El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, pidió este viernes al gobierno cubano que muestre una “prueba de vida” del opositor José Daniel Ferrer, líder de la Unión Patriótica de Cuba (Unpacu), encarcelado desde abril tras la revocación de su libertad condicional.
“Estados Unidos exige una inmediata prueba de vida y la liberación de todos los presos políticos. El régimen cubano continúa torturando al activista prodemocracia José Daniel Ferrer”, escribió Rubio en sus redes sociales, en un mensaje dirigido tanto a La Habana como a la comunidad cubana en Florida.
La denuncia se produce días después de que Unpacu alertara sobre la situación de Ferrer en la prisión de máxima seguridad de Mar Verde, en el oriente cubano. Según la organización disidente, el opositor sufre “tortura sistemática” y su vida está “en grave peligro”. Ferrer había sido excarcelado en enero como parte de un acuerdo mediado por el Vaticano, pero fue devuelto a prisión al considerarse que incumplió los términos de su liberación.
El gobierno cubano no ha ofrecido información sobre el estado de salud del líder opositor ni ha respondido oficialmente a la denuncia. La prensa oficial se ha limitado a reproducir en ocasiones comunicados que desmienten maltratos, aunque sin entregar evidencia independiente. En su momento, un medio estatal calificó de “infundadas” las acusaciones de golpizas y afirmó que Ferrer se encontraba en condición “favorable”.
Un gesto con múltiples lecturas
Para observadores políticos en Washington y La Habana, la solicitud de Rubio busca presionar a Cuba en el terreno de los derechos humanos, pero también refuerza su discurso frente al electorado cubanoamericano en un año electoral. El término “prueba de vida” suele utilizarse en casos de secuestro y genera un fuerte impacto simbólico al equiparar la detención política con una toma de rehenes.
La situación de Ferrer reabre el debate sobre la vigencia de la disidencia interna en Cuba, en momentos en que la represión se intensifica y las opciones de protesta cívica se reducen. Mientras tanto, su familia y sus compañeros de Unpacu insisten: quieren saber si está vivo, en qué condiciones se encuentra y si recibirá atención médica adecuada.
Por ahora, La Habana guarda silencio. Y en ese silencio, crece la preocupación sobre el destino de un opositor que, para sus seguidores, representa la esperanza de una Cuba distinta.