El mestizaje espiritual tallado en madera: Paraguay redescubre su barroco guaraní

21 septembre 2025 - 11:39
La virgen mestiza. Talla en madera policromada. Siglo XVIII.

La virgen mestiza. Talla en madera policromada. Siglo XVIII.

El Museo de Arte Sacro de Asunción exhibe una de las colecciones más significativas del barroco hispano-guaraní, con casi un centenar de esculturas que revelan la compleja fusión entre la espiritualidad indígena y el cristianismo colonial.

En lo alto del Cerro Antequera, en la antigua casona conocida como Villa Lina, se guarda una de las claves para comprender la historia cultural de Paraguay. El Museo de Arte Sacro expone 97 piezas religiosas de los siglos XVII y XVIII, talladas en madera por manos guaraníes bajo la guía de sacerdotes católicos durante la colonización española. Son figuras que representan vírgenes, santos y ángeles, pero que al mismo tiempo condensan un proceso de mestizaje espiritual único en América Latina.

El barroco hispano-guaraní surgió en las reducciones impulsadas por los jesuitas y se expandió más allá de sus límites. Para los guaraníes, el trabajo de la madera se convirtió en un lenguaje de traducción simbólica, un modo de transformar las formas heredadas de Europa en imágenes capaces de dialogar con su propio universo espiritual. Los ojos de las vírgenes parecen mirar con una ternura cercana a la de la tradición guaraní, y los pliegues de las túnicas guardan cierta cadencia que recuerda al movimiento de la selva. Este diálogo silencioso entre culturas se convirtió en una de las expresiones artísticas más originales del continente.

La colección del museo, impulsada por la Fundación Nicolás Darío Latourrette Bo, permite recorrer ese encuentro histórico a través de imágenes que resistieron el paso del tiempo. Cada escultura es testimonio de un cruce de sensibilidades: la catequesis que buscaba consolidar la fe católica y la creatividad guaraní que encontró en la talla un lenguaje propio. No se trata de copias fieles de modelos europeos, sino de obras que incorporan matices locales, desde las facciones de los rostros hasta el uso del color y la proporción.

La dimensión espiritual de estas piezas no puede desligarse de su contexto social. Los guaraníes encontraron en el cristianismo un refugio frente a la violencia colonial, pero también resignificaron esa fe desde su cosmovisión. Así, los santos adquirieron rasgos humanos cercanos, y los ángeles, con alas desproporcionadas, parecían custodios del territorio y no solo del altar. Esa apropiación simbólica permitió que el mensaje religioso se convirtiera en parte de la identidad de las comunidades.

En las salas del Museo de Arte Sacro, las esculturas respiran como fragmentos de memoria compartida, recordando que la historia nunca queda inmóvil y siempre dialoga con el ahora. En tiempos en que Paraguay busca reafirmar su lugar en el mapa cultural de América Latina, este acervo recuerda que la nación nació de un entrelazamiento de lenguas, creencias y sensibilidades.

La visita a Villa Lina se transforma, entonces, en algo más que un recorrido museístico. Es una invitación a reconocer en la madera policromada las marcas de un pasado que aún se manifiesta, y a comprender en esas tallas barrocas la huella de un mestizaje espiritual que continúa definiendo a Paraguay.

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