Milei rockea su libro mientras se tambalea el poder

07 octobre 2025 - 15:50

Javier Milei subió al escenario vestido de cuero negro, con imágenes de bombardeos proyectadas detrás. Cantó “Panic Show” de La Renga, “Demoliendo Hoteles” de Charly García e incluso entonó “Hava Nagila”. Acto seguido, presentó su obra La construcción del milagro. Así un presidente argentino convirtió la presentación de un libro en un concierto de rock con reivindicaciones políticas en plena tormenta institucional.

La puesta en escena lo dice todo, cuando el poder se disfraza de espectáculo la política se desliza hacia la teatralidad. Milei, cuya gobernabilidad se resquebraja bajo renuncias, crisis económica y rechazo al veto de leyes sociales, apeló a la teatralidad para legitimar su narrativa de líder radical y disruptivo.

Desde su llegada al gobierno, Milei cultivó una imagen de outsider disruptivo. Hoy la realidad habla por sí sola, el milagro que promete se percibe como agotado. Su propio partido vivió una polémica reciente cuando se apartó un candidato por supuestos nexos con el narcotráfico. El Congreso vetó iniciativas fundamentales. La economía sufre derrumbes en consumo y presión sobre los sectores más vulnerables. La teatralidad sirve para disfrazar fracturas.

El concierto político del presidente sirvió, además, de plataforma para lanzar consignas azuzantes, denunció un supuesto ataque antisemita y acusó a la izquierda de esparcir xenofobia. Invitó al público a corear “Cristina tobillera” (aludiendo a la prisión domiciliaria de Cristina Kirchner). La mezcla de cultura rock, ideología y provocación busca revivir la campaña de 2023, transformando el discurso económico en mitin simbólico.

Más que las melodías, lo decisivo es el mensaje que quiere instalar, el de un mandatario que se exhibe como un show político al mismo tiempo que reclama autoridad. En tiempos de polarización, Milei entiende que la marca personal supera al proyecto. Cuando el debate institucional flaquea, la teatralidad ocupa el vacío.

Cabe preguntarse cuánto tiempo puede resistir una gobernabilidad que se apoya en el rock y en gestos teatrales. Cuando la inflación estruja, el desempleo crece y los servicios sociales flaquean, el público exige resultados. El arte de gobernar no puede reducirse a una performance.

Milei quiso recordar que fue un rock star de La Libertad Avanza antes que presidente. Hoy canta para desafiar la oposición y galvanizar su base. Pero cuando lleguen los exámenes de la economía real, los himnos pueden sonar huecos.

Para la Argentina y para América Latina, el episodio ofrece una lección viva. La política teatral puede encender emociones, pero nunca reemplaza las soluciones. Cuando la realidad no acompaña, el espectáculo termina perdiendo encanto.

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