Maduro y sus 4,5 millones de milicianos: espectáculo militar en clave política

19 août 2025 - 15:32

El anuncio de Nicolás Maduro de movilizar a 4,5 millones de milicianos no puede leerse solo como un gesto defensivo frente a Washington. Es también una escenificación política de poder interno, donde la guerra imaginada se mezcla con la necesidad de cohesión chavista.

El lunes, en un acto televisado, el presidente venezolano aseguró que pondrá en marcha un “plan especial” para desplegar a la Milicia Nacional Bolivariana en todo el país. Se trata de un cuerpo de reservistas creado por Hugo Chávez y convertido hoy en un componente oficial de la Fuerza Armada. El mensaje llegó días después de que la fiscal general de Estados Unidos, Pamela Bondi, elevara a 50 millones de dólares la recompensa por información que conduzca a la captura de Maduro, acusado de supuestos vínculos con el narcotráfico.

En la superficie, el gesto responde a la presión externa. Washington intensificó su retórica y desplegó operaciones militares en aguas del Caribe. Maduro, sin aludir directamente a la recompensa, habló de “amenazas extravagantes” y “refritos podridos”. La narrativa no sorprende: cada movimiento hostil de Estados Unidos se traduce en un recurso para consolidar la épica de resistencia del chavismo.

Pero más allá de las palabras, la magnitud del número anunciado —4,5 millones de milicianos— despierta dudas. ¿Es real esa cifra? ¿Qué capacidad logística tiene un Estado colapsado para sostener tal despliegue? La Milicia, con campesinos y obreros incorporados como “fuerza patriótica”, funciona como un híbrido: arma ideológica y recurso de propaganda. Su visibilidad pública suele pesar más que su eficacia militar.

En la Venezuela actual, la militarización del discurso cumple otra función: trasladar a un terreno bélico los problemas sociales y económicos irresueltos. La escasez, los apagones, la precariedad laboral y la migración masiva se diluyen bajo la consigna de “fusiles y misiles” para la defensa del territorio. La promesa de Maduro de formar milicias en cada fábrica y comunidad convierte la crisis en una causa marcial.

La pregunta es hasta qué punto esta estrategia mantiene su vigencia. El chavismo ha utilizado la retórica militar como cemento político durante más de dos décadas, pero hoy la fatiga social es evidente. El pueblo venezolano sufre más por la inflación y la inseguridad que por un eventual desembarco extranjero. Washington aparece como amenaza abstracta; el hambre y la desigualdad, como realidades cotidianas.

El contraste con los apoyos militares exhibidos en televisión tampoco garantiza estabilidad. La lealtad de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana sigue siendo pilar de la permanencia del régimen, aunque sus fracturas internas son objeto de sospechas. El énfasis en la milicia campesina y obrera busca, en ese contexto, ampliar la base armada con sectores civiles, difuminando la frontera entre Estado, partido y sociedad.

El anuncio de Maduro debe leerse menos como preparación para una guerra inminente y más como un ritual político: demostrar que, frente a cada golpe diplomático o judicial, la revolución se atrinchera. Una estrategia que mezcla disuasión hacia afuera y cohesión hacia adentro. Sin embargo, el tiempo dirá si la población venezolana, exhausta tras años de crisis, sigue dispuesta a creer en la promesa de que fusiles y misiles pueden sustituir pan, luz y estabilidad.

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