Desaparecer otra vez: la vida de las buscadoras en México

08 juillet 2025 - 06:37

En México, buscar a un hijo desaparecido no solo significa caminar desiertos o excavar fosas clandestinas. Significa desaparecer otra vez.

Así lo muestra el nuevo informe de Amnistía Internacional, “Desaparecer otra vez. Violencias y afectaciones que enfrentan las mujeres buscadoras en México”. Madres y familiares que dedican sus días a buscar a sus desaparecidos narran el costo real de esa búsqueda: salud quebrada, mentes agotadas y recursos económicos consumidos.

Desde 2019 hasta hoy, al menos 16 personas buscadoras han sido asesinadas en México; 13 de ellas eran mujeres. El crimen organizado y la indiferencia institucional no distinguen a quienes buscan vida o verdad. La impunidad cubre cada caso como un velo pesado que asfixia a comunidades enteras.

El Estado debería liderar la búsqueda. Sin embargo, son estas mujeres quienes asumen ese rol. Salen cada mañana con picos, palas y botellas de agua, enfrentándose a amenazas de grupos armados y a la indiferencia de autoridades. Saben que cada fosa encontrada alivia a otra madre, aunque no sea su hijo quien aparezca.

El informe denuncia las afectaciones físicas, emocionales y económicas que enfrentan. La ansiedad y el estrés postraumático son compañeros de viaje permanentes. La precariedad financiera se agrava, porque el tiempo de búsqueda es tiempo que no produce ingresos, en un país donde la pobreza golpea con fuerza a quienes ya sufren otras violencias.

Amnistía Internacional exige al Estado mexicano protección real para estas mujeres: reconocimiento de su labor, seguridad en campo y apoyo económico. El llamado no es solo legal. Es un reclamo ético. Un Estado que no busca a sus desaparecidos niega la vida misma de sus ciudadanos.

A pesar de todo, ellas siguen. En cada paso que dan, en cada palada de tierra removida, desafían el mandato de silencio. Porque buscar no es solo un acto de amor o de dolor. Es también un acto de justicia.

Hoy México cuenta más de 110.000 personas desaparecidas. Cada número tiene un nombre, un rostro, una historia. Y detrás de cada historia, hay una madre que, sin descanso, no permite que el país olvide.

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