El activista Gustavo Petro ha perdido su visa americana

29 septembre 2025 - 18:48

La semana que acaba de pasar el mundo ha tenido oportunidad de observar las perspectivas variopintas de los jefes de Estado y representantes políticos de los diferentes países, así como sus aproximaciones a los temas de relevancia global. Todos expusieron sus puntos de vista ante la 80ª Asamblea General de las Naciones Unidas. Ninguno de los líderes políticos, a excepción del presidente colombiano Gustavo Petro, devino en activista a la salida del recinto. Como es apenas natural, si se entiende en alguna medida cómo funciona la diplomacia, el presidente-activista  ha perdido su visa americana.

La semana pasada vimos a un presidente de Estados Unidos arrogante, como es usual en Donald Trump, elogiándose a sí mismo, con una intervención que fue excesiva de muchas maneras. Pero también se observaron otro tipo de liderazgos que apuestan al multilateralismo, la mesura y el diálogo. El presidente francés, Emmanuel Macron, marcó una distancia ostensible respecto a su homólogo estadounidense. Una postura intermedia entre Macron y Trump podría ser la de Giorgia Meloni, quien hizo una intervención razonable ante la Asamblea General.

El tema que en definitiva ocupó la atención de todos los presentes, por la gravedad de los hechos, sus causas y consecuencias, ha sido la guerra en Gaza y la necesidad de alcanzar un cese al fuego y poner punto final a ese conflicto. En ese sentido, varios Estados miembros del Consejo de Seguridad han reconocido al Estado de Palestina.

Más allá de que se pueda (o no) coincidir con alguno de estos líderes o con sus ideas, lo cierto es que ninguno abandonó el edificio de Naciones Unidas para, horas más tarde, convertirse en activista. Ninguno excepto el presidente de Colombia Gustavo Petro.

Es difícil imaginar al presidente Macron o a Giorgia Meloni, impecablemente vestidos y guardando las formas en todo momento, emulando a Petro. Es decir, subiéndose a una tarima, con megáfono en mano y con un atuendo como el elegido por el presidente colombiano, para pronunciar todos los exabruptos e invocaciones del mandatario sudamericano. Petro desdibujó por completo su rol como jefe de Estado.

El presidente Petro está de salida si se considera que este agosto empezó su último año de gestión, pero un año en determinadas circunstancias puede ser demasiado, especialmente si se piensa en la afectación de las relaciones bilaterales con un socio clave para Colombia como es Estados Unidos.

Las cosas entre ambos países no han ido bien este año, el entendimiento entre los gobiernos y entre los presidentes está en un nivel preocupante y, por si fuera poco, ahora el presidente colombiano ha perdido su visa americana. Lo hizo exclusivamente por sus excesos, desmanes y grandilocuencia. La situación genera inquietud.

No recuerdo, al menos en años recientes, antecedentes de jefes de Estado que hayan actuado de la manera en que lo hizo el colombiano este fin de semana. Mientras observaba la puesta en escena del presidente Petro me preguntaba respecto a las consecuencias que sus actuaciones tendrán para el país, así como las implicaciones para una relación bilateral que ya es tensa con Estados Unidos. ¿Cómo y en qué medida se verá afectada Colombia en el futuro cercano por el comportamiento y las maneras adoptadas por su jefe de Estado? ¿Dónde queda la no injerencia en asuntos internos de otros países?

Este capítulo con el jefe de Estado colombiano llamando a la violencia, a la desobediencia y a la insurrección en Estados Unidos es deplorable. Que el Departamento de Estado haya respondido cancelando su visado, casi de inmediato, es una consecuencia previsible y una respuesta a sus actos. Ha sido Gustavo Petro quien desplazó su rol como jefe de Estado para devenir en activista. Esta situación debería alentar a la reflexión y al análisis sobre la cuestión y la importancia de las formas, de guardar las formas, y de por qué un jefe de Estado o representante político de un país siempre debe cuidar sus maneras y lenguaje.

Hay formas de expresar puntos de vista, liderar procesos e incidir en asuntos de relevancia internacional, pero, desde luego, importa el cómo. Puede ser que la imagen de Macron o de Meloni se vean favorecidas internacionalmente tras su visita a Nueva York, mientras que la de Petro, salvo para su gabinete y fiel militancia, ha causado reprobación por violar cuestiones elementales y traspasar líneas rojas que como jefe de Estado no debería haber cruzado. No obstante, algunos de sus funcionarios, como la canciller Rosa Villavicencio renunciaron a su visa americana en las últimas horas.

El Petro activista ha sido solo uno de los roles encarnados por el presidente durante su visita a Nueva York. Pero otras cuestiones tampoco han pasado desapercibidas en relación con sus formas, indumentaria, lenguaje, el uso de la bandera “guerra y muerte”, su discurso contra Estados Unidos, donde le guste o no hay democracia y los estadounidenses tienen lo que votaron, mientras defiende las dictaduras de Cuba y Venezuela y exalta su afinidad hacia el dictador Stalin. La mentalidad e ideología del Petro estalinista, hablando ante la ONU, ha sido un desafío a la historia, a la razón y a la realidad, incluso si llama a sus críticos ignorantes por cuestionar sus salidas en falso. Cuesta creer que bajo el sistema estalinista a nivel global el mundo sería hoy un lugar mejor.

 

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