El senador, que con la victoria se perfila como abanderado del petrismo en 2026, obtuvo más de 1,1 millones de votos, superando en 34 puntos a Carolina Corcho. Hijo de un líder comunista asesinado y reconocido defensor de derechos humanos, Cepeda enfrentará en marzo de 2026 a otros precandidatos del Frente Amplio en busca de una candidatura única de izquierda.
El senador Iván Cepeda Castro se consolidó este domingo 26 de octubre como el candidato presidencial del Pacto Histórico para las elecciones de 2026, tras imponerse de manera contundente en la consulta interna de la coalición de izquierda. Con el 64,71% de los votos válidos, equivalentes a 1.186.095 sufragios según el boletín 25 de la Registraduría Nacional, Cepeda superó ampliamente a la exministra de Salud Carolina Corcho, quien alcanzó el 29,25% con 536.286 votos. El exalcalde de Medellín Daniel Quintero quedó en tercer lugar con el 6,02%.
La jornada electoral se desarrolló entre las 8:00 de la mañana y las 4:00 de la tarde en más de 20.000 mesas habilitadas en todo el territorio nacional. Aunque cerca de 40 millones de colombianos estaban convocados a participar en esta consulta abierta, la participación total alcanzó los 2.103.268 votantes, una cifra que según analistas representa una caída significativa del apoyo a la izquierda si se compara con los 4,5 millones de votos que obtuvo Gustavo Petro en su victoria presidencial de 2022. El dato evidencia un debilitamiento del movimiento en apenas tres años.
El registrador nacional Hernán Penagos informó que a las 2:00 de la tarde ya habían votado 1.250.000 personas, mostrando un interés significativo en las primeras horas de la jornada. Sin embargo, el proceso estuvo marcado por denuncias de irregularidades y limitaciones logísticas. El propio Cepeda, tras ejercer su derecho al voto en el Colegio Luterano San Lucas de Bogotá hacia las 11:20 de la mañana, expresó preocupación por las «inconsistencias, irregularidades y limitaciones» impuestas sobre la organización electoral. El senador denunció además que 4.000 puestos de votación fueron trasladados a zonas municipales en áreas rurales del país.
Una jornada electoral marcada por la polémica
La consulta reflejó un panorama desigual en las distintas regiones de Colombia. Mientras en algunas ciudades como Bucaramanga los votantes enfrentaron filas interminables y desorganización, en otros municipios los puestos de votación permanecieron prácticamente vacíos. En la capital de Santander, específicamente en la Escuela Normal Superior donde se habilitaron cinco mesas, fueron contados los ciudadanos que acudieron desde temprano. La mayoría eran adultos mayores y personas de mediana edad, con escasa presencia juvenil.
En Sahagún, Córdoba, considerado un termómetro político del Caribe colombiano, líderes locales denunciaron que en colegios donde habitualmente se instalan entre 27 y 30 mesas, solo se abrieron una o dos, lo que fue interpretado como una limitación deliberada a la participación. El ministro del Interior, Armando Benedetti, respaldó estas denuncias al reportar varias irregularidades durante el desarrollo de la jornada. Los departamentos de Santander, Antioquia y Córdoba concentraron el mayor número de quejas.
El registrador Penagos, no obstante, desestimó las acusaciones de saboteo y aseguró que todos los incidentes fueron solucionados oportunamente. Reconoció alteraciones del orden público en Tumaco, Nariño, donde comunidades indígenas protestaron frente a la sede de la Registraduría, aunque la situación se controló horas después. En Arjona, Bolívar, específicamente en el corregimiento de Rocha, una turba incendió material electoral impidiendo la instalación de una mesa. Las autoridades atribuyeron el hecho a reclamos comunitarios por el mal estado de vías rurales, descartando motivaciones políticas.
A pesar de las irregularidades reportadas, el presidente Gustavo Petro celebró en redes sociales el desarrollo de la jornada. «Se impone la democracia y hay que obedecerla. El pueblo ha elegido libre. Y ahora es lo que la sociedad colombiana quiera, si para atrás o para adelante», escribió en X tras conocerse los resultados definitivos. Petro había sido el principal promotor de la candidatura de Cepeda, según confirmaron fuentes de la Casa de Nariño, viendo en el congresista a una figura capaz de aglutinar las múltiples vertientes de izquierda.
La sombra del genocidio que forjó al candidato
Iván Cepeda Castro, de 63 años, nació en Bogotá el 24 de octubre de 1962. Filósofo de formación, estudió en el Colegio Camilo Torres y desde temprana edad se vinculó a la Juventud Comunista. Su biografía está marcada por la tragedia y la lucha por los derechos humanos. El 9 de agosto de 1994, cuando Cepeda tenía 32 años, su padre Manuel Cepeda Vargas, senador, presidente y secretario general del Partido Comunista Colombiano, fue asesinado por una organización criminal de extrema derecha integrada por militares y paramilitares.
El asesinato de Manuel Cepeda Vargas fue parte de un operación de eliminación más amplio que dejó miles de víctimas. La Unión Patriótica, partido al que pertenecía, había surgido en 1985 como fruto de los acuerdos de paz entre el gobierno de Belisario Betancur y las FARC-EP, ofreciendo una vía legal para la participación política de la izquierda. Sin embargo, entre 1985 y mediados de los años noventa, más de 3.000 militantes, dirigentes, alcaldes, concejales y candidatos del partido fueron asesinados por grupos paramilitares con la complicidad de sectores del Estado. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos calificó estos crímenes como “genocidio político” y trucó la posibilidad de construir una izquierda democrática en Colombia.
Esta experiencia personal determinó el rumbo de la vida de Iván Cepeda, quien tomó una decisión que él mismo ha calificado como una de las más importantes: no tener hijos. Estaba convencido de que en un país como Colombia, los violentos no vacilan en atentar contra los familiares de quienes consideran sus enemigos. A pesar de las amenazas constantes, Cepeda nunca cedió ante el miedo. En julio de 2004 protagonizó uno de los gestos más recordados de su carrera cuando acudió al Congreso y levantó una fotografía de su padre asesinado mientras unos 60 parlamentarios aplaudían la visita de Salvatore Mancuso, Ramón Isaza y Ernesto Báez, líderes de las Autodefensas Unidas de Colombia. El gesto no pasó inadvertido, aunque Cepeda y su acompañante fueron desalojados por la Policía.
Su trabajo en defensa de los derechos humanos le ha valido reconocimiento nacional e internacional. En 2010 realizó su primer debate de control político sobre la existencia de una fosa común con 449 cuerpos no identificados en terrenos cercanos a la base militar en La Macarena, Meta. Ha sido facilitador del proceso de paz entre el Gobierno y las FARC-EP, participante en los diálogos con el ELN y mediador en el proceso de sometimiento a la justicia del Clan del Golfo. Su papel ha sido especialmente relevante en el impulso de la justicia transicional, proponiendo reformas para fortalecer la Jurisdicción Especial para la Paz y consolidar el Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición.
El dilema jurídico que amenaza la candidatura única
La victoria de Cepeda abre un nuevo capítulo en la historia del Pacto Histórico, pero también plantea interrogantes sobre la viabilidad de su candidatura. El principal asunto de debate está ligado a que el Pacto Histórico no contaba con personería jurídica vigente para llevar a cabo esta consulta, por lo que los participantes tuvieron que ser inscritos por los partidos que integran la coalición: Unión Patriótica, Partido Comunista y Polo Democrático. Esta situación ha generado opiniones contradictorias sobre si el vencedor podrá o no participar en la consulta del Frente Amplio, prevista para el 8 de marzo de 2026.
Algunos juristas consideran que al tratarse de una consulta de varios partidos y no una interna, Cepeda quedaría inhabilitado para competir en la consulta interpartidista del Frente Amplio, donde se enfrentaría a otros precandidatos de centro-izquierda como Roy Barreras, Camilo Romero y Clara López. Otros expertos sostienen la interpretación contraria, argumentando que la naturaleza abierta de la consulta no configura una inhabilidad. Este diferendo jurídico podría determinar el futuro inmediato de la candidatura y obligar a la izquierda a resolver un dilema que amenaza con fragmentar aún más su apoyo electoral.
En su discurso de victoria, Cepeda señaló que «es el primer acto democrático auténtico en el que una fuerza política elige de manera directa a sus candidatas y candidatos al Congreso de la República y a la Presidencia». El senador aseguró además que, de llegar a la presidencia, abrirá espacios de diálogo con todos los sectores políticos, incluso con el uribismo. Con este resultado, Cepeda dispondrá al menos de cinco meses de campaña hasta la consulta de marzo, momento en que deberá demostrar su capacidad para unificar a una izquierda que muestra signos evidentes de desgaste electoral.