En Montevideo se acaba de abrir un espacio que condensa tensiones y posibilidades que atraviesan a toda Iberoamérica. El XV Congreso de Ciencia, Tecnología y Género, organizado por FLACSO Uruguay, reúne a investigadoras, académicos, activistas y gestores culturales en un mismo escenario, con la intención de pensar cómo se articulan tres dimensiones que suelen caminar por separado: producción científica, innovación tecnológica e igualdad de género. Que Uruguay acoja por primera vez esta cita no es un detalle menor: el país se ofrece como plataforma de debates donde la tradición progresista se combina con la urgencia de responder a transformaciones aceleradas en el mundo del conocimiento y la cultura digital.
Ciencia sin neutralidad
Lo que se juega en Montevideo no se limita a la presentación de investigaciones o al intercambio académico. Es, más bien, la posibilidad de redefinir un campo donde la tecnología se ha convertido en mediadora de las relaciones sociales y la ciencia ya no se percibe como un espacio neutro, sino como terreno de disputas simbólicas y materiales. La inclusión de la perspectiva de género obliga a revisar cómo se producen los saberes, quién accede a ellos y qué consecuencias tienen en sociedades marcadas por profundas desigualdades.
Laboratorio cultural
El congreso se convierte así en un laboratorio cultural. Allí convergen ponencias sobre inteligencia artificial y sesgos algorítmicos, estudios sobre representación femenina en carreras STEM, debates sobre innovación sustentable con enfoque feminista, y reflexiones sobre cómo la comunicación de la ciencia puede reproducir estereotipos o abrir nuevos imaginarios. La amplitud temática revela una convicción compartida: el género atraviesa la forma en que concebimos la tecnología y la investigación, incluso cuando se pretende ignorarlo.
Brechas y genealogías iberoamericanas
En Iberoamérica, la cuestión adquiere un matiz particular. Los países de la región comparten brechas persistentes: menor acceso de las mujeres a carreras científicas, desigualdades salariales en el sector tecnológico, escasa presencia en cargos de decisión en universidades y centros de innovación. Sin embargo, también hay una tradición de pensamiento crítico que, desde los años ochenta, ha vinculado estudios de género con políticas públicas, generando aportes originales que hoy encuentran en Montevideo un nuevo punto de encuentro. La celebración del congreso en la capital uruguaya reactualiza esa genealogía y la proyecta hacia el futuro.
El relato del progreso
Hablar de género en ciencia y tecnología implica revisar los lenguajes, los símbolos y las imágenes que circulan en torno al progreso. En América Latina, donde el imaginario de la modernidad siempre estuvo atravesado por la promesa incumplida del desarrollo, la discusión sobre quién define las prioridades tecnológicas y quién se beneficia de ellas cobra un valor político y cultural incuestionable. La tecnología deja de ser un mero conjunto de dispositivos para convertirse en relato social: el de la inclusión o el de la exclusión, el de la igualdad o el de la perpetuación de jerarquías.
La dimensión digital
La inteligencia artificial, la biotecnología aplicada a la salud o la gestión de datos masivos son campos donde la ausencia de perspectiva de género puede reforzar discriminaciones estructurales. Pero también son espacios donde se puede ensayar un cambio de paradigma: desde el diseño inclusivo de algoritmos hasta la visibilización de investigadoras olvidadas en la historia científica. La cultura digital y tecnológica, mirada desde Montevideo, se presenta como un terreno en disputa donde la igualdad de género ya no es un apéndice, sino un requisito.
Un tejido compartido
La columna vertebral del encuentro reside en su capacidad para tender puentes. Ciencia, tecnología y género no son compartimentos estancos, sino hilos que, entrelazados, configuran un tejido social. Ese tejido necesita cuidados, narrativas y políticas que lo sostengan. En Montevideo, las discusiones apuntan a construir un vocabulario común que permita superar la fragmentación y situar a la región en la conversación global sobre innovación responsable.
Conclusión
Montevideo, en septiembre de 2025, nos recuerda que el futuro de la ciencia y la tecnología no se definirá solo en laboratorios ni en consejos de innovación, sino también en congresos donde se reconocen las dimensiones culturales y de género de cada avance. Allí se abre la posibilidad de imaginar un horizonte en el que la innovación no sea privilegio de unos pocos, sino construcción compartida de sociedades más justas y diversas.