Guatemala cuenta sus muertos tras más de 150 sismos en un día

10 juillet 2025 - 10:21

Cuatro muertos, decenas de casas destruidas y cientos de personas durmiendo en las calles. Guatemala vuelve a enfrentar su fragilidad geológica y social tras los más de 150 sismos que sacudieron el país entre el martes y el miércoles, con magnitudes que llegaron a 5,7. La tierra no dio tregua y la noche tampoco.

El último balance confirmó la muerte de una mujer al sur de la capital, cuyo cuerpo apareció entre escombros junto al de su perro, un detalle pequeño y brutal que revela el tamaño íntimo de la tragedia. También falleció un adolescente de 13 años en Sacatepequez, mientras que en Escuintla dos hombres murieron aplastados por rocas que cayeron sobre su camión. Las carreteras están bloqueadas por deslizamientos y en pueblos como Palin, las familias montaron campamentos improvisados para pasar la noche lejos de casas agrietadas que podrían venirse abajo con un nuevo temblor.

La imagen de Elvia Morataya resume el sentimiento de miles: “Desde los cimientos hasta el techo, mi casa está dañada. No se puede estar adentro”. No es solo el miedo a las réplicas. Es la conciencia de que el hogar ha dejado de ser refugio para convertirse en amenaza.

El presidente Bernardo Arévalo visitó las zonas afectadas y ofreció condolencias a los familiares de las víctimas. Su mensaje transmite cercanía, pero las personas en la calle saben que la reconstrucción será lenta. Guatemala conoce este ciclo: el temblor, el derrumbe, la solidaridad inmediata y luego la espera eterna de un Estado que casi siempre llega tarde.

El país se asienta sobre la confluencia de placas tectónicas Caribe y Cocos, con fallas geológicas locales que generan sismos frecuentes. Pero más allá de la explicación geológica, el terremoto revela un drama social profundo. Son siempre los más pobres quienes pierden todo cuando la tierra se sacude. Las viviendas mal construidas, los materiales precarios y la ausencia de prevención estatal convierten cada sismo en catástrofe.

Mientras la ayuda se organiza, familias enteras esperan bajo lonas plásticas, rezando para que el suelo no vuelva a moverse. Porque aquí no hay margen para resistir un segundo golpe. Cuando se vive con lo justo, incluso un temblor moderado puede ser fatal.

Cada nuevo sismo recuerda lo mismo: la tierra de Guatemala es bella y fértil, pero también inestable. Y su gente, generosa y fuerte, vive sin certezas de mañana. Quizá lo más urgente, junto con la ayuda inmediata, sea repensar la seguridad estructural y la respuesta ante desastres. Porque la pregunta no es si volverá a temblar, sino cuándo. Y, sobre todo, cuántos más quedarán sin casa, sin techo y sin vida la próxima vez.

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