El Supremo brasileño estrecha el cerco: Bolsonaro con tobillera y sin redes

18 juillet 2025 - 12:31

El expresidente de Brasil, Jair Bolsonaro, ha recibido un nuevo revés judicial: el Supremo Tribunal Federal le ordenó portar una tobillera electrónica, abstenerse de utilizar redes sociales y evitar contacto con otros investigados en la causa por el intento de golpe de Estado de enero de 2023. La medida apunta directamente al corazón del bolsonarismo y marca un precedente inédito en la región.

En la resolución firmada por el ministro Alexandre de Moraes, el Supremo argumenta que Bolsonaro representa un riesgo procesal por su influencia política, su capacidad de movilización y su presunta implicación en los actos de insurrección que sacudieron Brasilia tras su derrota electoral frente a Luiz Inácio Lula da Silva. El cerco judicial ya había estrechado su radio de acción, pero esta vez lo coloca bajo vigilancia electrónica y lo aísla de sus redes de poder y propaganda.

Las redes sociales, verdadero trampolín político de Bolsonaro, han sido durante años el espacio desde el cual cultivó su ascendencia sobre millones de brasileños, articulando discursos de confrontación, desinformación y deslegitimación institucional. El veto a estas plataformas no es menor: es una herida directa al músculo digital de su movimiento.

La decisión también alcanza a figuras clave del bolsonarismo. Su hijo, el diputado Eduardo Bolsonaro, y varios exfuncionarios enfrentan restricciones similares. El objetivo, según la Fiscalía General, es desarticular “una estructura paralela de poder” que operaba fuera del Estado democrático de derecho y que promovía el desconocimiento de los resultados electorales de 2022.

Mientras en sectores conservadores se habla de persecución judicial, otros lo celebran como una respuesta institucional contundente ante intentos de ruptura constitucional. Para muchos, se trata de un parteaguas: una democracia que decide defenderse con la ley.

Las implicaciones de este proceso judicial rebasan a Brasil. En una América Latina donde abundan liderazgos autoritarios y la polarización política se agudiza, ver a un expresidente obligado a usar una tobillera y privado de sus medios de comunicación digital representa una escena insólita. El mensaje es claro: el poder no exime de responsabilidad ni otorga inmunidad absoluta.

El futuro del bolsonarismo, sin su caudillo operativo, se torna incierto. Aunque mantiene bases sociales sólidas, sobre todo en sectores evangélicos, militares y del agronegocio, el capital simbólico de Bolsonaro empieza a erosionarse. Aislado y vigilado, su figura se desvanece como alternativa política inmediata.

Brasil, mientras tanto, somete su institucionalidad a un examen decisivo. Enjuiciar a un expresidente implica, al mismo tiempo, afirmar el compromiso con una democracia que aspira a mantenerse fuera de peligro. El tiempo revelará si la tobillera impuesta a Bolsonaro representa únicamente una medida preventiva o el inicio de un proceso judicial que marcará época.

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