Costa Rica fue, por una larga temporada de su historia política, un oasis en medio del desierto populista latinoamericano.
Durante mucho tiempo, décadas incluso, el país centroamericano fue ese país ejemplar, digno de mostrar y de admirar en su región e incluso en el mundo. Un motivo de orgullo para los ticos (como se conoce coloquialmente a los costarricenses) y, en sentido extenso, un país que despertaba el asombro de muchos latinoamericanos, todo ello por cuenta de su estabilidad política, económica e institucional y, desde luego, por su sólida democracia.
Costa Rica solía ser ese pequeño gran país inmerso en una América Latina caótica y convulsa, abocada a los maximalismos políticos y a los presidentes populistas. Sin embargo, en abril de 2022, los costarricenses eligieron presidente en unas elecciones que mostraron el agotamiento del sistema político.
La segunda vuelta presidencial, de hecho, mostró un elevado índice de abstención que llegó a 43,23 %. En la primera vuelta, acaecida en febrero, podría decirse, fue la abstención la que se impuso con 40,29 %. Destacó la elevada fragmentación con 25 aspirantes a la presidencia y los expertos dijeron en su día que los ciudadanos seguían creyendo en el sistema democrático pero que habían perdido la confianza en los partidos.
Finalmente, Rodrigo Chaves, del partido Progreso Social Democrático, quien había sido ministro de Hacienda, venció en la contienda electoral con un 52,85 % de los votos al candidato y expresidente José María Figueres, del partido Liberación Nacional, quien obtuvo 47,15 % de los sufragios. No sucedió así en la primera vuelta, donde Figueres obtuvo 27,26 %, el primer lugar, con una ventaja superior a 10 puntos frente al 16,70 % de Chaves.
Con estos resultados, Chaves sucedió al entonces presidente Carlos Alvarado Quesada, del Partido Acción Ciudadana (PAC), quien no podía presentarse a la reelección inmediata porque la Constitución lo prohíbe. De hecho, si Chaves desea reelegirse deberá esperar al menos dos periodos, ocho años, para presentarse nuevamente a una elección presidencial.
En estos años, la realidad política del país se ha transformado y el estilo presidencial se asemeja al de los presidentes populistas de la región. Costa Rica también tiene hoy un presidente populista. En Hoy24 hemos querido indagar con el historiador e investigador principal para América Latina del Real Instituto Elcano, Carlos Malamud, cómo se llegó a este punto y cuáles son las perspectivas para ese país que celebrará comicios dentro de seis meses.
Clara Riveros: ¿Qué es lo que ha pasado en Costa Rica y con Costa Rica, un país tan estable y ejemplar en términos políticos e institucionales?
Carlos Malamud: Al principio de esta entrevista le decía que había un tema que se repetía en América Latina y era la presencia de presidentes populistas. Y, en el caso de Costa Rica, esta es una cuestión central —que es la que ha cambiado y que ha permitido cambiar el contexto general—.
La elección de Chaves es producto, por un lado, del deterioro del sistema político tradicional, de los partidos políticos tradicionales. Costa Rica tenía un sistema básicamente bipartidario asentado en un partido de orientación socialdemócrata y otro partido de orientación más socialcristiana.
Pero el desplome de esos dos partidos ha permitido que en los últimos diez a quince años emergieran nuevas opciones, se fragmentara el sistema político y todo esto cuajó en la última elección en la emergencia de un presidente claramente populista: un presidente que reniega de las instituciones, que reniega del Parlamento y que hace de su relación directa con el pueblo uno de los principales ejes de su presencia política.
A partir de aquí, lo interesante es que, por un lado, Chaves mantiene grandes índices de aceptación, como ocurre con buena parte de los políticos populistas hasta que se demuestra que “el rey está desnudo”, como decía el cuento infantil tradicional. Pero, de momento y sobre todo, apoyándose en una política claramente antimigratoria y xenófoba, está manteniendo parte de ese respaldo popular. Una política antimigratoria que se sostiene sobre la presencia importante de inmigrantes y refugiados nicaragüenses que han abandonado su país a consecuencia de la dura represión del régimen Ortega-Murillo. Esta cuestión ha permitido que mantenga su popularidad.
Ahora, en breve, tendremos elecciones en Costa Rica. Veremos cómo se decanta la situación. No es posible la reelección consecutiva, por lo tanto, Chaves no podrá presentarse y, a partir de aquí, será interesante ver qué opciones o qué protagonismo recuperan los partidos tradicionales, si hay alguno con liderazgo que emerja con alguna posibilidad de éxito y también ver en qué medida el oficialismo se presenta con una carta de continuidad importante.