La tensión entre los gobiernos de Colombia y Estados Unidos escaló y terminó este jueves en un llamado a consultas recíproco de embajadores. Este es un hecho sin antecedentes en más de 200 años de relación bilateral.
El Departamento de Estado citó a John MacNamara (quien funge como encargado de negocios) y el presidente Petro llamó a su embajador Daniel García-Peña (Colombia).
Marco Rubio, secretario de Estado de Estados Unidos, expresó en un comunicado que Washington buscará “otras medidas para dejar en claro nuestra profunda preocupación con el estado actual de nuestra situación bilateral”.
Estados Unidos responde así en represalia por las que consideró “declaraciones infundadas y reprobables de los más altos niveles del Gobierno de Colombia”, sin mencionar puntualmente las palabras.
A esta nueva crisis bilateral le anteceden dos diferendos acaecidos este año. En enero, por la desavenencia en temas de deportaciones, Washington amenazó con imponer aranceles a los productos de Colombia. El gobierno Petro cedió y aceptó recibir los vuelos de deportados y se dio por superado el impasse.
A mediados de junio, el gobierno de Colombia rechazó y reclamó al secretario Rubio por sus declaraciones tras el atentado contra el senador y precandidato presidencial colombiano Miguel Uribe Turbay. Rubio dijo que ese hecho era “el resultado de la retórica violenta de izquierda proveniente de los niveles más altos del Gobierno colombiano”.
Esta nueva crisis con Washington tiene lugar justo después de la renuncia de la canciller colombiana, Laura Sarabia, quien había sido la funcionaria con más tiempo en el gobierno Petro. El presidente ha realizado 54 cambios ministeriales durante su gestión. De hecho, el Ministerio de Relaciones Exteriores ha tenido tres cancilleres en menos de tres años.
La excanciller ha insistido este viernes en mantener una relación cercana, respetuosa y basada en el diálogo entre Colombia y Estados Unidos. El gobierno de Estados Unidos ha indicado que pese a las diferencias con el gobierno del presidente Gustavo Petro, Colombia sigue siendo un “socio estratégico esencial”. Ambos países han mantenido estrecha cooperación durante décadas.
Informaciones sugieren que a altos funcionarios colombianos les habrían retirado su visa americana, en particular, a quienes en el pasado pertenecieron a agrupaciones subversivas como el M-19. Esta versión no ha sido confirmada de modo oficial por ninguno de los gobiernos, pero en Colombia no descartan que una medida de estas características pueda darse próximamente.
Este, sin embargo, no ha sido el único altercado internacional del gobierno colombiano esta semana.
El pasado 30 de junio durante la Cuarta Conferencia Internacional sobre la Financiación para el Desarrollo —llevada a cabo en Sevilla, España—, Gustavo Petro exhibió, una vez más, una retórica desfasada: “Hay un electorado mayoritariamente ario en estos países, que son del G20 y emiten mucho CO2, que permiten a ciertas corrientes políticas negar la crisis climática”.
La intervención altisonante de Petro no pasó desapercibida por Emmanuel Macron, quien respondió con firmeza y exigió respeto al mandatario colombiano: “Gustavo, yo sé el paradigma clave de su política, que conozco, pero nunca le doy lecciones a alguien del sur y es un poco extraño recibir lecciones de alguien del sur, porque simplemente viene del sur y yo exijo el mismo tipo de respeto”, demandó el presidente francés.
Macron le dijo a Petro que hay políticos en Europa que no están obsesionados con la migración y que luchan contra la extrema derecha. Instó al colombiano a no simplificar la realidad política, le recordó que nadie había hablado de migración en ese escenario, salvo Petro, y lo exhortó a superar el enfoque poscolonial por resultar limitado para interpretar y responder los desafíos actuales, además de abogar por la colaboración basada en “los hechos, los datos y la ciencia”, superando los discursos confrontativos.