génesis, que él mismo recibió recientemente, con el objetivo de reforzar las relaciones entre Israel y varios países de América Latina. El plan replica, adaptado al contexto latinoamericano, la lógica de los Acuerdos de Abraham, y apunta a sumar a Brasil, Colombia, Chile y El Salvador a una agenda que ya incluye a Uruguay, Panamá y Costa Rica. La iniciativa confirma el giro estratégico de la política exterior argentina hacia un alineamiento claro con Estados Unidos e Israel.
Desde su llegada a la Casa Rosada, Milei ha demostrado que su política exterior responde a convicciones ideológicas firmes. No se limita a gestos simbólicos, como votar contra la incorporación de Palestina como Estado miembro en Naciones Unidas o anunciar el traslado de la embajada argentina a Jerusalén en 2026. Con los Isaac Accords, busca construir un marco de cooperación permanente que incluya comercio, intercambio académico y alianzas en seguridad, situando a Argentina como interlocutor privilegiado de Israel en el hemisferio.
El valor político de la iniciativa radica en su ambición de transformar la relación Israel–América Latina de una narrativa marcada por la distancia a un diálogo estratégico. Al inspirarse en el modelo de los Acuerdos de Abraham, Milei pretende que la normalización y fortalecimiento de vínculos no se limite a acuerdos bilaterales, sino que adopte un formato regional con peso político propio. Este enfoque, de concretarse, podría alterar equilibrios diplomáticos en un continente donde las posiciones hacia Israel han sido históricamente heterogéneas.
La dimensión simbólica es igualmente significativa. Parte del presupuesto se destinará a programas contra el antisemitismo en la región, lo que Milei presenta como un compromiso con la memoria histórica y una señal de respaldo a la comunidad judía latinoamericana. El gesto conecta con episodios dolorosos, como el atentado contra la AMIA, y le permite proyectar un mensaje de defensa de valores compartidos con Israel, en particular en materia de seguridad y derechos humanos.
Sin embargo, la estrategia no está exenta de riesgos. América Latina es un mosaico político complejo, donde las alianzas con Israel pueden generar resistencias tanto en sectores de izquierda como en gobiernos que mantienen relaciones cercanas con Palestina o con países árabes. El éxito de la propuesta dependerá de su capacidad para trascender el simbolismo y ofrecer beneficios tangibles a los países invitados, desde inversión tecnológica hasta cooperación en defensa y ciberseguridad.
En términos geopolíticos, los Isaac Accords confirman la apuesta de Milei por integrar a Argentina en un eje diplomático alineado con Occidente, incluso a costa de distanciarse de foros como el Mercosur o de descartar el ingreso a los BRICS. El presidente argentino parece más interesado en tejer redes con socios ideológicos y estratégicos que en preservar equilibrios regionales tradicionales. Es una diplomacia que, aunque arriesgada, refleja una visión definida y coherente.
El tiempo dirá si este nuevo puente entre Israel y América Latina se consolida como una estructura sólida o queda como un experimento político de alto impacto mediático pero escasa proyección real. Milei apuesta fuerte a que la historia lo recordará como el presidente que colocó a Argentina en el tablero global a través de una alianza singular, aunque el precio político y diplomático de ese movimiento aún esté por medirse.