La descalificación del hacer periodístico en Colombia durante el gobierno Petro

10 août 2025 - 10:30

El presidente colombiano gobierna a golpe de tuits.Pero no es el único: otros mandatarios de signo contrario en la región, véase a Milei en Argentina o a Bukele en El Salvador, también lo hacen. Gobiernan desde Twitter y, además, corrigen noticias y ‘desmienten’ informaciones que suministran los medios de comunicación, nacionales o extranjeros.

Más allá del antagonismo ideológico, los populistas se parecen mucho más de lo que están en capacidad de admitir. Milei decía esta semana que va a dejar de insultar y, acto seguido,  seguía insultando y degradando a quienes no piensan como él, todo en el mismo discurso. Petro ha instado en el pasado, a sus ministros y funcionarios, a respetar el oficio periodístico y a seguir los estándares interamericanos sobre libertad de expresión que, entre otros, excluyen la estigmatización e intimidación contra medios de comunicación. Pero, acto seguido, es el mismo Petro quien viola su directriz difundiendo fake news en Twitter que, por un lado, desencadenan ataques y reacciones desmesuradas y, por el otro, el mismo presidente se niega a rectificar públicamente aquellas falsedades en las que incurre, con lo cual, no solo genera el daño sino que no lo repara.

Petro ‘desmiente’ y esto va entrecomillado porque en rigor lo suyo es un ejercicio de retórica excesiva y cansina con pretendidas ínfulas de superioridad moral. Los extensos tuits de Petro son útiles para el consumo interno -van destinados a sus seguidores y correligionarios- y la viralización desde las “bodegas” del petrismo. Bodega, en este contexto, es un aglutinado de cuentas o perfiles en redes sociales, organizadas y pagadas, que conforman una suerte de ejército virtual dedicado a viralizar contenidos específicos, así como a posicionar o desprestigiar una idea o un líder, crítico, opositor o detractor. Se difunde, ataca y mina, también, la credibilidad de los medios de comunicación y de los periodistas. Quien se dedica a estas actividades lleva el nombre de “bodeguero”, su trabajo toma tiempo y, en consecuencia, es remunerado. Los bodegueros perciben honorarios, están pagados.

Esta gente omite y desconoce deliberadamente aquel principio de que los representantes políticos, y con mayor razón quien ocupa la máxima magistratura del Estado, debería tener más teflón, mostrar mayor tolerancia y resistencia a la crítica, habida cuenta de su posición de poder. Dicho de otra manera, comprender de buen grado que ensañarse con un periodista, medio o editorialista plantea desde todo punto de vista una lucha desigual. Pero, insisto, esta es una situación extendida en América Latina, se ha visto con todos los presidentes populistas de la región -Chávez, Correa, Kirchner, Morales, Uribe, Milei y, desde luego, Petro- y con sus más fervorosos seguidores. No incluyo aquí las dictaduras donde evidentemente no existen las mínimas garantías.

En Colombia existen garantías constitucionales para la libertad de prensa y expresión, los medios y los periodistas no van a la cárcel por sus opiniones como ocurre en Cuba, Nicaragua o Venezuela, pero, paradójicamente Colombia es un país de alto riesgo para el ejercicio de estos derechos fundamentales por sus niveles exacerbados de violencia e intolerancia, todo ello agravado por la extrema impunidad.

A inicios de este mes, Juanita León, directora del portal de investigación política, La Silla Vacía, publicó una nota titulada: “Presidente Petro miente sobre La Silla Vacía en público y rectifica en privado”.

Un mes atrás, Petro tuiteó indicando que “La Silla Vacía lo había “juntado con un bandido” a raíz de los rumores sobre su viaje extraoficial a Manta, Ecuador”. Sin embargo, el portal  no publicó información sobre “una supuesta reunión entre el mandatario y José Adolfo Macías Villamar, alias ‘Fito’, en Ecuador”. Por lo anterior, el medio “le solicitó formalmente a Presidencia rectificar la afirmación. Lo mismo se le pidió a RTVC, que en sus medios replicó la información falsa. Tanto el presidente Petro como el sistema de medios públicos admitieron el error, pero no en público, sino en privado”.

Presidencia admitió que el ‘desmentido’ de Petro fue en estricto rigor fake news. Es decir: La institución rectificó por escrito indicando o reconociendo que el presidente “fue víctima de esa misma campaña de desinformación que propician las noticias falsas” lo que lo hizo “incurrir en una inexactitud”. El vocero de esa institución explicó que “el propósito que tuvo el primer mandatario con su mensaje fue realizar una réplica a otro actor político y nunca buscó cuestionar la labor periodística que realiza La Silla Vacía”.

Pero la directora de La Silla Vacía desmiente la comunicación y a Petro: “El presidente no solo sí cuestionó nuestra labor con afirmaciones falsas, sino que lo hizo en el contexto de señalarnos, entre otros actores, de ser cómplices de una narrativa golpista propiciada por su excanciller Álvaro Leyva”.

León explica lo que ocurrió tras la desinformación publicada por el presidente Petro: “Ese trino provocó –como suele suceder cuando critica a un medio– una andanada de comentarios de sus seguidores en contra de La Silla Vacía. Nos dijeron “La Silla Rota”, “La Silla Facha”, “H.P manipuladores”, nos acusaron de “tirar la piedra, y esconder la mano”, etc. Dentro de sus seguidores, lastimó nuestra reputación y profundizó una desconfianza infundada”.

Este es un hecho reiterativo del presidente y, puntualmente, ya había ocurrido en el pasado con La Silla Vacía cuando un trino o tuit “provocó una ola de odio contra La Silla, que incluyó una convocatoria por parte de uno de sus seguidores a nuestra oficina para lanzar una “tomatada”. La reacción fue tan agresiva que el presidente emitió por la noche de ese mismo día una carta rechazando cualquier acto de violencia en contra del medio”, contextualiza León. En esa ocasión incluso hubo acciones legales, improcedentes jurídicamente y que no llegaron a ningún puerto, naturalmente, interpuestas por ‘ciudadanos preocupados’ por la imagen y honra del presidente y su familia.

El presidente ataca, acusa y difunde fake news en público, que se viralizan gracias a las bodegas del petrismo, pero rectifica en privado, porque su majestad y mesianismo no pueden verse vapuleados con una admisión de falibilidad. “La diferencia es que mientras esa carta [la carta de rectificación emitida desde Presidencia] tuvo como único lector a la directora de La Silla Vacía, el trino del presidente criticando al medio tuvo 54 mil visualizaciones”, puntualiza León.

Este ejercicio desde el poder es desmesurado, lesiona la libertad de prensa y pone en riesgo la vida de quienes se dedican al hacer periodístico, con mayor razón cuando las rectificaciones de los errores presidenciales solo tienen a un destinatario o receptor, pero las fake news del presidente obtienen miles de visualizaciones y retuits.

Compartir el artículo