Lali Espósito volvió a dejar una huella en la historia del pop argentino. En su tercer estadio lleno de la gira No vayas a atender cuando el demonio llama, la artista brilló ante 45.000 personas en Vélez, en un show explosivo que fue mucho más que música: fue resistencia y celebración.
El estadio Vélez Sarsfield se convirtió en un mar de energía. Lali apareció con un vestuario punk barroco y conectó con el público desde el primer acorde. “Esta canción es el motor de todo esto… ustedes saben cuál es”, anunció antes de interpretar Fanático, su himno frente a los ataques del presidente Javier Milei. El tema, que le valió tres Premios Gardel, fue coreado con un estribillo que convirtió el estadio en una declaración política.
A lo largo de más de dos horas, la cantante repasó sus grandes éxitos acompañada de veinte bailarines, mujeres guitarristas y escenografías dinámicas. Entre canciones como Boomerang, Ego y Incondicional —iluminada por 40.000 celulares—, Lali envió un mensaje contundente: “El odio nace de un origen preciso. Vivir con miedo jamás debe convertirse en la norma”, se leía en las pantallas antes de una vibrante performance queer de Soy.
El show también tuvo momentos de complicidad. Dillom apareció como invitado para cantar 33, mientras que Moria Casán sorprendió con un mensaje grabado: “Gladiadora del pop”, celebró, justo antes de que sonara ¿Quiénes son?. Tampoco faltó el costado íntimo: en Mejor que vos dedicó versos a su pareja, el comunicador Pedro Rosemblat.
Hacia el final estrenó en vivo Payaso y cerró con No me importa, un estallido punk que dejó al público desbordado. Con las luces encendidas, el estadio entero coreaba: “Voten bien, voten bien”, en plena víspera electoral en Buenos Aires.
Con 32 años, Lali encabeza la escena pop argentina y se afirma como una voz política y cultural. Su último álbum, No vayas a atender cuando el demonio llama, confirma una evolución artística que combina espectáculo, provocación y compromiso social.