Miguel Díaz-Canel regresó de la XVII Cumbre de los BRICS con una agenda cargada de saludos, promesas y fotos diplomáticas. Saludó a Cyril Ramaphosa, conversó con Narendra Modi, dialogó con Dilma Rousseff y escuchó a Tedros Adhanom Ghebreyesus, director de la OMS. También compartió espacio con Luis Arce, de Bolivia, y con Juan Ramón de la Fuente, canciller mexicano. Un itinerario completo para reforzar la imagen internacional de Cuba en un momento en que su política exterior necesita oxígeno.
Cuba participó por primera vez como país socio en la cumbre, celebrada en Río de Janeiro. Díaz-Canel aprovechó para denunciar la falta de voluntad de algunos gobiernos ante la crisis ambiental y subrayó las desigualdades en el acceso global a la salud. Mencionó el impacto de las medidas coercitivas unilaterales, un reclamo reiterado ante foros donde su voz aún encuentra eco.
También se reunió con Dilma Rousseff, presidenta del Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS. Para La Habana, acceder a financiamiento o cooperación técnica del bloque sería un alivio ante la asfixia financiera y el bloqueo estadounidense. El problema es que el banco prioriza proyectos de infraestructura con retornos garantizados, algo difícil de ofrecer para una economía que sigue atrapada entre la burocracia, la escasez y un modelo productivo sin reformas profundas.
El encuentro con Lula da Silva cerró su gira. Brasil fue históricamente un socio clave para Cuba, desde los tiempos del Más Médicos hasta la importación de alimentos. Hoy, Lula mantiene un apoyo diplomático, pero sus prioridades internas y externas limitan una reactivación de la cooperación a gran escala.
Para La Habana, la cumbre fue una vitrina y un salvavidas político. Participar en los BRICS es mostrar que Cuba no está aislada y que, en un mundo que vira hacia la multipolaridad, el país busca espacios más allá de las sanciones y del Caribe. Sin embargo, queda la pregunta de siempre: ¿hasta qué punto la diplomacia puede sustituir a las reformas internas necesarias para reactivar su economía?
El viaje concluyó. Las fotos ya circulan en la prensa oficial. Ahora toca regresar a una isla donde la inflación, la migración masiva y el desabastecimiento siguen siendo la realidad cotidiana. Y donde la multipolaridad, por más grandilocuente que suene en los discursos, no llena estanterías ni rebaja precios en el mercado.