Un año después de llegar a la Presidencia, Claudia Sheinbaum mantiene una aprobación envidiable, aunque la violencia persiste y las presiones de Washington vuelven a tensar la relación bilateral en tiempos del regreso de Trump.
Claudia Sheinbaum ha quedado inscrita en la historia como la primera mujer en gobernar México. Un año después, su presidencia combina una popularidad que supera el 70 % con un escenario de violencia que continúa ensombreciendo al país. Su estilo austero y reflexivo proyecta serenidad, aunque la experiencia cotidiana en numerosas regiones contradice la narrativa de seguridad que emana desde Palacio Nacional.
Los homicidios muestran una reducción estadística de alrededor del 25 % respecto al último año de Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, la cifra diaria ronda todavía las seis decenas de muertes violentas. El ciudadano común percibe más temor que tranquilidad, y las encuestas lo confirman: más de la mitad de los mexicanos consideran que la inseguridad sigue siendo el principal problema nacional. Las encuestas muestran una popularidad en aumento, pero la percepción de inseguridad mantiene a la ciudadanía en estado de alerta.
El escenario criminal también se ha reconfigurado. El viejo equilibrio entre los grandes cárteles se resquebrajó y dio paso a nuevas alianzas. Los “Chapitos” han tendido puentes con el Cártel Jalisco Nueva Generación, mientras que Ismael “El Mayo” Zambada encabeza otra coalición. Esta recomposición del bajo mundo abre una suerte de guerra civil entre facciones, donde grupos medianos como la Familia Michoacana aprovechan el vacío para expandirse. La violencia, lejos de concentrarse en ciertas zonas, se dispersa como mancha de aceite en estados diversos.
En paralelo, la relación con Estados Unidos se ha tornado más áspera. La Casa Blanca reprocha a México que maquille cifras y que se muestre renuente a confrontar abiertamente a los cárteles. Las presiones no se agotan en los reproches. Se expresan en la amenaza de nuevos aranceles, en la cancelación de visas a funcionarios y en la exigencia de reforzar decomisos y extradiciones. Washington sabe que la vulnerabilidad de México en materia comercial y migratoria es su principal herramienta de chantaje.
El regreso de Donald Trump a la Casa Blanca añade un condimento explosivo. El magnate republicano reitera su propuesta de enviar tropas para combatir a los cárteles en suelo mexicano, una medida que la mayoría considera una amenaza directa a la soberanía. Sheinbaum enfrenta así un doble reto: preservar una relación indispensable con el vecino del norte y, al mismo tiempo, proyectar firmeza interna ante la opinión pública que rechaza cualquier intervención extranjera.
El primer año de gobierno deja un balance de claroscuros. Por un lado, avances sociales y estabilidad económica que consolidan la confianza ciudadana. Por otro, un frente de seguridad plagado de dudas y una relación bilateral cada vez más difícil. La presidenta encarna una figura serena y disciplinada, pero el escenario que la rodea exige decisiones de alto riesgo político. La serenidad puede ser un estilo, pero el tiempo dirá si alcanza para navegar la tormenta que ya amenaza desde dentro y desde fuera del país.