Díaz-Canel enmienda a su ministra por negar la pobreza en Cuba

15 juillet 2025 - 23:43

Las palabras de la ministra de Trabajo y Seguridad Social de Cuba, Marta Elena Feitó, han provocado una oleada de indignación dentro y fuera de la isla. “No hay mendigos en Cuba”, afirmó durante una comparecencia parlamentaria televisada, y añadió que quienes hurgan en la basura “están disfrazados de mendigos”.

Las reacciones no tardaron. En redes sociales, ciudadanos compartieron imágenes de personas rebuscando entre desechos con comentarios irónicos. “Recuerda: no son mendigos, están disfrazados”, escribió un usuario. El economista Pedro Monreal fue más mordaz: “Debe ser que también hay gente disfrazada de ministra”.

La polémica fue tal que el propio presidente Miguel Díaz-Canel se vio obligado a intervenir. Primero, con un mensaje en X criticando la “falta de sensibilidad” de su ministra. Luego, con una intervención de veinte minutos ante el Parlamento, en la que, sin mencionar a Feitó por su nombre, reconoció que las personas “vinculadas a la mendicidad” son expresión de las desigualdades crecientes en el país.

Cuba atraviesa una de las peores crisis económicas en décadas. La escasez de alimentos, medicinas, combustible y los apagones cotidianos conviven con una inflación que golpea a la mayoría de la población. Aunque el gobierno evita hablar abiertamente de pobreza, cifras oficiales de 2024 reconocen que 350.000 personas viven en situación de “vulnerabilidad” en la isla.

Negar esa realidad no solo erosiona la credibilidad del discurso oficial. También expone una brecha creciente entre el relato institucional y la experiencia cotidiana de los cubanos. Presentar la pobreza como un disfraz, más que como un síntoma social, es desentenderse de sus causas estructurales.

Díaz-Canel ha buscado rectificar, pero el daño simbólico ya está hecho. En un país donde los datos escasean y la narrativa oficial lo abarca todo, el episodio deja al descubierto una verdad incómoda: la pobreza en Cuba ya no puede ocultarse tras eufemismos. Tampoco disfrazarse.

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