El diario El Colombiano tituló su editorial, a inicios de esta semana, “Petro y Trump: una pelea innecesaria”. El medio señalaba que es “mentiroso y temerario de parte de Trump llamar a Petro ‘líder narco’”. No obstante, admite que “su gestión frente al narcotráfico y a los peligrosos grupos criminales asociados a él ha sido un fracaso”.
El Heraldo, por su parte, destaca hoy viernes que si algo une a Petro y a Trump es su irrefrenable deseo de hacerse daño. “Sus personalidades egocéntricas, basadas en la búsqueda de su autoglorificación, los delatan como unos líderes mesiánicos, dispuestos a polarizar, desatar conflicto, abusar del poder, y cruzar todas las líneas rojas que haga falta, con tal de certificar respaldos para su beneficio político y para validar sus decisiones autoritarias”.
La tensión creciente en la relación bilateral de Colombia y Estados Unidos ha acaparado, como es natural, a la prensa, a los medios de comunicación y a los periodistas durante la última semana. Estados Unidos compra el 26% de las exportaciones colombianas, mientras que Colombia le compra a la nación norteamericana menos del 0,6% de lo que Estados Unidos produce. “En términos estrictamente pragmáticos no hay forma de que Colombia sostenga una guerra comercial con Estados Unidos. No hay forma de ganarla, presidente”, le dijo el periodista Daniel Coronell al presidente Gustavo Petro el lunes.
El gobierno nacional y los correligionarios y simpatizantes del presidente han tratado de minimizar el impacto de la crisis, pero, el sector privado, los gremios y muchos ciudadanos que están vinculados con Estados Unidos a diferentes niveles dan cuenta de la importancia y necesidad de que la alta diplomacia actúe para subsanar el impasse.
El problema, al parecer, es que el país cafetero hoy no cuenta con elementos y actores que hagan alta diplomacia. La Cancillería, como otros ministerios, funciona con obediencia y obsecuencia, más allá de los criterios técnicos y de la formación diplomática y en relaciones internacionales que debería primar en esa cartera. Los cancilleres que han pasado por allí en esta gestión permiten algunas inferencias sobre cómo se conduce la política exterior colombiana en esta administración.
Atrás quedaron las épocas de Carolina Barco, quien fuera ministra de Relaciones Exteriores y embajadora ante Estados Unidos cuando gobernó Álvaro Uribe, o de María Ángela Holguín, canciller durante los gobiernos de Juan Manuel Santos. La actual canciller Rosa Yolanda Villavicencio ni siquiera tiene visa americana y el embajador ante Estados Unidos, Daniel García Peña, es cuestionado por su jefe.
El Colombiano confirmó el lunes esa suerte de crónica de una muerte anunciada. Su editorial observó que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, perdió la paciencia. “Gustavo Petro lo provocó una y otra vez, hasta que la cuerda se reventó. El hecho de que el presidente estadounidense llame a Petro ‘líder del narcotráfico’ puede sonar exagerado, innecesario y grosero, pero también hay que decir que no es más que la respuesta natural –con el mismo tono destemplado y la misma carga de agresividad–, a los reiterados ataques del mandatario colombiano Gustavo Petro contra el gobierno de Estados Unidos”.
El medio hizo una cronología de las provocaciones y hostilidades constantes por parte del presidente colombiano desde que el presidente Trump asumió la jefatura del Estado americano. Atacar constantemente a un país que ha sido aliado estratégico de Colombia y su mayor socio comercial no fue la mejor salida del mandatario colombiano.
El diario indica que no fueron hechos aislados sino “piezas de una estrategia de confrontación política que, bajo el disfraz de soberanía, responde más a la vanidad ideológica y al cálculo político que al interés nacional”. El precio de asumir esta estrategia ha sido costoso para Colombia.
Sin embargo, el fin de semana pasado todo cambió, Trump respondió y desde entonces sus ataques no han cesado. “Llama la atención el momento elegido: ¿fue acaso el retiro del director de la Policía, general Carlos Triana, y el ataque a la Embajada, atribuido al Congreso de los Pueblos, lo que colmó la paciencia de Washington? No está claro por qué la sanción verbal llega ahora y no cuando Estados Unidos descertificó a Colombia hace apenas un mes”, cuestiona el medio.
Pero El Colombiano también analiza que la acusación de Trump podría convertirse en una “torpeza estratégica”, si esta, en vez de aislar a Petro o presionarlo, que es la apuesta de la Casa Blanca, le permite al mandatario colombiano erigirse como líder perseguido por el “imperio”. “Defender la dignidad nacional no puede confundirse con defender los caprichos de un presidente que pone en riesgo las relaciones internacionales y la seguridad del país. Colombia necesita liderazgo sereno, no peleas inútiles. Las confrontaciones personales pueden servir al presidente de turno, pero nunca a la Nación”, agrega.
La calle confirmará el respaldo popular que obtendrá Petro en esta coyuntura. Lo cierto es que, más allá de Trump, son los colombianos quienes tienen razones para preocuparse.
La “paz total” ha sido un proceso de indulgencia con los mayores beneficiarios de los negocios ilícitos. Las cifras son claras: 719 víctimas de minas antipersonales en 2024, un aumento del 89 % frente al año anterior, según el Comité Internacional de la Cruz Roja. Los secuestros crecieron 122 %, lo ha documentado la Fundación Ideas para la Paz. Y el reclutamiento de menores regresó con 409 casos, señala la Defensoría del Pueblo. Las decisiones erráticas del presidente han debilitado al Estado en los territorios donde el narcotráfico hoy es ley. “No hay política de seguridad rural ni presencia institucional capaz de reemplazar el vacío que deja la improvisación”. De ahí que la lucha contra las drogas “no es un capricho extranjero, es una necesidad nacional”. “El intervencionismo más peligroso no proviene del extranjero: es el del propio Estado cuando, por omisión o complacencia, interviene en favor del crimen”, puntualiza el diario citado.
En cuanto a la editorial de El Heraldo, hoy viernes, la directora del diario, Erika Fontalvo, cuestiona el mesianismo de ambos mandatarios y en cierto sentido aproxima un paralelismo entre ambos, lo que corrobora que los populistas tienden a acercarse. Fontalvo observa que el dogmatismo y la tendencia a despreciar a quienes los cuestionan o no piensan como ellos los conduce a “descubrir enemigos a derribar por doquier, sin detenerse a considerar las consecuencias de sus determinaciones”.
Los insultos de Trump, espetados contra Petro, han redefinido la relación de Estados Unidos con Colombia “en términos de la más absoluta desconfianza”. La relación bilateral vive su peor momento. Trump está firme en su creencia de que “Colombia se ha rendido al narcotráfico”, que es “una guarida de drogas”, “gobernada por los carteles” y apunta directamente al presidente Petro, acusándolo de ser “un amigo, un líder del narcotráfico”.
No se perciben los canales diplomáticos, solo el evidente deterioro a golpe de tuits y declaraciones que van y que vienen. El secretario de Estado, Marco Rubio, ha llamado a Petro “lunático” y la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, se refiere a él como un “desquiciado”.
Se pasó de décadas de asociación estratégica y acciones compartidas y de corresponsabilidad en la lucha antidrogas al señalamiento de que Colombia es el problema y ya no una parte de la solución. Si todos los anuncios de Trump se concretan este será el fin de una era de fructífera cooperación bilateral, pero, peor aún, “el inicio de una etapa de fuerte vulnerabilidad. Colombia, que durante años ha sido valorada como el aliado más confiable de Washington en la región, corre el riesgo de convertirse en un país aislado, sin respaldo militar ni financiero, en medio de una alarmante expansión de grupos armados del crimen organizado, ensañados en territorios claves y centros urbanos”.
Fontalvo coincide con sus colegas de El Colombiano al subrayar que Petro sobrepasó sus límites y las líneas rojas con Estados Unidos desde el inicio del mandato Trump: “Petro ha rebasado los límites de la relación bilateral, incurriendo en provocaciones y adentrándose en terreno minado. Su intencional estrategia de desafiar al magnate republicano, para forzar una narrativa de confrontación nacionalista, ha terminado por desencadenar una suma de crisis diplomáticas que derivaron en una irreconciliable distancia, con el telón de fondo del genocidio en Gaza”.
La agresiva política estadounidense en el Caribe y en el Pacífico, su nueva doctrina de seguridad, que avala ejecuciones extrajudiciales para aquellos a quienes homologa con terroristas del Estado Islámico genera grandes inquietudes “sobre hasta dónde llegará Trump en su declarado conflicto armado (…) Su perentoria sentencia de que los ‘carteles no escaparán’ nos sitúa en el peor de los mundos (…) Lo que está en juego ya no es solo la relación con Estados Unidos, sino el rumbo que tomará el país”, concluye la directora de El Heraldo este viernes.