Dos convocatorias enfrentadas en torno a la identidad de la Generación Z en México han expuesto las fracturas políticas del país. Mientras una marcha de origen difuso, cuestionada por el gobierno de Claudia Sheinbaum, logró movilizar sectores conservadores, otra busca reivindicar las luchas sociales históricas de la juventud mexicana. El asesinato del alcalde Carlos Manzo en Uruapan y el aprovechamiento político de su muerte han convertido las calles en campo de batalla simbólico.
México atraviesa un momento inédito en su historia reciente: dos movimientos que se disputan la representación de la Generación Z han convocado marchas en fechas diferentes, exponiendo no solo las divisiones ideológicas del país, sino también las estrategias de movilización política en la era de las redes sociales. El pasado 8 de noviembre, jóvenes ligados a movimientos anticapitalistas salieron a las calles de Ciudad de México bajo la consigna de recuperar un espacio que consideran secuestrado por la derecha política. El 15 de noviembre, una segunda convocatoria promete congregar a miles de personas en el Zócalo capitalino, aunque su origen y legitimidad han sido duramente cuestionados por el gobierno federal y por colectivos juveniles organizados.
La Generación Z, conformada por personas nacidas aproximadamente entre 1997 y 2012, representa un electorado crucial para el futuro político de México. Según datos del Registro Federal de Electores, 15 millones de jóvenes entre 17 y 29 años votaron por primera vez en las elecciones presidenciales de 2024, lo que supone el 15,8 por ciento de los 95,8 millones de personas registradas en el padrón electoral. Este peso demográfico ha convertido a la juventud en objetivo estratégico de partidos políticos que buscan capitalizar el descontento generacional ante problemas estructurales como la inseguridad, la precarización laboral y la falta de oportunidades.
El detonante de las movilizaciones fue el asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, ocurrido la noche del 1 de noviembre durante el Festival de Velas. Manzo, de 40 años, fue atacado a balazos mientras se tomaba fotografías con niños en un acto público. El edil independiente, conocido por su discurso de mano dura contra el crimen organizado y sus constantes solicitudes de apoyo federal para combatir a los cárteles en Michoacán, murió tras recibir siete impactos de bala. Su viuda, Grecia Quiroz, declaró durante el funeral que habían matado al mejor presidente municipal de México, que se atrevió a alzar la voz. El asesinato generó indignación nacional y fue rápidamente instrumentalizado por diversos actores políticos, desde figuras de la oposición hasta influencers conservadores.
Movimiento de origen difuso y sus vínculos políticos
Desde mediados de octubre, comenzó a circular en plataformas como TikTok, Instagram y Facebook un video creado con inteligencia artificial que anunciaba una movilización nacional de la Generación Z contra el gobierno de Claudia Sheinbaum. La convocatoria no tiene un liderazgo claro, carece de identidades verificables en sus promotores y ha adoptado como símbolo la bandera del anime One Piece, específicamente el Jolly Roger de los Sombreros de Paja, que en la serie representa la lucha contra un gobierno mundial autoritario. La estética juvenil y el discurso aparentemente apolítico del movimiento rápidamente captaron la atención de medios y políticos, aunque las investigaciones periodísticas han revelado conexiones preocupantes.
Diversos análisis de redes sociales han identificado que las cuentas más activas en la promoción de la marcha del 15 de noviembre tienen vínculos con la campaña presidencial de Xóchitl Gálvez, con movimientos como el INE no se toca o con la oposición a la reforma judicial. Influencers abiertamente conservadores, como el youtuber Soy Mirrey y los conductores del podcast Leo y Nacho, han llamado públicamente a participar en la manifestación. Incluso Miguel Samaniego, hijo de la excandidata presidencial Gálvez, compartió la convocatoria en sus redes. El propio PRI, en un gesto que muchos consideraron oportunista, exhibió en la Cámara de Diputados la bandera de One Piece, intentando apropiarse del simbolismo juvenil.
La presidenta Claudia Sheinbaum no tardó en pronunciarse. Durante su conferencia matutina del 5 de noviembre, señaló que la manifestación estaba llena de inteligencia artificial y de cuentas sin identidad. Sheinbaum advirtió que detrás de la convocatoria se encuentran organizaciones vinculadas a grupos empresariales que ya no tienen reconocimiento social, y que hay mucho dinero involucrado en impulsar tendencias y mentiras. El gobierno federal ha insistido en que se trata de una operación coordinada de la derecha para desestabilizar al gobierno mediante el aprovechamiento de demandas juveniles legítimas.
Iván Rejón, conocido en redes como El Mero Perro y uno de los primeros organizadores visibles del movimiento, anunció en un video su separación de la convocatoria del 15 de noviembre. Rejón argumentó que la derecha había copado el movimiento y que este había perdido legitimidad, confirmando así las sospechas gubernamentales sobre infiltración política en una iniciativa que se presentaba como ciudadana y apartidista.
Respuesta desde la izquierda organizada
Ante lo que consideran un secuestro de su identidad generacional por parte de fuerzas conservadoras, diversos colectivos juveniles decidieron adelantar su propia movilización. El 8 de noviembre, cientos de jóvenes marcharon desde el Ángel de la Independencia bajo la consigna Una Marcha Nacional contra la violencia y el oportunismo neoliberal. Los manifestantes incluyeron miembros del Frente por las 40 Horas, movimientos estudiantiles, colectivas contra la gentrificación y organizaciones por la vivienda digna, todos ellos con trayectorias de lucha previas al fenómeno viral de la Generación Z México.
Sebastián Chávez, uno de los jóvenes que participó en la marcha, declaró a medios locales que era triste ver a gente de su edad cayendo en propaganda. Chávez y sus compañeros portaban también banderas de One Piece, reivindicando el símbolo como propio de las luchas anticapitalistas y antifascistas. Una mujer joven, hablando desde un altavoz durante la marcha, envió un mensaje directo al empresario Ricardo Salinas Pliego: jamás van a poder acaparar la rabia que tenemos como jóvenes. Estos manifestantes dejaron claro que su movimiento no se vende ni se corrompe y que está dirigido contra el capital, la derecha y el neoliberalismo.
La marcha del 8 de noviembre enfrentó dificultades operativas. La policía capitalina impidió que los manifestantes llegaran hasta el Zócalo, argumentando que en la plancha se realizaría la proyección de un concierto de Juan Gabriel. El contingente, de aproximadamente 300 personas según La Jornada, logró recorrer hasta el Hemiciclo a Juárez, donde se registró un conato de riña. El gobierno de Ciudad de México hizo un llamado a que las expresiones sociales se realicen de manera pacífica, en apego a la ley y salvaguardando la seguridad ciudadana.
El precedente argentino y las advertencias
El debate sobre la Generación Z en México ha estado marcado por constantes referencias al caso argentino, donde el voto juvenil fue decisivo para el triunfo de Javier Milei en las elecciones presidenciales. Según el padrón electoral argentino, los jóvenes de entre 16 y 25 años representaron el 22 por ciento del electorado, casi 8 millones de personas sobre un total de 36 millones de votantes. El periodista Ignacio Alvarado Álvarez, citado en diversos análisis, señala que Milei acaparó ese segmento poblacional que las encuestas no captaron de manera puntual, lo que volvió impredecible su triunfo por 11 puntos sobre Sergio Massa.
Alvarado Álvarez subraya que este sector fue clave porque sufría los peores efectos de la crisis económica argentina, con altas crestas de pobreza, indigencia y crimen, y sobre todo con una población predominantemente joven en desamparo total. Las plataformas digitales jugaron un papel determinante en ese proceso, ya que Milei supo capitalizar el poder de las redes sociales para conectar con el electorado joven, en contraste con los métodos tradicionales de campaña. Este precedente ha generado alarmas en México sobre la posibilidad de que estrategias similares puedan impulsar opciones políticas conservadoras o de extrema derecha mediante la canalización del hartazgo juvenil.
En México, 54 de cada 100 personas entre 15 y 29 años son económicamente activas, y el 59,5 por ciento de ellas trabaja en condiciones de informalidad, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía. Esta realidad refleja que, aunque la Generación Z busca flexibilidad laboral, también enfrenta precarización, bajos salarios y falta de prestaciones, generando un caldo de cultivo para el descontento político que puede ser capitalizado por distintos actores.
Las dos marchas de la Generación Z en México representan mucho más que una disputa por un símbolo de anime o por fechas de movilización. Son el reflejo de una batalla por definir el futuro político del país, por establecer qué narrativa sobre el cambio social prevalecerá entre los jóvenes y, en última instancia, por determinar si el descontento generacional se canalizará hacia proyectos transformadores o hacia opciones conservadoras. La instrumentalización del asesinato de Carlos Manzo, la manipulación mediante inteligencia artificial en redes sociales y la disputa por símbolos culturales populares evidencian que los partidos políticos tradicionales han comprendido la importancia estratégica de captar a esta generación que, por primera vez, tiene la capacidad numérica de inclinar la balanza electoral en cualquier dirección.