ESPECIAL ARGENTINA. Entre la esperanza y el ajuste: los argentinos celebran y sufren en un país dividido

28 octobre 2025 - 09:22

Quienes más padecieron el ajuste votaron masivamente por su continuidad. El miedo al colapso pesó más que la dureza del presente. La pobreza bajó del 52,9 al 38,1% pero aún afecta a 15 millones de personas. Los salarios reales cayeron 20% en el sector público. Un tercio de los jóvenes estuvo desocupado al menos una vez en el último año. La participación electoral más baja desde 1983 refleja hartazgo o resignación.

Facundo Campos, consultor de marketing de 38 años, esperaba con nerviosismo los resultados en el búnker de La Libertad Avanza. Cuando las pantallas mostraron el triunfo, abrazó a su compañera y gritó: «Estoy con mucha felicidad y entusiasmo. No esperaba un número tan grande». Facundo forma parte de los millones de argentinos que votaron por la continuidad del ajuste económico más severo de las últimas décadas. La paradoja define el momento político de Argentina. Quienes más sufrieron las consecuencias del programa de austeridad decidieron prolongarlo. El fenómeno tiene una explicación: el miedo al colapso pesó más que el dolor del presente.

Lorenzo, odontólogo brasileño con más de quince años de experiencia en Buenos Aires, vive una realidad diferente. Desde que asumió Milei, su consulta perdió la mitad de los pacientes. «La gente no tiene plata para el dentista. Priorizan la comida y el alquiler», explica con resignación. Los datos oficiales confirman el testimonio. Durante 2024, un tercio de las familias argentinas tuvo que recortar gastos en atención médica y medicamentos. El ajuste fiscal eliminó subsidios, congeló salarios públicos y redujo drásticamente las transferencias a provincias. Las consecuencias se sintieron en cada esquina del país. Sin embargo, el domingo millones de argentinos decidieron que el riesgo de volver atrás era peor que la dureza del presente.

La pobreza bajó del 52,9 al 38,1% en el segundo semestre de 2024, según datos oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Censos. El descenso de 14,8 puntos porcentuales constituye una caída histórica. La indigencia pasó del 18,1 al 8,2%. Los números alimentaron el discurso triunfalista del gobierno. El presidente Milei celebró en redes sociales: «Hoy diez millones de argentinos salieron de la pobreza». Sin embargo, la cifra sigue siendo dramática. Quince millones de personas viven bajo la línea de pobreza. Unicef reconoció que casi 1,7 millones de niños salieron de esa condición, pero un millón de chicos aún se va a dormir sin comer en Argentina. Las estadísticas oficiales no incluyen gastos esenciales como el alquiler, que insume el 64% de un salario mínimo.

La inflación descendió del 25% mensual en diciembre de 2023 al 2,1% en septiembre de 2025. El logro constituye el principal argumento del gobierno para justificar el ajuste. El economista Gastón Jamui señaló que «uno de los principales méritos del Gobierno fue evitar una hiperinflación y generar un microclima de estabilidad». Sin embargo, los salarios reales cayeron 12% durante 2024. Los trabajadores del sector público sufrieron una caída del 20%. Los empleados informales perdieron 30% de poder adquisitivo. Recién en los últimos meses los salarios comenzaron a recuperarse levemente. El empleo alcanzó un récord de 13,6 millones de personas ocupadas, pero el 16% de los trabajadores busca un segundo empleo para complementar ingresos insuficientes.

El peso invisible del ajuste

El sistema universitario nacional sufrió uno de los recortes más severos. Las transferencias a las universidades públicas cayeron 30% respecto al año anterior. El ajuste recayó sobre salarios docentes y no docentes. Los proyectos de investigación se paralizaron por falta de fondos. El gobierno argumenta que las universidades necesitan fiscalización, pero el freno indiscriminado compromete desarrollos científicos con beneficios de largo plazo. Los estudiantes y profesores organizaron marchas multitudinarias durante 2024. El reclamo no modificó la política oficial. Milei calificó las protestas como «defensa de privilegios» y mantuvo el ajuste.

Los jubilados que cobran la pensión mínima reciben 271.546 pesos mensuales. La cesta de la compra básica para un adulto mayor asciende a 281.092 pesos. Es decir, los jubilados están por debajo del umbral de pobreza por 9.546 pesos, equivalentes a siete dólares al tipo de cambio oficial. Sin embargo, según la metodología del Indec, no son considerados pobres. La paradoja refleja las limitaciones de las estadísticas oficiales. Los comedores sociales registran un aumento sostenido de jubilados que buscan un plato de comida. El Observatorio de la Deuda Social Argentina señaló que «la situación de inseguridad alimentaria experimentó un incremento sostenido entre los hogares de estratos bajos, con un fuerte aumento en 2024 entre los de estratos muy bajos».

Los servicios públicos registraron aumentos superiores al 500% en el último año. El transporte subió 601%, el gas 531%, el agua 331% y la energía eléctrica 268%. La cesta de servicios públicos duplicó su peso en los salarios registrados, pasando del 6 al 12 por ciento. El 27% de los hogares argentinos no pudo pagar alguno de los servicios durante 2024. El gobierno anunció nuevos aumentos para enero de 2026: 1,6% en luz y 1,8% en gas. También recortará la cobertura de subsidios, reduciendo el número de beneficiarios. Los hogares inquilinos enfrentan la mayor presión. El 40% destina más de la mitad de su salario a pagar el alquiler. El 60% está atrasado con servicios básicos. El 70% se endeudó para poder pagar el alquiler.

El desempleo alcanzó el 33% de los jóvenes y el 27% de adultos. Una de cada cuatro personas con empleo busca ocuparse más por la necesidad de reforzar los ingresos del hogar. El pluriempleo se transformó en una estrategia de supervivencia. María, empleada administrativa de 42 años, trabaja ocho horas en una oficina y otras cuatro vendiendo cosméticos por catálogo. «No me alcanza con un solo sueldo. Pago alquiler, tengo dos hijos en la secundaria y el costo de vida se disparó», explica mientras prepara el pedido de una clienta. El relato se repite en millones de hogares argentinos que ajustan gastos, recortan consumos y multiplican jornadas laborales para llegar a fin de mes.

Sin embargo, la esperanza persiste. El politólogo Mario Riorda definió el voto del domingo como «una prórroga a la esperanza». Los argentinos que votaron por Milei apuestan a que el sacrificio del presente se traducirá en prosperidad futura. La socióloga Maristella Svampa advierte que «hay una falla grande de la oposición» que no logró construir una narrativa alternativa. El peronismo propuso frenar el ajuste pero no explicó cómo evitar el colapso económico. La ausencia de una propuesta creíble consolidó el voto al oficialismo. Ahora Milei tiene dos años para demostrar que el ajuste no fue en vano. La paciencia social tiene límites. La participación electoral más baja desde 1983 refleja un síntoma: hartazgo, resignación o la mezcla de ambos sentimientos en un país que aún busca el rumbo perdido.

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