Javier Milei: estilo, maneras y gestión

08 août 2025 - 16:38

El presidente argentino sorprendió esta semana al anunciar que dejará de insultar y se centrará en “las ideas”. La afirmación llega tras un informe que documenta más de 600 agravios en 100 días. En esta entrevista, el historiador Carlos Malamud analiza el fondo y la forma de un liderazgo que divide a la Argentina y marca tendencias regionales.

Esta semana el presidente de la Argentina, Javier Milei, sorprendió en un discurso diciendo que abandonará su hábito de insultar y que se va a centrar en las ideas. Lo hizo desacreditando nuevamente a quienes critican su estilo.

Milei afirmó que los ‘exquisitos de las formas’ no tienen capacidad intelectual o no están a su nivel para dar una discusión y, entonces, él se dedicará a exponerlos en su ignorancia, guardando ahora las buenas maneras que tanto les importan.

Esta declaración parece ser pura táctica preelectoral y sucede luego de que un informe de La Nación, uno de los diarios más importantes del país, documentase que el presidente argentino expresó 611 insultos en los últimos 100 días, de los cuales 57 incluyeron términos sexuales.

Una nota de La Nación indicó, tras el discurso de Milei, que al interior del gobierno no se reconoce que haya “una demanda social por el estilo presidencial” y tampoco se admite que ese “sea un tema central de la conversación pública”.

Hace unos días, en Madrid, el historiador Carlos Malamud, investigador principal para América Latina del Real Instituto Elcano, en entrevista con Clara Riveros para este medio, analizaba la forma y el fondo de la gestión Milei y, desde luego, refería cierta fatiga existente en torno al desprecio presidencial por las buenas maneras que impone un cargo como el suyo.

Clara Riveros: Quiero que hablemos de su país, la Argentina, ¿Cómo está viendo la gestión del presidente Javier Milei? Hay quienes tienen una percepción muy positiva, hay quienes cuestionan el estilo del mandatario. ¿Cómo está viendo usted la política argentina?

Carlos Malamud: Antes de iniciar la presidencia de Milei un politólogo argentino dijo: “esto puede salir mal, pero no debe salir mal”, en clara alusión a la coyuntura económica. Un fracaso de la política económica de Milei hubiera supuesto un retroceso de décadas en el futuro argentino y esto obviamente parece, insisto en lo de parece, que va por otros caminos.

Yo separaría la gestión de Milei, es decir, la cuestión económica del resto. En la gestión económica ha habido avances innegables. El primero: la lucha contra la inflación. Y, de alguna manera, para las próximas elecciones de octubre, de medio término, la vieja consigna de Bill Clinton: ‘¡Es la economía, estúpido!’, podría reformularse: ¡Es la inflación, estúpido!’.

Mientras la inflación continúe baja -aunque ya hubo algún indicio no de rebote, pero sí de que ese descenso constante que había tenido la inflación desde que llegó Milei al poder se ha frenado, vamos a ver que sucede en los meses posteriores. Pero mientras la inflación continúe baja, que es uno de los grandes traumas argentinos-, y Cristina Kirchner continúe siendo el referente de la oposición, me temo que tendremos Milei para rato.

Pero, así como sus índices de aprobación son elevados, comienza a haber un cierto malestar con el estilo de gobierno de Milei, con su desprecio por las instituciones, con su desprecio por las formas. Lo cual evidentemente está afectando y está minando el armado de amplias alianzas, no solo políticamente, también sociales, en su respaldo.

No hay que olvidar que Milei gana la primera vuelta con algo más de 30% de apoyo y que ese es su electorado más duro, más fuerte. El resto de los votantes es mucho más refractario a endosar un cheque en blanco. Vamos a ver que es lo que ocurre en septiembre, en la provincia de Buenos Aires, y que es lo que ocurre en octubre, en las elecciones legislativas, cómo queda armado el nuevo Congreso y cuál es el rumbo que va a decidir seguir Milei a partir de entonces. Si va a insistir, o no, en sus políticas actuales; si va a seguir insistiendo en la polarización o si por el contrario intentará articular nuevos consensos.

C.R.: ¿Cómo está viendo la política exterior argentina en el gobierno Milei?

C.M.: Hablamos anteriormente de la política exterior colombiana y del excesivo personalismo del presidente en esa política exterior. En el caso de Argentina es igual. Hemos visto lo que pasó con la primera ministra de Relaciones Exteriores del gobierno, la señora Mondino que fue cesada de forma fulminante [Diana Mondiño fue canciller menos de un año, desde el 10 de diciembre de 2023 hasta el 31 de octubre de 2024]. La pregunta es: ¿Hay una política exterior argentina? Hay pinceladas de hacia donde quiere ir. Insiste en su alianza con Estados Unidos y en su alianza con Israel, pero poco más. En otros temas ha dado bandazos: en el caso de la relación con Brasil y con Mercosur. Su enemistad frontal con el Mercosur ha ido cambiando en parte porque los intereses de los exportadores argentinos tienen en Brasil un referente importante y, segundo, porque su ideal de alcanzar rápidamente un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos se ha esfumado. De ahí que apueste en este momento por cerrar rápidamente el acuerdo de libre comercio con la Unión Europea.

Creo que Milei en ese sentido se mueve más por criterios ideológicos, como su rechazo al cambio climático, su rechazo a los objetivos de desarrollo sostenible 2030, más que por una política exterior anclada en los intereses argentinos.

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