La IV Cumbre entre la Unión Europea y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, que se celebra los 9 y 10 de noviembre en Santa Marta, ha perdido peso político después de las cancelaciones de última hora de Ursula von der Leyen, Emmanuel Macron y Friedrich Merz. La asistencia del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, confirmada a última hora, ofrece un respiro al anfitrión Gustavo Petro, que ha acusado a fuerzas ajenas a la paz de torpedear el diálogo birregional en un momento de tensión con Estados Unidos.
La cumbre entre la Unión Europea y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños que arranca este domingo en Santa Marta, Colombia, se ha convertido en un espejo de las fracturas geopolíticas que atraviesan las relaciones transatlánticas. Lo que debía ser el principal mecanismo de diálogo político y concertación estratégica entre ambas regiones ha quedado reducido a una cita de segunda fila tras las cancelaciones en cascada de mandatarios europeos y latinoamericanos.
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, el presidente francés Emmanuel Macron y el canciller alemán Friedrich Merz han confirmado en las últimas horas que no viajarán a Colombia. La italiana Giorgia Meloni tampoco asistirá. Del lado latinoamericano, las ausencias de la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum, el argentino Javier Milei y el chileno Gabriel Boric dejan un vacío diplomático notable en una cumbre que congrega a 60 naciones.
Un portavoz comunitario justificó la ausencia de Von der Leyen argumentando que no asistirá «a la luz de la actual agenda política europea y de la escasa participación de otros jefes de Estado y de Gobierno». El canciller Merz utilizó idéntica excusa, señalando la baja representación de otros líderes. Sin embargo, fuentes diplomáticas citadas por Bloomberg apuntan a otra razón: varios mandatarios europeos han decidido no acudir en parte por temor a irritar al presidente estadounidense Donald Trump.
Lula acude a defender a América Latina
La confirmación del presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva ha sido el salvavidas político que necesitaba la cumbre. El mandatario del gigante sudamericano anunció su asistencia a pesar de sus dificultades de agenda, declarando que acude con la intención de «defender a los países de América Latina». Lula afirmó que la reunión «no tiene sentido» si no se discute el despliegue militar estadounidense en la región y los ataques contra embarcaciones en las costas suramericanas.
El presidente colombiano Gustavo Petro agradeció efusivamente la decisión del brasileño a través de su cuenta en la red social X. «Agradezco al presidente Lula que en este, que es el momento más duro para Latinoamérica y el Caribe, decida que nos encontremos en Santa Marta con Europa. Es la hora de la unidad», escribió Petro, quien además confirmó su presencia en la COP 30 para «luchar por una economía que nos aleje del colapso climático».
La Cancillería colombiana destacó que la cumbre constituye el principal mecanismo de diálogo político entre ambas regiones y representa una oportunidad histórica para traducir la voluntad política en compromisos tangibles. Según el Ministerio de Relaciones Exteriores, Colombia impulsa la IV Cumbre con objetivos claros: definir la hoja de ruta de cooperación 2025-2027 en torno a la transición energética, el desarrollo sostenible y la digitalización inclusiva.
Además de Lula y Petro, han confirmado su asistencia el presidente español Pedro Sánchez y el uruguayo Yamandú Orsi. La Unión Europea estará representada por el presidente del Consejo Europeo António Costa y la alta representante para Asuntos Exteriores Kaja Kallas, quien acudirá en nombre de Von der Leyen. Las autoridades colombianas esperan la asistencia de al menos una docena de mandatarios, cifra muy inferior a la magnitud diplomática habitual de estas reuniones.
Trump y las tensiones en el Caribe como telón de fondo
El contexto geopolítico explica buena parte de las ausencias. La cumbre se celebra en plena escalada de tensiones con Estados Unidos tras las operaciones del Pentágono contra supuestas narcolanchas en el Caribe y con la acumulación de medios navales y aéreos en distintas bases de la región. Trump ha amenazado con intervenir militarmente en Venezuela para desalojar a Nicolás Maduro, de quien ha dicho que «tiene los días contados». Washington también apunta contra Colombia, anfitrión del encuentro, por supuestos vínculos con el narcotráfico.
Fuentes consultadas bajo condición de anonimato sostienen que la postura cada vez más agresiva de Estados Unidos en América Latina ha generado un clima de incertidumbre y cautela diplomática. Trump sancionó recientemente al presidente Petro, lo que ha enfriado los contactos entre Europa y varios gobiernos latinoamericanos en vísperas de la cumbre. La división ideológica en el continente americano tampoco ayuda: República Dominicana aplazó sine die la Cumbre de las Américas que iba a celebrarse próximamente.
Petro no ha ocultado su frustración ante la falta de apoyo internacional y ha acusado a «fuerzas ajenas a la paz» de hacer que la cumbre fracase. «En la nueva geopolítica fósil y antidemocrática, se busca que los pueblos que desean la libertad y la democracia no se junten», señaló en un mensaje reciente en redes sociales. El mandatario colombiano interpreta las ausencias como un sabotaje deliberado al diálogo entre regiones que comparten valores e intereses comunes.
Agenda ambiciosa con representación menguada
A pesar de las ausencias, el programa de la cumbre mantiene su ambición. La agenda contempla dos sesiones de trabajo que abordarán la defensa del multilateralismo, el comercio y la inversión, las transiciones ecológica y digital, y la lucha conjunta contra la delincuencia organizada, la corrupción y el tráfico de drogas y personas. También se explorarán nuevas vías de colaboración para promover la paz, la seguridad y la prosperidad compartida.
António Costa subrayó que la cumbre representa «una oportunidad importante para mantener el compromiso entre la UE y la CELAC». «En un período de volatilidad e incertidumbre, es vital que la Unión Europea actúe como un socio fiable y predecible», indicó un portavoz del presidente del Consejo Europeo. Costa copresidirá la reunión junto a Petro en su calidad de presidente pro tempore de la CELAC.
Desde la Comisión Europea defienden que ante los desafíos y divisiones geopolíticas, la cumbre confirma la importancia y el impulso de las relaciones entre Europa y Latinoamérica. Costa añadió en un comunicado que «en un momento en que el mundo corre el riesgo de encerrarse en sí mismo, esta cumbre reafirma la fuerza y la vitalidad de la asociación de la UE con América Latina y el Caribe». «Mientras otros pueden recurrir a los aranceles y al proteccionismo, nosotros optaremos por más comercio, más inversión y más cooperación», agregó.
Con más de mil millones de personas, la CELAC y la UE representan juntas el 14% de la población mundial, el 21% del PIB global y un tercio de los miembros de las Naciones Unidas. La magnitud de lo que está en juego contrasta dramáticamente con el nivel de representación política que finalmente asistirá a Santa Marta. La cumbre amenaza con quedar como un encuentro más cerca del desencuentro que del diálogo efectivo entre dos regiones que comparten desafíos globales urgentes.