Desafíos para la izquierda en Colombia: construir partido o apostar a las “maquinarias”

06 octobre 2025 - 19:38

La coyuntura política colombiana refleja una crisis profunda en términos de representación y de construcción colectiva. La proliferación de candidatos y la puesta en escena de varios liderazgos de tipo personalista, con evidentes rasgos populistas, generan inquietud en la que fue durante décadas una de las democracias más sólidas y estables de América Latina.

El investigador Juan Duque, del Departamento de Investigaciones de Conflicto y Paz en la Universidad de Uppsala (Suecia), analiza si el movimiento liderado por el presidente Gustavo Petro en Colombia, denominado Pacto Histórico, será capaz de construir y consolidar un auténtico partido político o dependerá de las denominadas “maquinarias” y redes clientelares. Esta disyuntiva no es un tema menor. La vía que elija la izquierda permitirá establecer si el Pacto Histórico deviene en un partido político de largo aliento o si queda preso del cortoplacismo. Todo ello cuando el sistema político colombiano exhibe su enorme fragmentación y la consecuente proliferación de liderazgos personalistas. De ahí que no solo esté en juego el futuro del Pacto Histórico.

Colombia tendrá elecciones generales en 2026 y los partidos y colectividades se disponen a elegir a sus candidatos y representantes en los próximos meses. En ese sentido, sostiene Juan Duque, en un análisis del think tank Razón Pública, que la consulta presidencial del Pacto Histórico, el movimiento del presidente Gustavo Petro, será mucho más que un trámite electoral. Es decir, el movimiento está por demostrar si va en camino de consolidarse como un partido político “cohesionado y programático” o si, por el contrario, “terminará atrapado en las viejas maquinarias que alguna vez prometió superar”.

Todo ello ocurre en un contexto preelectoral que evidencia una fragmentación política sin precedentes en la historia política del país. A la fecha hay al menos 100 aspirantes a la presidencia y la mayoría dice ser independiente, aunque tienen pasado y pertenencia partidista, ahora buscan llegar a la presidencia de la república con nuevo rótulo.

Duque pone el acento en una cuestión clave, más allá de que el exceso de candidaturas pudiera parecer un simple acto de participación política y libertad democrática, el hecho da cuenta de la crisis de representación de los partidos, así como de su incapacidad para articular proyectos colectivos y, por otra parte, acusa la primacía de los personalismos en desmedro de la disciplina y la cohesión al interior de los partidos políticos.

El panorama es realmente preocupante a derecha, centro e izquierda del espectro político: sin partidos políticos no hay democracia que funcione.

La derecha tiene múltiples precandidatos, el centro continúa sin articularse y la izquierda “enfrenta su propio laberinto interno”. Como explica el experto, la competencia entre partidos políticos como colectivos organizados en torno a ideas, principios y visiones de país, ha sido desplazada por un mercado de opciones individuales. Las motivaciones de los aspirantes, entre otras cosas, no son ganar la elección sino medir fuerzas, capacidad de convocatoria y movilización para, posteriormente, instrumentalizar ese apoyo como “moneda de cambio” en futuras e inevitables negociaciones con quienes sean candidatos definitivos.

Una palabra a la que los políticos colombianos han acostumbrado a la ciudadanía en las décadas recientes es el “transfuguismo”. Este término refiere o explica cómo los políticos cambian de colectividad con enorme facilidad y poco pudor, de modo que los partidos han ido vaciándose de sentido o, como precisa Duque, se “convierten en cascarones vacíos y las decisiones colectivas ceden ante los cálculos personales”. El trabajo previo del investigador lo confirma: “En una encuesta que realicé junto con la Misión de Observación Electoral (MOE) y la Universidad de los Andes sobre más de 10.000 candidatos locales, encontramos que el 65% de quienes tenían experiencia previa habían cambiado de partido”.

En lo que respecta a la actual coyuntura, Duque revisa el caso de la izquierda representada en el Pacto Histórico. Ese movimiento llegó al poder con la promesa de transformar la política colombiana. No obstante, también acudió a las tradicionales maquinarias y clientelas como se ha conocido en estos años. Hoy el movimiento atraviesa “una montaña rusa en la preparación de su consulta presidencial”.

Inicialmente el Pacto Histórico tenía diez precandidatos, pero la lista se ha decantado y hoy quedan tres figuras muy diferentes entre sí: Iván Cepeda, Carolina Corcho y Daniel Quintero. Esta trinidad plantea un asunto muy desafiante para la izquierda: “¿apostar por la lealtad y la construcción de base, o por la maquinaria y el pragmatismo electoral?”, como bien plantea Duque.

Iván Cepeda representa la tradición militante de izquierda y la disciplina partidista, tiene además una dilatada trayectoria legislativa y es una figura respetada y reconocida tanto por las bases como por las élites.

Carolina Corcho, por su parte, se dio a conocer con el debate sobre la reforma de la salud. No tiene experiencia electoral previa y lleva más de un año recorriendo las bases del Pacto Histórico con la intención de emerger como como candidata alternativa frente a las élites de la izquierda.

Daniel Quintero es el candidato que genera más controversia. Ha sido liberal, conservador y de centro. Es decir, ha pasado por el Partido Liberal, por el Conservador y por la Alianza Verde. Ahora es independiente y ha ido acercándose a la izquierda con el respaldo directo del presidente Petro. “Su candidatura, avalada desde arriba, ha sido resistida por varios dirigentes del Pacto, que lo ven como representante de las viejas prácticas clientelares”, precisa el investigador.

Con este panorama y estos precandidatos el desafío de la izquierda reunida en el Pacto Histórico, desafío que no es nuevo, es apostar a consolidarse como un partido programático, con ideas, militancia, disciplina de partido y trabajo de base. O, de lo contrario, recurrir a la “maquinaria”, haciendo alianzas pragmáticas y afianzando redes clientelares que siguen siendo decisivas en Colombia para alcanzar el poder. No en vano, una de las sentencias más populares de los años recientes en Colombia es que nadie gana sin maquinaria. Pero, si la izquierda nuevamente se decanta por esa vía, la transformación de la política no será más que una ilusión y venta de humo. “La campaña de Gustavo Petro en 2022 lo demostró: la movilización ciudadana fue fundamental, pero también lo fueron las negociaciones de Roy Barreras y Armando Benedetti para asegurar apoyos regionales donde la izquierda tenía poca presencia. Hoy, con Daniel Quintero en el tablero, la historia se repite”, puntualiza el académico.

A lo anterior se suma el desgaste de ser el partido gobernante, la cuestión de la seguridad y los escándalos que han debilitado el relato de la izquierda. “La consulta presidencial definirá más que un candidato: será la prueba de fuego para saber si el Pacto Histórico logra consolidarse como fuerza transformadora o si terminará repitiendo las viejas prácticas que tanto criticó”. Queda poco tiempo para saberlo.

 

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