El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, quien dentro de una semana cumplirá 80 años, ha confirmado este jueves que se presentará a las elecciones de octubre de 2026 para competir por un cuarto mandato. El presidente de Colombia, Gustavo Petro, ha convocado a una movilización el viernes para iniciar la recolección de firmas que le permita avanzar en el camino deseado hacia una Asamblea Nacional Constituyente que, eventualmente, abra la puerta a su permanencia en el poder.
Pareciera que la ebriedad de poder en los presidentes latinoamericanos les plantea una enorme y seria dificultad para terminar su mandato, abandonar el poder, irse a casa y continuar con su vida, disfrutando de su jubilación y de sus nietos, viviendo su tercera edad con la plenitud que debería alcanzarse en esa etapa de la vida.
Este jueves el presidente Luiz Inácio Lula da Silva ha dicho a su homólogo indonesio Prabowo Subianto, al término de una reunión bilateral en Yakarta, según el discurso divulgado por la Presidencia de Brasil: “Voy a disputar un cuarto mandato”. “Mi mandato termina en 2026, al final del año, pero estoy preparado para disputar otras elecciones”. “Estoy con la misma energía de cuando tenía 30”, manifestó.
El líder brasileño gobernó en dos períodos consecutivos entre 2003 y 2011 y regresó al poder tras imponerse en los comicios de 2022 frente a Jair Bolsonaro. A Bolsonaro se le prohibió judicialmente, en 2023, ser candidato y la medida contempla siete años, hasta 2030. No obstante, en septiembre fue condenado a 27 años de prisión por tentativa de golpe de Estado.
Lula fue candidato tres veces (1989, 1994 y 1998) sin éxito, antes de vencer en el proceso electoral de 2002. En 2018 fue inhabilitado para competir debido a una condena por corrupción, esta fue anulada por el Tribunal Supremo tres años más tarde, en 2021. El mandatario ya había deslizado que aspiraba a un nuevo mandato si su salud se lo permitía. La derecha aún no ha definido quién será su candidato.
Una vez concluya la visita de Estado en Indonesia, Lula se trasladará a Malasia para participar de la cumbre de líderes de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN), donde se prevé un eventual encuentro con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Por su parte, el presidente de Colombia, Gustavo Petro, ha exhortado a sus seguidores a una movilización mañana viernes en la Plaza de Bolívar de Bogotá, a pocas cuadras del palacio presidencial. La manifestación está convocada en lo que denomina un acto de defensa frente a “un monstruo como Trump”, según precisó el mandatario colombiano en el momento de mayor tensión con su homólogo estadounidense.
Esta movilización iniciará el proceso de recolección de firmas para convocar a una Asamblea Nacional Constituyente. Este ha sido el deseo del mandatario desde su arribo al poder. Y buscaría, además de elaborar una nueva Constitución, en consonancia con sus ambiciones, abrir la puerta a su reelección. Petro ya había indicado en junio que, en las elecciones legislativas de marzo de 2026, también “será entregada una papeleta para convocar la Asamblea Nacional Constituyente”. La iniciativa, no obstante, genera rechazo en diversos sectores.
“El pueblo tiene que salir hoy a la calle, y por eso el viernes los invito a las 4 a acompañarme porque es en compañía que uno se defiende de un monstruo como Trump”, dijo el martes durante el Consejo de Ministros.
Este miércoles, el periodista Daniel Coronell, quien entrevistó a Petro el lunes, fue consultado en la W Radio respecto a la entrevista con el mandatario colombiano. Coronell explicó que conoce a Gustavo Petro desde hace 40 años y es la séptima vez que lo entrevista. La primera entrevista tuvo lugar cuando Petro aún era guerrillero.
Pero, en esta última ocasión, el presidente actúo de manera preocupante, según se extrae del diálogo entre Coronell y la mesa de trabajo de la cadena radial. Petro fue persistentemente evasivo. Como es usual llegó con retraso a la entrevista que duraría una hora, pero la extendió por más de dos horas. De forma recurrente, no respondió a lo que se le preguntaba y la mayor parte del tiempo mantuvo un monólogo sobre los temas que quiso pero no sobre las cuestiones que se le consultaron. Habló de diferentes temas creyendo ser un erudito, un sabio, un filósofo.
Coronell agregó que el presidente estaba más preocupado por oírse a sí mismo, en sus divagaciones, que por abordar la situación de Colombia y el impacto de la crisis con Estados Unidos. El periodista notó el extravío de Petro. El mandatario está extraviado en su vanidad y su comportamiento lo confirma. Está convencido de que no tiene equipo de gobierno integrado por iguales o semejantes, sino que tiene súbditos.
Petro se mostró molesto porque no fue invitado a un concierto de Carol G en el Vaticano, no evitó mostrar su desprecio por María Corina Machado y evitó responder a los cuestionamientos en relación con el régimen de Caracas. Desconoce la profundidad del daño causado a la relación con Estados Unidos y su impacto para el país. Pero también se molestó cuando se le indicó que otros presidentes de izquierda como Claudia Sheinbaum, Gabriel Boric y el mismo Lula tienen relaciones más civilizadas y razonables, más allá de su ideología, con Estados Unidos.
El extravío, la ebriedad de poder, le ha llevado al mandatario colombiano a sobredimensionar su rol en el mundo. Gustavo Petro realmente está convencido de su importancia internacional y de que su acción en Nueva York, semanas atrás, fue decisiva para concretar el plan que ha llevado al alto el fuego en Gaza. No se trata de una suerte de puesta en escena, sino que su estado de perturbación, término usado por Coronell, es real. El general se ha extraviado en su propio laberinto.