Francisco Sotelo es periodista y editor jefe de la sección Opinión del diario El Tribuno de la provincia de Salta en Argentina. En conversación con Clara Riveros, Sotelo comenta y analiza la diseminación de la presencia y de la consecuente violencia del narco en su país. Todo ello enmarcado en los terribles hechos que costaron la vida a tres jóvenes mujeres de 20 y 15 años el fin de semana pasado. El triple crimen ha sacudido a la sociedad argentina por la sevicia de los criminales, pero advierte síntomas y cuestiones más profundas e incluso rupturas en el contrato social argentino.
Clara Riveros: Viví en Buenos Aires hace años y es una de mis ciudades favoritas. Argentina fue el primer país en el que viví al dejar Colombia y significa mucho para mí. Hay muchos aspectos que aprecio de la argentinidad y que admiro de su sociedad. Me cuesta dar crédito y asimilar esta noticia del triple crimen de las jóvenes del conurbano bonaerense, ese tipo de violencia, esa degradación de la vida y del sentido de la vida…
Francisco Sotelo: En primer lugar, el crimen organizado gana terreno progresivamente en la Argentina. Se trata de un país de tránsito, pero también con capacidad para procesar la pasta base o producir drogas sintéticas. Por eso, a través de la frontera norte, muy permeable, desde la Puna hasta el río Pilcomayo y, luego, por la hidrovía en el río Paraná ingresan grandes cantidades de cocaína y marihuana, además de otros psicofármacos. El objetivo principal es la exportación a Europa, pero en una ciudad como Rosario, un puerto internacional sobre el Paraná, se han formado bandas criminales dedicadas a la venta al menudeo que se cobraron cientos de víctimas.
El cambio de gobierno, en 2023, frenó la criminalidad, aunque no parece haber desbaratado el gran negocio del crimen organizado. Otro lugar estratégico es el Área Metropolitana Buenos Aires (AMBA), que abarca la ciudad capital, el Conurbano bonaerense y otras localidades periféricas. Allí vive el 40% de los habitantes del país. Es el ámbito donde más se nota la desigualdad de ingresos. El conurbano muestra los mayores indicadores de pobreza. No obstante, el asesinato de tres mujeres jóvenes en Florencio Varela no registra muchos antecedentes. Es desgarrador no sólo por las vidas cercenadas, sino por la saña perversa con que fue ejecutado. El hecho bien podría titularse: “Orgía del crimen”. Una acción macabra, acompañada de exhibicionismo de parte de los criminales, que, según el ministro bonaerense de Seguridad, transmitieron la masacre en vivo por Instagram a un grupo de “soldaditos” de la mafia.
C.R.: Ya en los días en que me disponía a dejar el país, en 2012, se hablaba de la violencia del narco en la Argentina, principalmente en Rosario donde al parecer residían narcos colombianos. Quiero decir que este hecho macabro y brutal nos impacta a todos, pero en realidad la presencia y arraigo del narco en Argentina viene consolidándose hace varios años e incluso décadas…
F.S.: Sin duda. Es un proceso que fue creciendo imperceptiblemente. Pero, ya a fines de los años 80, la llegada del PACO, un cigarrillo fabricado con desechos de pasta base de cocaína y químicos altamente tóxicos, con gran poder adictivo, comenzó a hacer estragos entre los jóvenes de los barrios más postergados. La migración desde las provincias del norte argentino y países limítrofes fue generado un cordón de pobreza que los gobiernos manejaron en función de sus intereses.
Hay que destacar que, en medio siglo, la informalidad económica, al margen de las leyes laborales y de los derechos de los trabajadores, se convirtió en la fuente de dos tercios del empleo. El auge del crimen organizado en Rosario y el área metropolitana en torno a Buenos Aires se vincula con intereses estratégicos de un comercio clandestino, que se aprovecha de los sectores con mayor vulnerabilidad (como es el caso de Brenda del Castillo, Morena Verdi y Lara Gutiérrez, las jóvenes asesinadas). Ese fenómeno extiende sus tentáculos por todo el país y es evidente que los gobiernos tienen escasa voluntad o enorme incompetencia para ponerle freno.
Justamente, este trágico episodio muestra la alarmante impunidad con que se expande el crimen organizado. En este caso, las jóvenes engañadas hicieron un recorrido, por lo menos, de 37 kilómetros entre La Tablada, en el partido de La Matanza hasta Florencio Varela, en el sudoeste del Conurbano, camino a La Plata. Al parecer, ingresaron en ese trayecto a la Villa 1-11-14, en la Ciudad de Buenos Aires. Versiones abundan y hay cuatro detenidos. Incluso, hay una búsqueda de un jefe narco, probablemente de segundo nivel, que organizó lo que parece una venganza ejemplarizadora.
En todo el mundo, el crimen organizado cuenta con la complicidad, o la cobertura, de funcionarios, magistrados, empresarios y profesionales aparentemente respetables.
El ministro bonaerense Javier Alonso, a pesar de que el vehículo de los criminales recorrió de punta a punta el Conurbano con patentes adulteradas, parece desconcertado. Ni él ni nadie sabe todavía a ciencia cierta quién dio la orden.
C.R.: ¿Qué está haciendo el gobierno nacional para contener la expansión del narco y de su violencia en la Argentina o las medidas dependen de cada provincia?
F.S.: Según la legislación argentina, todos los gobiernos tienen la responsabilidad de garantizar la seguridad y la paz social. El crimen de estas tres chicas no está caratulado como narcotráfico, por eso está siendo investigado por la Justicia provincial de Buenos Aires. Aunque el crimen ocurrió en Florencio Varela, la investigación se centralizó en La Matanza porque las víctimas desaparecieron allí y porque se presume que el origen del conflicto narco está vinculado a esa jurisdicción.
El gobierno de Javier Milei ha puesto la lucha contra el narcotráfico como una de sus grandes banderas. En la frontera norte, con Chile y Bolivia, hay un plan que comparten las fuerzas federales y cuenta con la colaboración de la inteligencia militar. Sobre este tema no tengo una evaluación de resultados. Tanto en Rosario como en Salta han sido detenidos funcionarios y magistrados. Pero, lo cierto es que, en Rosario, el crimen organizado salió de las primeras planas y los jefes de las bandas están presos en Ezeiza, provincia de Buenos Aires, y con la comunicación bloqueada.
Los expertos descreen de que las bandas estén desarticuladas. Y también opinan que el paraguas de cobertura para el lavado de dinero sigue intacto. Donde no se avanza es en lo relativo al rol del crimen organizado en el financiamiento de la política.
C.R.: Uno de los factores que a mi juicio hicieron más interesante la consolidación de la Argentina como sociedad moderna, fue la educación como política de Estado desde el siglo XIX y que sumada a otros elementos y circunstancias coadyuvaron e incidieron en la formación y afianzamiento de una sociedad más abierta, plural y horizontal, sin los estereotipos tan marcados o los contrastes de clase, del tipo de sociedad estamental heredados de la época colonial, tan visibles en mi país de origen. Pero, las sucesivas crisis del país han ido borrando esa horizontalidad social, la marginalidad ha ido imponiéndose a tal nivel que hoy la sociedad argentina es mucho más parecida a las otras sociedades latinoamericanas en su exclusión, degradación cultural y difíciles condiciones de vida para muchos ciudadanos y jóvenes que terminan captados por las mafias criminales y donde la vida pierde todo sentido y valor. No sé si estoy equivocada en esta aproximación que no deja de ser una mirada externa y superficial, pero, en ese contexto me animo a preguntarle: ¿En qué están fallando el país, la sociedad, las élites, para llegar a situaciones como esta donde tres jóvenes han sido asesinadas de esta manera tan brutal en un crimen que pareciera perpetrado por los terroristas de ISIS?
F.S.: Tal cual lo describes. El país ha sufrido un retroceso social, laboral y educativo notable. Tanto en este fenómeno como con el crimen organizado, no hay un gobierno responsable en particular. En relación con el escenario latinoamericano, sin embargo, el país mantiene algunos rasgos de modernidad y una fuerte conciencia de los derechos humanos.
Las elecciones, a lo largo de este año, muestran que más de la mitad de los argentinos no se sienten representados por las figuras notorias de la política. Creo que el debilitamiento de la actividad económica y del comercio exterior se deben a ese fenómeno.
Mi opinión: un dato central está en que los partidos políticos se han diluido. Las utopías antagónicas, libertaria y bolivariana, carecen de proyecto sustentable y, al mismo tiempo, tanto desde el Congreso como desde Poder Ejecutivo, desde hace décadas, ignoran lo que significa la independencia de poderes. Es evidente que pagamos el precio de casi medio siglo de golpes de Estado, entre 1930 y 1983. Como escribió el filósofo del Derecho, Carlos Santiago Nino, en los albores de la actual etapa democrática, somos “un país al margen de la Ley”.
La cultura autoritaria del golpismo no se ha superado plenamente. Y este crimen, que usa la misma metodología sádica de ISIS, no es ideológico, es mafioso. Y entraña un riesgo: que el actual gobierno pretenda sumarse a la guerra contra el narcotráfico que exhumó Donald Trump y se tiente con los métodos represivos de Nayib Bukele, presidente de El Salvador, aunque realmente no creo que se llegue a eso.