La victoria electoral de Javier Milei en las elecciones legislativas de octubre de 2025 desató una explosión de optimismo en los mercados financieros: los bonos soberanos subieron hasta un 24%, las acciones argentinas en Wall Street se dispararon un 48% y el riesgo país retrocedió hasta niveles de mayo. Sin embargo, esa euforia bursátil contrasta con una economía real que se contrajo durante el segundo trimestre, una crisis laboral con 7,9% de desempleo oficial, 42% de informalidad y 173.563 empleos formales destruidos desde diciembre de 2023, y una deuda pública que, dependiendo de cómo se mida, aumentó entre 5.500 y 41.000 millones de dólares en 2025, poniendo en duda la sostenibilidad del modelo económico libertario.
Los mercados financieros celebraron como si Argentina hubiera resuelto todos sus problemas estructurales. La victoria de La Libertad Avanza, el partido de Javier Milei, en las elecciones legislativas del 27 de octubre de 2025, con más del 40% de los votos, fue interpretada por inversores locales e internacionales como la consolidación definitiva del plan de ajuste más severo que Argentina ha experimentado en décadas. El Financial Times y The Wall Street Journal dedicaron análisis extensos al fenómeno, destacando que el peso argentino se fortaleció un 10% frente al dólar, los rendimientos de la deuda en dólares cayeron por debajo del 10% y el riesgo país se desplomó desde niveles superiores a mil puntos hasta 652 puntos básicos. Analistas como Thierry Larose, de Vontobel, afirmaron que el impulso reformista de Argentina ha regresado y Milei puede legislar desde una posición de fortaleza, no de supervivencia.
La narrativa dominante en los círculos financieros sostiene que la victoria electoral disipó el principal riesgo político: el posible regreso del kirchnerismo al poder en 2027. Durante la campaña, Milei agitó sistemáticamente ese fantasma, advirtiendo que votar a la izquierda significaba votar por más inflación, caída del peso y turbulencias financieras. El slogan oficial del oficialismo resumía esa estrategia: la libertad avanza o Argentina retrocede. El presidente estadounidense Donald Trump reforzó ese mensaje al condicionar su apoyo financiero a Argentina al resultado electoral, llegando incluso a congelar la ejecución de acuerdos de financiamiento hasta conocer el desenlace de los comicios. La confusión diplomática de Trump, quien creía que se trataba de elecciones presidenciales y no legislativas, derivó en la dimisión del canciller argentino Gerardo Werthein, pero no alteró el resultado: los mercados interpretaron la victoria de Milei como luz verde para profundizar el ajuste fiscal y avanzar hacia una economía completamente desregulada.
El divorcio entre Wall Street y la economía real
Sin embargo, existe un divorcio evidente entre el despegue de los mercados y la dinámica cotidiana de los sectores productivos. Según el último informe del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos, correspondiente al segundo trimestre de 2025, la economía argentina se contrajo un 0,1% con respecto al trimestre anterior, quedando a las puertas de una recesión técnica. Los datos preliminares del Estimador Mensual de Actividad Económica muestran que julio fue un mes de contracción, mientras que agosto arrojó una leve suba insuficiente para impedir una nueva fase recesiva. El mercado laboral presenta cifras aún más preocupantes: el desempleo oficial alcanzó el 7,9% en el primer trimestre de 2025, el nivel más alto desde 2021 y desde que Milei asumió el poder. Sin embargo, esa cifra solo mide 31 aglomerados urbanos y oculta una realidad mucho más grave: 173.563 empleos formales destruidos entre diciembre de 2023 y marzo de 2025 según datos del Sistema Integrado Previsional Argentino, una tasa de informalidad del 42% que subió del 40,8% en 2024, y solo el 46% de los ocupados con empleo asalariado registrado, el nivel más bajo desde 2007.
La situación se agrava en regiones clave: el Gran Buenos Aires, el área más poblada del país, registra un desempleo del 9,1%, muy por encima del promedio nacional. Entre los jóvenes de 14 a 29 años, la desocupación alcanza el 19,2% en mujeres y el 15,1% en varones. Además, el subempleo afecta al 10% de la población económicamente activa, mientras que la presión total sobre el mercado laboral, que suma desocupados, subocupados y ocupados que buscan más trabajo, llega al 29,7%. Los sectores más devastados son construcción, que perdió 61.956 puestos desde diciembre de 2023 (el 53,7% del total destruido), y el sector público, que eliminó 58.210 empleos considerando los tres niveles de gobierno. Marcelo Fernández, presidente de la Confederación General Empresaria de la República Argentina, resume la contradicción: ese boom puede ser financiero, pero no es productivo y laboral. Eso puede servir para especular, ganar dinero a través de la compra venta de divisas, bonos, acciones. Pero el mercado interno no está funcionando, por la baja del poder adquisitivo del salario y la facilitación de importaciones.
La trampa de la deuda y el cepo cambiario
La promesa central de la campaña presidencial de Milei era dolarizar la economía argentina, eliminar el Banco Central y liberar completamente el mercado de divisas. Casi dos años después de su llegada al poder en diciembre de 2023, ninguna de esas promesas se ha cumplido. Argentina tiene hoy una de las monedas locales más fuertes del mundo, sostenida artificialmente mediante un atraso cambiario que hace del país el más caro de América Latina. El peso se revalorizó un 40,1% frente al dólar en 2024, pero esa fortaleza es ficticia: el gobierno mantiene férreos controles de capital, bloquea la compra libre de divisas para empresas y ciudadanos, y quema reservas en dólares que no tiene para sostener la cotización oficial. El cepo cambiario que Milei prometió eliminar sigue vigente, y el presidente ahora anuncia que se mantendrá al menos hasta las elecciones de finales de 2027.
La evolución de la deuda pública argentina es objeto de debate técnico y político. Según cómo se mida, las conclusiones varían dramáticamente. Si se considera únicamente la deuda bruta de la Administración Central, aumentó 41.000 millones de dólares entre noviembre de 2023 y diciembre de 2024. Si se incluyen los pasivos del Banco Central, la deuda se redujo en 18.400 millones de dólares. Si se excluye la deuda intrasector público pero se considera la evolución de las reservas netas, el endeudamiento se redujo en 38.800 millones. Sin embargo, los datos de 2025 muestran una reversión de esa tendencia: en el primer semestre del año, la deuda estatal neta aumentó 5.500 millones de dólares, según cálculos de Pablo Repetto, de la consultora Aurum. Argentina enfrenta pagos de deuda externa por más de 17.000 millones de dólares en 2025, de los cuales 8.900 millones corresponden a acreedores comerciales y 8.100 millones a organismos oficiales, incluidos 3.000 millones en intereses al Fondo Monetario Internacional.
Las advertencias de JP Morgan y el contexto internacional
El informe del gigante financiero JP Morgan publicado en agosto de 2025 fue un cubo de agua fría para el gobierno argentino. Sin anestesia, el banco recomendó a los inversores vender los bonos argentinos, cuestionó la sostenibilidad del plan económico y alertó sobre dos bombas de tiempo: un tipo de cambio inestable y una potencial fuga masiva de capitales cuando se levanten los controles. La deuda externa neta estrecha superará el 190% de los ingresos de cuenta corriente en 2025-2026, según Standard & Poor’s, una ratio que evidencia la vulnerabilidad extrema de Argentina ante shocks externos. La abolición de los controles cambiarios conlleva riesgos, advierte el informe de S&P: una fuerte depreciación de la moneda después de la eliminación de los controles podría impulsar la inflación, socavando el reciente avance en la estabilización de la economía.
El contexto internacional que enfrenta Milei para refinanciar deuda es significativamente menos favorable que el que tuvo Mauricio Macri en 2016-2017, la última vez que Argentina accedió a los mercados voluntarios de crédito. Luis Caputo, actual ministro de Economía y quien también ocupó ese cargo bajo Macri, reconoce las diferencias: en la época de Macri hubo una euforia financiera, no se hizo el trabajo fiscal y monetario sucio que hicimos nosotros ahora y, consecuentemente, no vinieron inversiones a la economía real. El riesgo país argentino cerró en 599 puntos el 10 de noviembre de 2025, un nivel similar al del 18 de abril de 2016, pero las condiciones globales han cambiado. La Reserva Federal estadounidense mantiene tasas de interés elevadas, los mercados emergentes enfrentan mayor escrutinio y la competencia por capital es más intensa que hace una década.
La apuesta por Trump y la promesa incumplida de los fondos
La afinidad personal entre Milei y Donald Trump ha sido presentada como un activo estratégico para Argentina. El presidente estadounidense anunció en abril de 2025 una línea de swap de hasta 10.000 millones de dólares para respaldar al peso argentino, pero más de un año después, esos recursos nunca llegaron. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, mencionó durante una visita a Buenos Aires una facilidad de 20.000 millones de dólares financiada por bancos privados para invertir en deuda soberana argentina. Milei reconoció que las negociaciones llevarán tiempo, pero insiste en que el plan sigue vigente. Mientras tanto, Argentina negoció con China un préstamo por 18.000 millones de dólares, una paradoja notable para un gobierno que se presenta como aliado incondicional de Washington y crítico del régimen comunista chino.
El FMI respaldó las reformas de Milei con un préstamo de 20.000 millones de dólares en abril de 2025, elevando la deuda total del país con el organismo a 56.000 millones de dólares. Sin embargo, el Fondo exige ahora una devaluación que el gobierno argentino rechaza tajantemente, generando un nuevo punto de fricción. Milei argumenta que el aumento en la demanda de dinero previsto para los próximos meses, a medida que se disipa la incertidumbre electoral y la economía se reactiva, facilitará la compra de dólares para las reservas del Banco Central. En una entrevista con el Financial Times, el presidente argentino desafió a los inversores que piden una flotación libre del peso, sosteniendo que han sido influidos por economistas y consultoras locales que sistemáticamente se han equivocado. Milei mantiene su estrategia de preservar el peso dentro de bandas de flotación progresivamente más amplias al menos hasta las elecciones de 2027, postergando indefinidamente la promesa de dolarización que lo llevó al poder.
El coste social del ajuste y la fragilidad política
El Wall Street Journal destacó un fenómeno político significativo en su análisis de las elecciones: los argentinos pobres, a quienes Eva Perón idolatraba como el corazón y el alma del país, se quedaron en su mayoría en casa, en una dura reprimenda al movimiento peronista que ha dominado la política local durante 80 años. La abstención en los barrios más vulnerables de Buenos Aires fue masiva, mientras que los votantes de clase media se movilizaron para rescatar a Milei y su revuelta a favor del libre mercado. Sin embargo, esa victoria no garantiza estabilidad social. La sociedad argentina estuvo preparada para el fuerte ajuste de 2024, pero la paciencia tiene límites cuando el sacrificio no se traduce en mejoras tangibles. Con 29,7% de presión total sobre el mercado laboral, 42% de informalidad y salarios que pierden poder adquisitivo pese a la inflación a la baja, el modelo muestra grietas estructurales que ninguna euforia bursátil puede ocultar.
Entre la euforia precoz de un mercado exultante por la victoria electoral y la reactivación de la economía argentina hay una distancia que alerta a todos los sectores. Ricardo Delgado, economista y presidente de la consultora Analytica, resume el dilema: dime qué políticas económicas vas a seguir y te diré cuál será la dinámica de los activos. El problema es que Argentina lleva casi dos siglos diciéndole al mundo qué políticas seguirá y luego incumpliendo sistemáticamente esas promesas. La victoria de Milei en las legislativas le otorga mayor capacidad para aprobar reformas en el Congreso, pero la ventana de oportunidad es estrecha. El presidente debe demostrar que puede convertir la euforia de Wall Street en crecimiento genuino de la economía real, crear empleo, reducir la pobreza y, simultáneamente, refinanciar más de 17.000 millones de dólares de deuda sin provocar una crisis cambiaria. Es un acto de equilibrismo que ningún gobierno argentino ha logrado sostener en las últimas décadas, y las señales de noviembre de 2025 sugieren que esta vez no será diferente.