María Corina Machado: “Quien hoy apoya a Maduro apoya a un cartel criminal”

21 septembre 2025 - 07:20

Desde la clandestinidad, la líder opositora venezolana María Corina Machado concedió una entrevista a Le Figaro en la que denuncia al régimen de Nicolás Maduro como una estructura criminal y pide un respaldo internacional decidido. Sus palabras revelan tanto la fragilidad del poder en Caracas como la urgencia de una transición democrática.

Han pasado más de cuatrocientos días desde que María Corina Machado se ocultó tras las elecciones presidenciales de julio de 2024. Según afirma, su partido demostró la victoria en las urnas, pero el gobierno respondió con una ola de represión sin precedentes. “Más de 2.000 personas fueron encarceladas, entre ellas niños y mujeres. Dos días después de los comicios supe que iban a detenerme y tuve que esconderme”, relató a Le Figaro.

La clandestinidad no ha frenado su discurso. Desde el encierro forzoso, asegura que ha aprendido a reinventarse y a mantener contacto con la sociedad venezolana gracias a plataformas digitales. Recuerda los años previos de hostigamiento en los que se le prohibió volar dentro del país y tuvo que recorrer carreteras para encontrarse con la gente. Esa experiencia, dice, le permitió forjar “una intimidad increíble con nuestro pueblo”.

Machado denuncia que el régimen ya no puede ser descrito como dictadura tradicional. “Es peor que una dictadura, es una empresa criminal que convirtió al país en un refugio para regímenes iraní, ruso y cubano, así como para grupos terroristas del Medio Oriente, carteles latinoamericanos y guerrillas. Todos están ahí y Nicolás Maduro está al frente de esta estructura criminal”. Con esa frase, busca marcar una diferencia radical: Maduro no representa un poder político autoritario, sino un sistema mafioso con redes transnacionales.

La opositora respalda abiertamente la iniciativa de Donald Trump de lanzar operaciones contra carteles en el Caribe. “Hay que tener el valor de llamar a las cosas por su nombre. Venezuela fue invadida por redes criminales que tomaron el control de nuestro territorio y nuestras instituciones. La decisión del presidente Trump es la forma correcta de deshacerse de estas estructuras mafiosas”, afirmó. En su lectura, la presión externa debilita al régimen y acelera la posibilidad de un cambio.

Ante la pregunta de si esa política no podría fortalecer a Maduro al invocar el nacionalismo, Machado responde con dureza: “Nuestro país está en ruinas. Un profesor gana entre uno y cuatro dólares al mes. Los venezolanos mueren de hambre. Pedimos apoyo internacional para que cese esta tragedia. Es cuestión de vida o muerte”. Su discurso invierte la narrativa oficial: lejos de ser un dique contra el caos, el chavismo se ha convertido en el origen del desastre.

La entrevista también muestra el uso del miedo como último recurso del poder. Machado recuerda que en Venezuela hay 823 presos políticos y que varios murieron bajo condiciones inhumanas. Denuncia casos recientes de secuestro de familiares para forzar la entrega de activistas. Sin embargo, asegura que “la única arma que le queda al régimen es la represión y unos pocos miles de individuos usados para aterrorizar. La gente ya no teme de la misma forma. Saben que esto se acabó, que el cambio está en curso”.

En su visión de futuro, Venezuela debe dejar de ser “el cruce criminal de América” y convertirse en “un cruce energético y tecnológico”. Enumera recursos: primeras reservas de petróleo de la región, octavas de gas, oro, litoral privilegiado y posición geográfica estratégica. Su proyecto pasa por instaurar una república liberal y ética, capaz de atraer de regreso a los ocho millones de venezolanos que viven en el exilio.

La frase más contundente resume su postura: “Quien hoy apoya a Maduro apoya a un cartel criminal. El tiempo de la ignorancia terminó”. Sus palabras no solo interpelan a la comunidad internacional, también a sectores de la izquierda europea que alguna vez vieron en el chavismo una alternativa.

La entrevista refleja el pulso de un país atrapado entre la clandestinidad opositora y el endurecimiento de un poder que se blinda con represión. En esa tensión se juega no únicamente el presente de Venezuela, sino la posibilidad de imaginar una nación reconstruida sobre bases distintas.

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