Colombia incautó su primer narcosubmarino no tripulado en el mar Caribe, cerca de Santa Marta. La nave, equipada con una antena satelital Starlink, tenía capacidad para transportar 1,5 toneladas de cocaína y pertenecía al Clan del Golfo, el mayor grupo narcoparamilitar del país. Según la Armada, el semisumergible no llevaba droga a bordo al momento de la incautación, lo que indica que se encontraba en fase de prueba antes de ser utilizada en operaciones reales.
El uso de semisumergibles por parte de carteles colombianos no es nuevo. Desde hace al menos dos décadas, estas naves artesanales han sido utilizadas para el transporte de droga hacia Estados Unidos y Europa. Sin embargo, la incorporación de sistemas no tripulados representa un salto tecnológico en la estructura del narcotráfico colombiano. Imágenes difundidas por la Armada muestran la proa gris de la nave con la antena Starlink visible, un detalle que confirma el empleo de tecnología avanzada para asegurar comunicación satelital durante su desplazamiento.
El almirante Juan Ricardo Rozo, comandante de la Armada, explicó que este hallazgo refleja la migración de las organizaciones criminales hacia sistemas autónomos o parcialmente autónomos con el objetivo de evitar detecciones por radar y reducir riesgos humanos. Fabricadas en Colombia, estas embarcaciones ligeras y de bajo perfil en la superficie son difíciles de rastrear. Recientemente, los carteles mexicanos, como Sinaloa y Jalisco Nueva Generación, han financiado ingenieros para el desarrollo de submarinos no tripulados que faciliten rutas seguras de transporte en el Pacífico colombiano.
En 2018, se incautaron 38 narcosubmarinos en la región, según Insight Crime, mientras que en noviembre de 2024 un semisumergible con cinco toneladas de cocaína rumbo a Australia fue detenido por autoridades colombianas. La diferencia con este nuevo hallazgo es la ausencia de tripulación y el control remoto, que implica una reducción de costos operativos y la eliminación del riesgo de detención de personas durante los trayectos, un cambio que preocupa a las autoridades de seguridad marítima y antidrogas.
La legislación colombiana sanciona con hasta 14 años de prisión la construcción, transporte o comercialización de semisumergibles, pero el nuevo panorama plantea retos mayores. La investigadora Juana Cabezas, del Indepaz, advirtió que el uso de estos dispositivos evidencia una globalización del conflicto armado colombiano, con grupos que recurren al reclutamiento de ingenieros y técnicos bajo coacción para garantizar la construcción y el manejo de estos sistemas. Según Cabezas, estas tecnologías permiten a las organizaciones criminales evadir controles y sostener su modelo de financiamiento armado.
En los últimos años, las disidencias de las FARC han incrementado ataques con drones explosivos y campañas digitales de reclutamiento de menores. Con el hallazgo del primer narcosubmarino no tripulado, Colombia confirma que el narcotráfico no solo innova en rutas y alianzas globales, sino también en ingeniería y tecnología, configurando un desafío sin precedentes para la seguridad en América Latina.