Colombia, Panamá y Costa Rica denunciaron graves abusos contra miles de migrantes que, tras el endurecimiento de la política migratoria de Estados Unidos, se ven obligados a regresar hacia el sur. El fenómeno de la “migración inversa” crece, con testimonios que revelan violencia, explotación y desprotección en la ruta más peligrosa del continente.
La imagen habitual del éxodo latinoamericano mostraba a miles de personas atravesando la selva del Darién rumbo al norte. Hoy, el flujo se invierte. Un informe presentado en Bogotá por las defensorías del pueblo de Colombia, Panamá y Costa Rica, con apoyo de la ONU, alerta sobre la magnitud de la crisis: más de 14 000 personas retornaron desde México y Estados Unidos entre enero y agosto, tras un desplome del 97% en los cruces hacia el norte debido a las restricciones impuestas por Washington.
El regreso, lejos de ser un alivio, se ha convertido en un nuevo calvario. Los testimonios recogidos revelan violencia física, extorsiones, detenciones arbitrarias y violencia sexual, sobre todo en los tránsitos por Guatemala y México. La selva del Darién, convertida en ruta de retorno, concentra los mayores riesgos: el 86% de los migrantes dijo haber sufrido abusos en ese corredor.
Las defensorías advierten que la ausencia de albergues, la discriminación y las carencias en atención en salud mental y sexual agravan la vulnerabilidad de quienes vuelven con menos recursos de los que partieron. La defensora del pueblo de Colombia, Iris Marín, subrayó además que la presencia de grupos armados incrementa las amenazas de reclutamiento forzado, explotación sexual y violencia.
Mujeres y niños son los más expuestos. El informe señala casos de explotación laboral, violencia sexual y xenofobia, mientras redes de trata controlan los pasos de retorno y cobran hasta 260 dólares por traslados inseguros. Muchos migrantes quedan varados durante semanas, atrapados en un limbo que multiplica las posibilidades de abuso.
El endurecimiento migratorio de Estados Unidos, junto con los recortes a programas de ayuda humanitaria internacional promovidos por el gobierno de Trump, ha reducido la asistencia en terreno. Los países de tránsito quedan sobrecargados y sin recursos suficientes para proteger a esta población en retroceso.
En 2023, más de medio millón de personas se aventuraron por el Darién en busca del norte. Hoy, esa misma ruta se ha convertido en la trampa mortal de quienes vuelven derrotados. La migración inversa retrata un fracaso colectivo de las políticas migratorias y desnuda la fragilidad de un continente incapaz de ofrecer caminos seguros a quienes lo transitan.