Hoy sábado 26 de julio, la Ciudad de México celebra los siete siglos de Tenochtitlan con un programa monumental de actos culturales. Desde videomappings y escenografías hasta óperas en náhuatl y monumentos simbólicos: un esfuerzo oficial por reconstruir el imaginario nacional.
A lo largo de julio, Ciudad de México se viste de historia. El gobierno federal y capitalino ha desplegado una ambiciosa agenda conmemorativa para celebrar los 700 años de la fundación de Tenochtitlan —fechada simbólicamente el 26 de julio de 1325— desde un enfoque que combina memoria, identidad y espectáculo.
El punto culminante será una representación escénica masiva en el Zócalo el mismo 26 de julio, titulada “México‑Tenochtitlan: Siete Siglos de Legado de Grandeza”, dividida en cuatro actos que van desde el mito fundacional hasta una reflexión sobre la participación femenina en el México contemporáneo. La puesta en escena contará con 838 actores, 3 500 danzantes y un despliegue coreográfico de gran escala.
Este evento será acompañado por “Memoria Luminosa”, un videomapping proyectado cada noche del 11 al 27 de julio sobre las fachadas del Palacio Nacional y la Catedral Metropolitana. La obra visual narra el trayecto migratorio de los mexicas desde Aztlán hasta la fundación de su gran ciudad.
También se develará el monumento conmemorativo Tlalmanalli, inspirado en el Teocalli de la Guerra Sagrada y el Códice Boturini, que rinde homenaje a figuras prehispánicas clave —incluidas cinco mujeres mexicas— y varios tlatoanis.
Sobre el Paseo de la Reforma se ha instalado la intervención artística “Nopalera en el corazón”, una exposición colectiva con esculturas intervenidas por artistas comunitarios, que se ampliará en 2026.
El programa incluye además la ópera fílmica “Cuauhtemoczin”, interpretada en náhuatl en el Palacio de Bellas Artes y el Zócalo, y la experiencia inmersiva “Códice Cósmico de México‑Tenochtitlan” en Iztapalapa. Por su parte, Correos de México ha emitido un timbre postal conmemorativo, de tiraje limitado, con el águila sobre el nopal como emblema central.
Esta conmemoración se inscribe en una política cultural que busca resignificar el pasado indígena como fundamento de la identidad nacional. El 2025 ha sido declarado año conmemorativo, y las actividades abarcan desde rituales simbólicos hasta exposiciones, encuentros académicos y manifestaciones artísticas.
No obstante, hay voces críticas que cuestionan la elección del 26 de julio como fecha fundacional, aludiendo a otras posibles cronologías entre 1324 y 1328. Más allá del debate historiográfico, lo cierto es que el relato mexica ha sido consolidado políticamente como origen común y como matriz de un nacionalismo renovado.
La conmemoración de Tenochtitlan representa, así, una oportunidad para repensar el país desde sus raíces prehispánicas. Entre luces, monumentos y coreografías, la capital mexicana vuelve a escuchar el eco de los lagos que la fundaron. No como nostalgia, sino como interrogación: ¿de qué está hecha hoy nuestra memoria colectiva?