¿Colfuturo no recibirá más recursos del gobierno nacional porque la izquierda progresista y el gobierno del cambio no creen en la educación como mecanismo efectivo para la movilidad social ascendente, a diferencia de los gobiernos de derecha que han realizado aportes en estas décadas? ¿Constituye un exabrupto plantear esta inquietud?
La disminución del presupuesto para educación y especialmente para programas de postgrado y doctorado en instituciones reconocidas mundialmente, ¿guarda relación con el desprecio manifiesto del gobierno colombiano por la alta cualificación? El gobierno Petro le grita a los colombianos que para ser funcionario y diplomático en Colombia hoy, siguiendo las disposiciones y directivas presidenciales, es suficiente con estar vivo, respirar, ser (casi) un ignorante con probado nivel de servidumbre y obsecuencia y, en el mejor de los casos, haber comprado un título en alguna universidad de garaje.
“La obediencia no es suficiente. Si no sufre, ¿cómo puedes estar seguro de que la otra persona obedece a tu voluntad y no a la suya? El poder se basa en infligir dolor y humillación. El poder consiste en hacer pedazos el espíritu humano y darle la forma que elijamos. ¿Empiezas a ver ahora el mundo que estamos creando? Es justo lo contrario de las bobas utopías hedonistas que imaginaron los antiguos reformistas. Un mundo de miedo, traición y torturas, en el que pisoteas y te pisotean, y que se volverá más despiadado a medida que vaya refinándose. En nuestro mundo, el progreso será un progreso hacia el dolor”. Es un extracto del libro que tengo en mis manos esta mañana: 1984, de Geroge Orwell. Y es que bajo ciertos regímenes ese es el único progreso posible más allá de las acrobacias discursivas, la transformación del lenguaje, sus formas de comunicar y mentir.
Veo también esta mañana que Colfuturo dejará de recibir aportes del gobierno nacional. Colfuturo es una reconocida fundación que ha financiado los estudios de posgrado de miles de profesionales colombianos en las mejores universidades del mundo, gracias a los aportes de los sucesivos gobiernos, desde 1.991, y de algunas empresas del país, además del compromiso de cada beneficiario a través del pago de su crédito-beca y del aporte de su conocimiento y experiencia profesional contribuyendo al desarrollo del país.
En las últimas horas, Jerónimo Castro, director de Colfuturo, ha indicado a través de un comunicado que, durante dos décadas ininterrumpidas, el Programa Crédito Beca (PCB) de Colfuturo contó con recursos del gobierno nacional. Una cooperación esencial que permitió que unos 25.000 colombianos realizasen estudios de maestría y doctorado en las mejores universidades del mundo. Posteriormente, estos profesionales altamente cualificados han regresado a Colombia para contribuir a su desarrollo.
“De manera conjunta, el Estado y Colfuturo comprometimos USD 892 millones para este fin, consolidando el programa más grande en su tipo en América Latina y uno reconocido internacionalmente por el compromiso y la excelencia académica de las personas que ha apoyado. La promoción 2025 será la última que recibirá recursos del gobierno nacional”, afirma el director de la institución citada.
A partir del próximo año, Colfuturo deberá “operar en solitario”, ello implicará grandes desafíos, menos recursos, menos beneficiarios del programa y nuevas condiciones para los solicitantes. Sin embargo, su director reitera que siguen creyendo firmemente en “el poder transformador de la educación de alto nivel y en su capacidad para contribuir de manera decisiva al desarrollo del país”. Tal vez en esta sentencia radica la diferencia de fondo con el gobierno Petro. El presidente no cree en ello.
Desde hace meses se habla en la prensa colombiana de los sucesivos recortes para la financiación de estudios de postgrado, claves para estudiantes colombianos de maestrías y de doctorados. Este hecho ha merecido especial atención y ha desenmascarado las prioridades del gobierno progresista de Gustavo Petro.
Colfuturo ya tuvo que reducir este año el número de sus beneficiarios, de 2.028 en 2024 a 1.214 este año.
Entre tanto, el Instituto colombiano de Crédito Educativo y Estudios Técnicos en el Exterior (ICETEX) pasó de financiar 26.000 créditos educativos en 2024 a solo 10.000 este año. En relación con el (ICETEX), ha llamado la atención de los expertos la orientación que ha tomado esa institución, financiando estudios en universidades extranjeras de bajo nivel, desplazando y prescindiendo así de las instituciones y universidades de élite que ocupan posiciones destacadas en los rankings globales.
El presupuesto del Ministerio de Ciencias pasó de 582 mil millones de pesos en 2023 a 313 mil millones en 2025, y para 2026 se proyecta una caída superior al 50%. Lo anterior plantea un ajuste próximo al 78% que impactará las becas, las estancias postdoctorales y los proyectos estratégicos, según ha explicado en la prensa colombiana, meses atrás, la decana de la facultad de Ciencias Económicas y Administrativas de la Universidad Javeriana.
La situación es preocupante porque Colombia tiene una de las tasas más bajas en la región de graduación de personas con doctorado por cada millón de habitantes. Los recortes de financiación y de recursos para becas y créditos de posgrados demuestran que quienes hoy ejercen el poder en Colombia, contrario a su discurso, no tienen como prioridad la educación y la formación de profesionales altamente cualificados.
Un gobierno que venía a promover el cambio, la mejora de las condiciones de vida de la población y el acceso a iguales oportunidades desestima que la educación de alto nivel sea la vía y el mecanismo más razonable para posibilitar la movilidad social ascendente.
Algo que, de todas formas, no puede sorprender si se observan los nombramientos y las designaciones de altos funcionarios del gobierno: personas sin educación, sin formación o sin experiencia. Y, en el peor de los casos, con títulos académicos comprados en ‘universidades de garaje’, como se conoce en Colombia a instituciones educativas de dudosa calidad, a las cuales ni siquiera han asistido.
Al presidente actual le faltó humildad y escuela, tomar ejemplo de las actuaciones exitosas de sus antecesores que apostaron a facilitar la movilidad social ascendente a partir de la educación competitiva y la formación de profesionales de alto nivel. Gustavo Petro no tuvo la racionalidad ni la moderación para entender que él no venía a inventar la rueda sino a mejorar lo existente. Los frutos de su megalomanía y los efectos de su tendencia a destruir para crear (cosas peores) se sentirán todavía más en los años venideros.