Junto con varios dirigentes en activo, los hijos y esposa del expresidente emergen como posibles candidatos para las elecciones de 2026. Eduardo Bolsonaro se erige como el favorito de la familia desde su exilio en Estados Unidos, al tiempo que el gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas, se perfila como la opción más viable para unificar al electorado conservador. Las encuestas muestran que Lula mantendría ventaja frente a cualquier candidato de la derecha, evidenciando la fragmentación del bolsonarismo tras la caída de su cabecilla.
La condena de Jair Bolsonaro a 27 años de prisión por intento de golpe de Estado obliga a la extrema derecha brasileña a buscar un sucesor que pueda liderar a los ultraconservadores en las elecciones presidenciales de 2026. El expresidente, inhabilitado hasta 2030, mantiene una fuerte influencia sobre su base electoral y será determinante en la elección del candidato que represente sus ideas. «Es muy difícil que deje este legado que construyó en manos de alguien que no sea un Bolsonaro», declaró un asesor cercano al clan, evidenciando el deseo del expresidente de crear una dinastía política que perpetúe su proyecto político en el país.
Eduardo Bolsonaro, de 41 años, emerge como el principal candidato familiar para suceder a su padre. El diputado federal declaró que «podría ser candidato a la presidencia de la República en 2026 sólo si su padre se lo pide», manteniendo la lealtad familiar característica del clan. Eduardo ha pasado los últimos meses defendiendo la causa de su padre desde Estados Unidos, donde logró que la administración Trump impusiera aranceles del 50% a productos brasileños. Su experiencia internacional y vínculos con líderes conservadores globales lo posicionan como una opción natural, aunque su residencia en territorio estadounidense genera dudas sobre su viabilidad electoral.
La opción de Michelle Bolsonaro, esposa del expresidente, también cobra fuerza dentro del círculo familiar. Michelle, casi tres décadas menor que Jair, es una devota cristiana evangélica y oradora apasionada con fuerte conexión entre las votantes protestantes, un electorado en ascenso. Sin experiencia electoral previa, ha construido su propio perfil político liderando la rama femenina del Partido Liberal y alimentando especulaciones sobre una posible candidatura. Su conexión con el electorado evangélico, sector clave para el bolsonarismo, la convierte en una carta atractiva para mantener la cohesión de la base conservadora del movimiento.
Tarcísio de Freitas, la carta más competitiva
Fuera del círculo familiar, Tarcísio de Freitas, gobernador de São Paulo, aparece como el candidato más viable para unificar al electorado de derecha. «Tarcísio es el candidato más fuerte, definitivamente unificaría al centro y la derecha. Hoy lo considero imbatible», declaró el senador Nogueira, aunque advirtió que «será quien lo decida» Bolsonaro. Freitas mantiene un perfil más moderado que el expresidente, lo que le permitiría atraer votantes del centro político desencantados con la polarización. Sin embargo, su dependencia de la bendición de Bolsonaro evidencia la centralidad que mantiene el expresidente en la definición de candidaturas conservadoras.
Las encuestas confirman la competitividad de Freitas frente a Lula. Según la encuesta Latam Pulse del instituto AtlasIntel, «Lula aparece con el 41,6% de las intenciones de voto, contra el 32,3% de Tarcísio de Freitas, el anti-Lula más competitivo». Esta diferencia de nueve puntos representa el margen más estrecho de todos los posibles candidatos conservadores, posicionando al gobernador paulista como la opción con mayores posibilidades de victoria. No obstante, Freitas mantiene públicamente que buscará la reelección en São Paulo, esperando una definición sobre el futuro político de Bolsonaro antes de anunciar sus intenciones presidenciales.
Otros nombres emergen en el espectro conservador, aunque con menor proyección nacional. Ronaldo Caiado, gobernador de Goiás, ha lanzado prematuramente su precandidatura presidencial, conectando con la base bolsonarista a través de su línea dura en seguridad. Sin embargo, las encuestas muestran que «Lula le ganaría a todos los candidatos que reemplazarían a Bolsonaro», con ventajas que oscilan entre 3 puntos sobre Michelle Bolsonaro y 14 puntos sobre Flavio Bolsonaro. Esta fragmentación de la derecha beneficia al presidente en ejercicio, quien mantiene ventaja electoral pese a las dificultades económicas y políticas de su gobierno.
La búsqueda de un sucesor evidencia las limitaciones del bolsonarismo sin su líder carismático. Como advierte el politólogo Paulo Niccoli Ramírez, «la inelegibilidad de Bolsonaro ya demostró que hay una fragmentación de la derecha» y «este vacío político termina creando una fragmentación de candidaturas, lo que podría perjudicar a la extrema derecha». La ausencia de un liderazgo unificador puede dividir al electorado conservador entre múltiples candidatos, facilitando la reelección de Lula en un escenario de dispersión de votos. El desafío para la derecha brasileña será encontrar una figura que combine legitimidad bolsonarista con capacidad de ampliar su base electoral hacia el centro político.