La promesa de apoyo financiero del Tesoro estadounidense llega en un momento crítico para la Argentina de Javier Milei, acosada por una corrida cambiaria, derrotas políticas y una inflación persistente. El auxilio revela tanto la dependencia estructural de Buenos Aires como la estrategia de Washington para blindar a su aliado más cercano en Sudamérica.
La semana de alto nivel de la Asamblea General de Naciones Unidas ha sido el escenario elegido para un gesto cargado de simbolismo: Estados Unidos anunció su disposición a “hacer lo necesario” para apuntalar la economía argentina. La frase de Scott Bessent, secretario del Tesoro y hombre de confianza de Donald Trump, fue recibida como un bálsamo por un gobierno que afronta turbulencias financieras y políticas de magnitud.
El presidente Javier Milei, que llegó a Nueva York debilitado por un revés electoral de 14 puntos en la provincia de Buenos Aires y por la rebelión de un Congreso que ha revertido algunos de sus vetos, encontró en Trump y en el Tesoro un respaldo que intenta proyectar estabilidad. El auxilio podría traducirse en líneas de intercambio de divisas, compras directas de bonos o financiamiento en dólares, aunque el monto real todavía genera especulaciones. El canciller Gerardo Werthein se encargó de aclarar que las cifras mencionadas —hasta 30.000 millones de dólares— son inexactas y que las negociaciones apuntan a una suma menor.
La urgencia es clara: el peso se depreció casi 6% en un solo día, los bonos argentinos se hundieron y el riesgo país superó los 1.400 puntos antes de retroceder levemente. El Banco Central tuvo que desprenderse de más de mil millones de dólares en reservas la semana pasada para frenar la sangría, un camino insostenible en el mediano plazo. Milei, fiel a su credo liberal, reaccionó levantando de manera temporal las retenciones a las exportaciones de granos y carnes, con el objetivo de acelerar la liquidación y generar oferta de divisas.
La medida calmó parcialmente a los mercados, pero también abrió un frente político adicional. Productores rurales y grandes exportadores saludaron la decisión, aunque presionan para que la eliminación de impuestos sea definitiva. El propio presidente de la Sociedad Rural Argentina, Nicolás Pino, reconoció que el sector ve en esta coyuntura una oportunidad para fijar un nuevo marco impositivo más favorable.
El apoyo de Washington llega también con un mensaje geopolítico. Para Trump, garantizar la supervivencia económica de Milei significa sostener a un aliado estratégico que comparte su ideario ultraliberal y que le ofrece un anclaje político en Sudamérica. En ese sentido, el respaldo no se limita a lo financiero: es también una señal a otros gobiernos de la región sobre la preferencia estadounidense por un socio confiable frente al avance de modelos alternativos.
Sin embargo, la diplomacia del dólar no está exenta de riesgos. Un préstamo o línea de apoyo condicionada puede otorgar oxígeno a corto plazo, pero no resuelve los problemas estructurales de la economía argentina: inflación crónica, déficit fiscal persistente y una deuda externa abultada. Además, la dependencia excesiva de la ayuda norteamericana podría exponer a Buenos Aires a presiones políticas en otros frentes.
El FMI, por su parte, saludó la decisión de Bessent y reiteró su respaldo a las políticas de estabilización del gobierno argentino. Kristalina Georgieva destacó el compromiso con la disciplina fiscal y el crecimiento, aunque el recuerdo del acuerdo fallido de 2018, cuando el país recibió 56.000 millones de dólares sin lograr revertir la crisis, sigue pesando en la memoria colectiva.
De cara a las legislativas de octubre, Milei se juega más que la supervivencia de su plan económico: se juega la legitimidad política para sostener un programa de ajuste severo en un país exhausto. El salvavidas estadounidense puede darle aire en el corto plazo, pero también lo ata a un tablero geopolítico donde la confianza se mide en dólares y las lealtades se negocian a un alto costo.
La pregunta de fondo sigue abierta: ¿puede una economía que depende de rescates externos, y un gobierno debilitado en el frente interno, sostener la promesa de refundación que encarna Milei? La respuesta se escribirá en los próximos meses, entre las urnas, los mercados y la sombra alargada de Washington.